La zozobra de las madres e hijos de los capturados arbitrariamente en el régimen

Foto/Karla Rodas

Por Karla Rodas

Por Karla Rodas

El régimen de excepción no solo afecta a las más de 4,000 personas inocentes que han sido capturadas arbitrariamente por los cuerpos de seguridad, según datos de Cristosal. Cada una de esas personas tiene algún familiar —como madre, padre, esposa, hijos, hermanas— que también son afectadas indirectamente por el régimen. Algunos defensores de derechos humanos y especialistas en salud mental advierten que la incertidumbre por la falta de información que enfrentan los familiares es una forma de tortura, además del golpe en la economía familiar que significa la detención de algún miembro que aportaba para los alimentos y los gastos del hogar.

Margot, Iris e Irma son parte de esas madres que viven en constante preocupación por no saber nada de sus hijos capturados arbitrariamente y que guardan prisión junto a las más de 60,000 personas que han sido capturadas desde que el régimen fue aprobado por la Asamblea Legislativa el 27 de marzo de 2022 y prorrogado, hasta la fecha, por ocho veces a petición del Gobierno de Nayib Bukele.

Mi hijo es inocente. Margot Pérez, de 60 años de edad, es madre de Óscar Enrique Monge Pérez de 29 años, quien se dedicaba a la panadería en el municipio de San Pedro Perulapán en el departamento de Cuscatlán. Monge fue capturado el 13 de junio, en horas de la mañana, por cuatro agentes de la Policía nacional Civil (PNC) mientras recogía una herramienta (pala) para sacar el pan del horno. Hasta la fecha, Margot vive con la preocupación de no saber el estado actual de su hijo. La única información con la que cuenta es que Monge está en el Penal de Izalco. Margot asegura que su hijo dedicó su adolescencia a estudiar y nunca estuvo involucrado con pandillas. Muestra de eso es que tiene su título de bachillerato. Foto/Karla Rodas

Antes de ser capturado, sin justificación, su madre asegura que Monge se dedicaba a su trabajo como panedero por la tardes y en la madrugada, un oficio que no deja mucho tiempo para realizar otras actividades. Monge también era el sostén de su familia, asumiendo todos los gastos de su hogar. Ahora que se encuentra detenido, su compañera de vida, Carmen Hernández, ha tenido que asumir toda la responsabilidad económica del hogar y al mismo tiempo las tareas del cuidado. En su celular, Margot tiene fotografías del pan que Monge hacía para vender y sostener la familia. Foto/Karla Rodas

Complicaciones emocionales y físicas. En sus tiempos libres, que son pocos, Monge también jugaba al fútbol. Para recordarlo, Margot atesora los premios que ganó en torneos y el uniforme que ocupaba. Su ausencia ha provocado una carga emocional tan grande en Margot que ha sido necesario buscar ayuda psicológica en el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU). Desde que fue capturado Monge, según Margot, sus dolencias preexistentes se le han complicado. Ahora son mucho más frecuentes los mareos que le provocan una lesión en el pulmón derecho. Foto/Karla Rodas

Traumas. Gaby, la nieta de 5 años de Margot, pregunta recurrentemente por su padre y está en la espera de que en algún momento regrese. La psicóloga Ingrid Merino explicó a GatoEncerrado que los niños y niñas viven un proceso de duelo tras la separación de sus padres por las capturas y, dependiendo de cómo sea el acompañamiento familiar, pueden desarrollar trastornos depresivos, ansiosos, estrés postraumático o trastorno de estrés agudo. Gaby, en medio de todo lo que siente, ayuda a su abuela Margot y su madre a vender pan para recoger entre $40 y $50 al mes para armar el paquete que llevan al Penal de Izalco. Foto/Karla Rodas

Mis hijas no son delincuentes. Iris Monterrosa, de 47 años de edad, es una de las madres de familia que han sido golpeadas por le régimen de excepción. Sus hijas Kimberly, de 23 años, y Hazel, de 29 años, fueron capturadas el 27 de junio por policías y soldados en el municipio de Ciudad Delgado, en San Salvador, mientras estaban descansando en sus habitaciones, cada una en su casa, en horas de la madrugada. Hasta la fecha, no sabe cuál es la justificación para capturarlas y asegura que nunca han estado involucradas con pandillas. Foto/Karla Rodas

Golpe a la economía de las mujeres. Tras la captura de sus hijas, Monterrosa ahora asume el cuidado de sus cuatro nietos, incluidos una niña de 2 meses y un niño con síndrome de Down. Con el apoyo de su madre, Monterrosa cubre los gastos de alimentación, salud, educación, vestuario de los hijos de Kimberly y Hazel, gastos del hogar, y a la vez los gastos de los paquetes para sus dos hijas que rondan los $100 para cada una. Estos paquetes, sin embargo, era algo que tenía que llevar hasta noviembre, ya que desde diciembre tendrá que pagar en las tiendas institucionales de Centros Penales una cuota fija de $170 por cada una de sus hijas para que reciban alimentación y un paquete básico de aseo personal. Kimberly es madre soltera y antes de ser capturada se había capacitado en acrilismo para emprender un negocio. Foto/Karla Rodas

Jóvenes emprendedoras. Con su hija Kimberly había montado un negocio de pupusas, mientras que su hija Heizel estaba realizando estudios en el Insaforp y trabajaba para Hacienda Los Miranda. Tras las capturas, Monterrosa solo pide que las autoridades pertinentes hagan una investigación para comprobar que sus hijas son inocentes. La única información con la que cuenta es que sus hijas se mantienen en el Centro Penal Apanteos, en el departamento de Santa Ana. Foto/karla Rodas

Delitos. Semanas después de la captura de Kimberly, su casa fue saqueada por delincuentes desconocidos. Luego de ese robo, Monterrosa señala que en muchos casos el régimen de excepción no se ha llevado a quienes de verdad comenten delitos, sino a personas trabajadores e inocentes como sus hijas. Foto/Karla Rodas

Seis meses. Irma García, de 45 años de edad, es madre de Enmanuel Galicia de 19 años, quien fue detenido arbitrariamente el 7 de junio, en su casa ubicada en la colonia San Ramón del municipio de Mejicanos, San Salvador. García relató a GatoEncerrado que se enteró de la captura mientras se encontraba trabajando en una venta de licuados. Cuando preguntó la razón de por qué fue detenido, las autoridades no le respondieron. El 7 de diciembre, su hijo cumplió seis meses detenido sin ninguna justificación.  Foto/Karla Rodas

“Me lo sacaron de la casa como si fuera un delincuente”. Galicia fue capturado por 10 agentes de la Policía en su casa, donde vivía con su madre y sus dos hermanos. En el momento de la captura, Galicia se había quedado sin empleo y estaba en la búsqueda de otro “trabajo digno”, según contó su madre. Tras la captura, García ha percibido discriminación de sus vecinos, ya que piensan que la Policía lo capturó por andar con pandilleros o por cometer algún delito. La única información que tiene de su paradero es que se encuentra en el Penal de Izalco.

Sistema negligente. Con el salario mínimo que gana García tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes. La carga es más pesada porque del dinero que recibe en su trabajo, debe apartar $85 al mes para llevar alimentos, vestuario y medicina a su hijo, así como los gastos de viajar al Penal de Izalco. También asegura que la atención legal que ha recibido por parte de los abogados públicos ha sido deficiente y hasta la fecha vive con l incertidumbre de qué pasará con el caso de su hijo en 2023. Foto/Karla Rodas

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