
El derecho a la libertad de expresión y a manifestarse pacíficamente está limitado en El Salvador por el Gobierno de Nayib Bukele. La marcha del día de los trabajadores de este 2026 no fue multitudinaria, como en años anteriores, debido al exilio de representantes de organizaciones, capturas de sindicalistas, persecución política de las voces críticas y policiales que retienen los autobuses de los trabajadores que viajaban hacia San Salvador para marchar. Aún así, decenas de trabajadores marcharon para denunciar despidos injustificados en el sistema de Salud Pública, maltrato a los docentes y violaciones a los derechos humanos en el régimen de excepción.
Mayo 1, 2026
El cielo en el corazón de la ciudad de San Salvador aún estaba opaco cuando doctores, profesores, sindicalistas, feministas, familiares de víctimas del régimen de excepción, trabajadores de distintos sectores y miembros de otros movimientos sociales alistaban pancartas y banderas para expresar sus exigencias al Gobierno de Nayib Bukele en la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores.
“Devuélvannos nuestros derechos laborales consignados en las leyes”, “Defendemos derechos de inocentes”, “Bukele enemigo de los pobres”, eran algunos mensajes que podían leerse entre la multitud agrupada en las cercanías del parque Cuscatlán.
Un par de kilómetros hacia el oeste, en la plaza del Salvador del Mundo, otro bloque también se concentró para manifestarse por el respeto a los derechos laborales, en contra de los despidos injustificados en el gremio de Salud y Educación, la lucha feminista, los presos políticos y la defensa de la tierra.
En ese lugar, Silvia Navarrete, de SITRASALUD denunció los despidos del personal médico, enfermería y personal administrativo. Según manifestó, esta situación no solo afecta a los trabajadores que se quedan sin su sustento diario, sino también a la población que pierde sus servicios de salud.
“Para ejemplo, tenemos el cierre del Hospital Rosales. Era el único hospital en nuestro país que contaba con todas las especialidades para atender a la población salvadoreña. Sin embargo, en diciembre del año pasado, de manera abrupta, se cierra el hospital, se despide a más de 1,800 trabajadores de la salud y se deja a la deriva a todos los pacientes del hospital. Y quienes más han sentido esta situación son los pacientes con enfermedades crónicas”, lamentó Navarrete.
La concentración de los trabajadores y personas organizadas fue creciendo con el paso del tiempo. Alrededor de las 9:00 de la mañana, bajo una temperatura asfixiante de unos 26°C, comenzaron a marchar sobre el asfalto que daba la sensación de derretir la suela de los zapatos y quemar la planta del pie. Por un momento, tanto la Alameda Roosevelt como la calle Rubén Darío y la Alameda Juan Pablo II se convirtieron en arterias libres del tráfico abrumador de la capital y se llenaron de camisetas y banderas que dotaron de color la marcha de este 1 de mayo.
No se trata de una fecha cualquiera. Desde finales del siglo XIX, esta jornada recuerda las luchas obreras por una jornada laboral de ocho horas y condiciones dignas que fueron exigidas en las manifestaciones de Chicago en 1886. 140 años después, en El Salvador persisten condiciones laborales inhumanas, tal como lo expresaron quienes marcharon: jornadas extendidas sin pago extra, salarios que no alcanzan para una vida digna e inestabilidad laboral.
La convocatoria en esta marcha fue menor que la de años anteriores. Un hecho esperable por la represión del Gobierno de Bukele que ha esparcido el temor como forma de acallar las voces disidentes. El exilio masivo de miembros de organizaciones de la sociedad civil el año pasado, a causa de persecución y criminalización, también fue un factor que influyó en la disminución de participantes.
Aunque la pandemia por Covid-19 fue hace seis años, las mascarillas no faltaron en la marcha. No se trataba de un accesorio más o que las personas tuvieran gripe, sino una medida de protección para cubrir sus rostros y así no ser identificados por temor a represalias de parte del gobierno. Otras personas optaron por lentes de sol o pañuelos para cumplir con el mismo fin. De hecho, Claudia (nombre ficticio) habló con esta revista sobre qué la motivó a participar en la marcha, pero pidió hacerlo desde el anonimato para mantener su seguridad.
“Principalmente la pensión que tenemos, una pensión de hambre. Sobrevivimos con $300. Ese es el motivo, luchar por una pensión digna, a que haya una justa reforma para que tengamos mejores oportunidades los pensionados y las futuras generaciones que también van a pensionarse en algún momento”, comentó Claudia.
Por su parte, Jorge Villegas, quien fue docente por 47 años y ahora es representante de la base magisterial del departamento de La Paz, enlistó a GatoEncerrado hasta cinco razones que motivaron al gremio de Educación para formar parte de la marcha. Entre ellas, que el día sábado es día libre para los empleados públicos y que incluso el propio Ministerio de Educación y sus dependencias están cerradas, pero obligan a los docentes de primer grado a que asistan a capacitaciones de nueve horas.
También mencionó que el artículo 33 de la Ley de la Carrera Docente establece revisión periódica salarial cada tres años como máximo, pero han transcurrido seis años y eso no ha pasado. Agregó el problema de los despidos arbitrarios e ilegales bajo la figura de “supresión de plazas”.
Entre la música de la megafonía transportada en pick-ups o camiones pequeños y las vuvuzelas, también era posible escuchar algunas consignas. No hubo una marcha a una sola voz, pero ese coro desordenado por momentos encontró ritmo. Aunque, en realidad, la mayoría de los participantes marcharon en silencio y dejaron que sus carteles hablaran por ellos.
