¿Existen riesgos al intentar revertir el calentamiento rápidamente? ¿Se puede hacer de una manera justa, es decir, de una manera equitativa?
Las políticas que pretenden lograrlo y no se aplican adecuadamente conllevan claramente riesgos importantes por sí mismas. El uso de la tierra para lograr la eliminación de dióxido de carbono, por ejemplo, mediante la plantación de árboles, podría competir con la tierra destinada a la producción de alimentos. Podría desplazar a personas cuyo sustento depende de la tierra. Y podría suponer graves amenazas para los ecosistemas.
Creo que, en teoría, sabemos cómo gestionar estos riesgos. La pregunta es: ¿se aplicarán esas políticas en el mundo real a la luz de esas pruebas, o se pasarán por alto las peticiones de una transición justa? Ahí es donde reside la preocupación.
Usted ha trabajado mucho en los informes del IPCC. Esa organización, que sintetiza la ciencia climática actual para los responsables políticos, ¿sigue siendo relevante?
El IPCC sigue siendo un punto de referencia vital para lo que realmente sabemos. Lo que es relevante del IPCC está cambiando: hace diez años, la pregunta seguía siendo: “¿Es cierto que estamos cambiando el clima?”. El IPCC descubrió que todo el cambio en la temperatura media global que hemos observado en los últimos 150 años fue causado por los seres humanos. Las personas no contribuyeron a ello. Lo causaron.
Ahora el interés se está desplazando cada vez más hacia el ámbito de las soluciones. El IPCC sigue siendo vital, pero está claro que no es el único actor en escena. Hay otros organismos, como la Agencia Internacional de la Energía o diversas ONG, que dicen: “Aquí hay todo un abanico de soluciones”. Pero el IPCC es importante porque es el único que carece de un motivo financiero inherente.
Hemos visto un rechazo cada vez mayor por parte de países que se muestran reacios a reconocer al IPCC como una base de pruebas autorizada. Y, por supuesto, el IPCC está dirigido por personas. No es infalible. Pero es, por mucho, lo mejor que tenemos.
¿Lo han animado o desanimado las reuniones de la COP de la CMNUCC?
Las reuniones de la COP son claramente procesos políticos: los resultados no vienen dictados por los hechos. Algunos países tienen preocupaciones profundas y no infundadas de que, para ellos, el remedio pueda ser peor que la enfermedad.
Ha sido llamativo cómo los países han acordado repetidamente en las reuniones de la COP, en las conclusiones de las mismas, querer mantener vivo el objetivo de 1.5 °C, no dejarlo escapar. Por eso el tema del sobrepaso es realmente importante. Si se quiere mantener vivo el objetivo de 1.5 °C, la única vía es ahora alcanzar un pico de calentamiento superior a 1.5 °C y volver a bajar.
No veo muchas posibilidades de que las reuniones de la COP acuerden realmente una eliminación total de los combustibles fósiles. Pero seamos claros: la necesidad inmediata es una rápida reducción gradual de los combustibles fósiles, y hasta eso ha sido un reto a la hora de conseguir compromisos.
¿Qué hay de la resistencia, especialmente por parte de Estados Unidos, a las políticas de energía verde y el apoyo continuado a los combustibles fósiles —incluidas las incursiones estadounidenses en países controladores del petróleo, como Venezuela e Irán—?
El impulso hacia las energías renovables es imparable porque redunda en el propio interés de los países. La guerra en Irán lo ha dejado claro. A través de una menor dependencia de los combustibles fósiles, de una menor volatilidad de los precios, de una mayor resiliencia en caso de escasez de suministro, de una reducción de los costos sanitarios derivados de la contaminación atmosférica. Todo eso suma. No hace falta tener un motivo altruista para querer abandonar los combustibles fósiles.
No se puede dirigir una superpotencia mundial con carbón. Estoy convencido de ello. Las acciones del actual presidente de EE.UU. no son una guía para el futuro a largo plazo.
La Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles se celebrará a finales de abril, coorganizada por Colombia y los Países Bajos. ¿Va a suponer esta reunión un gran cambio, o es en gran medida simbólica?
Puede ser un faro de luz, aunque solo sea simbólico. Se trata de una reunión de países muy diversos, entre los que se incluyen muchas naciones insulares del Pacífico, así como Camboya, Kenia, Chile, Australia, Dinamarca y otros. Disponer de un foro en el que debatir, con un grupo más amplio de países de los que normalmente se considerarían “afines”, es lo que necesitamos para garantizar que la transición energética sea una transición justa que proteja a los más vulnerables —hablar de ello en voz alta— es una iniciativa realmente importante, aunque no llegue a nada. Prepara el terreno. Esto es especialmente cierto en una época de creciente autoritarismo.
Pero creo que es realmente importante aferrarse a instituciones multilaterales como el Acuerdo de París y las reuniones de la COP, porque son las que dan voz y poder a los países pequeños. Sí, pueden ser ineficaces. Sí, pueden ser utilizadas y mal utilizadas mediante el veto y los fuertes intereses particulares. Pero, en mi opinión, sería problemático retirarse por completo del multilateralismo.
Sin duda, se puede complementar el proceso multilateral con iniciativas más específicas que intenten hacer avanzar las cosas. Eso puede ampliar el espacio en el que las actividades multilaterales puedan luego desarrollarse.
¿Tiene hijos? ¿Qué espera que suceda en su mundo?
Tenemos un hijo. Para mí, lo más sorprendente es que, con toda probabilidad, él podría estar vivo en el año 2100. A pesar de mi trabajo en el cambio climático y sus impactos, no puedo evitar admitir que el año 2100 y los impactos que el mundo podría sufrir para entonces son un concepto muy abstracto.
No puedo visualizarlo en profundidad ni sentirlo emocionalmente. Tener un hijo que podría vivir para ver ese mundo es un shock, porque lo hace mucho más real que cualquier modelo informático.
Mi esperanza es que viva lo suficiente para ver un mundo que haya emprendido el camino hacia la recuperación tras el pico del calentamiento. Es muy dudoso que volvamos a los 1.5 °C durante su vida, pero la idea de que él vea cómo se da la vuelta el barco es mi gran esperanza.
En cuanto a ti y a mí, estos serán los veranos más frescos que viviremos. Todos los demás veranos del resto de nuestras vidas serán más calurosos. No veremos la recuperación en lo que nos queda de vida, y eso es algo difícil de aceptar. Pero es nuestro deber asegurarnos de que él sí pueda.
Artículo traducido por Debbie Ponchner.