Los vendedores ambulantes, quienes se acercaban para ofrecer productos que ayudaban a hacerle frente al sofocante calor —como agua, sombreros, gorras, sorbete o minutas— también se quedaban escuchando las exigencias de quienes marchaban. No fueron los únicos. Durante su recorrido, la marcha generó que vendedores de algunos locales, incluso empleados de cadenas de comida rápida, salieran por un momento del establecimiento a ver el paso de la marcha. Además, los transeúntes de la zona que no tenían prisa se detenían para hacer fotos.
En algunos tramos, la Policía vigilaba el paso de la marcha, pero no intervinieron en ningún momento, la tarea que les fue asignada la cumplieron previo a la marcha. Según testimonios y tal como recopiló el Bloque de Resistencia y Rebeldía Popular (BRP), en algunas carreteras del país se registraron retenes policiales. Su objetivo era detener a los autobuses en los que se transportaban manifestantes.
También en los siguientes puntos:
— Bloque de Resistencia Y Rebeldía Popular (@Bloque_RP) May 1, 2026
📌 Carretera panamericana a la altura de San Pedro Perulapan.
📌Calle de Tenancingo.
📌Plaza mundo Soyapango.
📌Altura del puente de agua caliente, soyapango.
📌Las delicias, Santa Tecla.
📌Por la Escuela Nacional de Agronomía, La Libertad.
Jorge Villegas aseguró que el bus en el que se transportaban los miembros de la base magisterial desde el departamento de La Paz fue detenido por la Policía y no se le permitió pasar. Pero no se quedaron de brazos cruzados. Llamaron a otros microbuses para movilizarse y otras personas viajaron en buses de ruta.
Un caso similar fue el de algunos simpatizantes del FMLN que viajaban desde Sonsonate. A la altura de Armenia, un retén policial los detuvo, los obligaron a bajarse del bus y les pidieron su Documento Único de Identidad (DUI). El patrón fue el mismo, le indicaron al motorista que no podía avanzar más o lo iban a multar. Cerca de unas 40 personas se regresaron, mientras que una treintena continuó por otros medios.
Pero los retenes no paraban exclusivamente a buses contratados por trabajadores y organizaciones que se dirigían a la marcha. GatoEncerrado documentó que en la entrada de Santa Tecla, en el sentido hacia San Salvador, un retén policial detuvo buses de ruta y obligó a los hombres a bajarse y a ser registrados. La Policía hizo que se pararan con las piernas separadas y de espalda hacia ellos, una escena propia de los tiempos del conflicto armado. Les pidieron sus DUI y, en algunos casos, les tomaron fotografías a sus documentos de identidad. Luego, los dejaban volver al autobús y seguir su camino.
El bloque que salió del parque Cuscatlán culminó la marcha en las gradas frontales de la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), el edificio donado por China que el oficialismo presume internacionalmente. Ahí, bajo un sol abrasador, un mosaico de pancartas y afiches fue el fondo que acompañó a las vocerías que con sus palabras trataron de ordenar lo que en la calle se expresó de forma más fragmentada.
Luciendo su bata blanca, el doctor Rafael Aguirre, secretario general del Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (SIMETRISSS) felicitó a todas y todos los trabajadores que tuvieron la valentía de salir a marchar y dejó en claro que la marcha sirvió para enviar un mensaje a las autoridades salvadoreñas.
“En esta mañana nos congregamos como salvadoreños, como personas de bien, pacíficamente, para enviar un solo mensaje: la clase trabajadora no está sola. Somos un grupo numeroso que creemos que este país puede salir adelante. Este día enviamos un mensaje contundente al Gobierno de El Salvador, tiene que sentarse a dialogar con nosotros. No pueden continuar con estas políticas que solo traen pena y hambre a la población salvadoreña”, enfatizó Aguirre.
Una madre tomó el micrófono para hablar del caso de su hija que fue capturada de forma arbitraria hace más de tres años. Aseguró que las autoridades la capturaron mientras estaba en su casa con su familia y que no andaba en la calle delinquiendo, pero que aún así la acusaron de agrupaciones ilícitas. Por eso, exigió que el sistema de justicia responda ante este y otros casos documentados por distintas organizaciones de la sociedad civil y la prensa independiente que responden a patrones de capturas arbitrarias.
“Exigimos la libertad, exigimos juicios justos, no juicios masivos. Queremos justicia y libertad para esos inocentes. Nosotros como pueblo salvadoreño estamos cansados ya, estamos hundidos en la pobreza”, fueron sus palabras.
Desde las ventanas de la fachada principal del Palacio Nacional, algunos visitantes escuchaban las palabras de estas vocerías. También lo hacían otras personas que estaban en la Plaza Cívica. Un señor de aproximadamente 50 años de edad comentaba con otro que no entendía por qué se decía que El Salvador es una dictadura, ya que él no veía a los militares deteniendo personas. Pero los testimonios de las madres de presos del régimen contrastaban con sus palabras.
Cuando la multitud comenzó a disiparse, el Centro Histórico de San Salvador retomó la rutina. A los pocos minutos, llegó un grupo de extranjeros acompañados por un guía quien les ofrecía un recorrido por la Plaza Cívica, la misma que pocos minutos antes reunió a decenas de personas que con sus exigencias y testimonios desenmascaran la imagen internacional que proyecta Nayib Bukele.