Por Tania Primavera/@TaniaPreza

 Los pájaros se escuchaban al fondo. Entre más caminaba, más cerca los oía. Entre los bambúes altísimos, el árbol era casa, un amate. Caminando en la tierra negra del jardín de Sagatara en  villa Montserrat, bajando gradas, gradas y gradas, es otro espacio, el espacio es jardín. Yo estoy viviendo, estoy recogiendo la memoria desde mi ojo. Escribo pensando. Lo que se presenta.

El concepto más cercano a historia en náhuat-pipil es iixpantilía, el preludio del testimonio, dice Rafael Lara-Martínez. Se revelan los secretos, tejiéndose así la manifestación del testimonio. Pero desde allá, me gusta más ver la ciudad, destellan como chispitas las luces. Entre los cerros, riscos,  privilegiado paraje. Neblina que inunda los parajes más altos, los pinos lejanos en la copa del cerro San Jacinto. Árboles gigantes. Rostros morenos.

Es en la cumbre  de Sivar, sin serlo porque tiene otro nombre. Es el oasis. Es paseo sofisticado de verdes eternos. Subiendo la carretera, las antiguas villas y mansiones, las comunidades paupérrimas se esconden, se vuelven clandestinas entre la vegetación exuberante. Testigos del tiempo, de las historias de aquí. Va cambiando el clima, son dos caminos al llegar a Los Planes: Panchimalco o a la Puerta del Diablo. Esto es un ensueño. Ahora solo me lleva la inercia.

Voy a la “puerta”, llego al parque  Balboa, senderos, diseños en piedra, dioses ancestrales, el maíz es protagonista a degustar. Salgo del parque, más allá, sigo, imagino el camino, llego al risco. Las veo, son las dos rocas, inmensas. Dispuestas a “recibir-me”. Porque ellas dan. Quieren que suba.

Si quito lo pop del comercio, turismo o publicidad, el regalo es el hábitat de ese entorno, la huella del pasado espejo del presente. El silencio, de nuevo el olvido, no hay historia, no hay eje, hay más que superstición. Ese lugar es de otro mundo, y está aquí, en Cuscatlán.

La conoce alguien. La conocen varios. No solo en libros, sino en su iixpantilía, que ¿Cuál es la historia? El fuego se encendió ahí, invocaciones ancestrales, flores y resinas, las más sagradas ofrendas. El lago de Ilopango se divisa al amanecer con rosa y dorado. Ya estoy aquí, el viento pega en mi rostro. Y me quedo en blanco, en azul, en verde. El paisaje abruma, Panchimalco abajo.

¿Qué pasó con Morena Celarié? Aquí solo las piedras y árboles viejos son testigos; no se supo. Algunas veces quedé hasta tarde, vimos las estrellas, las risas, aun el viento no avisó que era tarde.

Estando en la puerta, el camino sigue, pero ¿a dónde sigue, a dónde va? Dicen que llega hasta el mar. El silencio me atrapa, camino hacia la cuevita abajo. No hay nadie. Volteo a ver, ni un chucho. Gotas de agua sobre la roca.

¿Quiénes son los herederos de la memoria? ¿quiénes guardan el testimonio? los que vieron. ¿Dónde están ellos y ellas? ¿Donde encuentro la verdad? Depende, solo queda la versión del iixpantilía y voy formando la historia, meditando en el panorama del risco. Mientras escucho la sinfonía de las aves al atardecer.


 

Tania Preza2Tania Primavera Preza: Autora de "Gotas de Néctar en Gato Encerrado".Integrante del Consejo Editor de la Revista Trasmallo. Ha participado en jornadas lúdicas con jóvenes utilizando el “Juego Los Izalcos” sobre cultura ancestral indígena, la edición de exposiciones museográficas, producción de cápsulas radiofónicas, publicaciones y talleres con jóvenes sobre derechos humanos y memoria histórica. Actualmente es responsable del Área de Comunicaciones del Museo de la Palabra y la Imagen, y conduce junto a un equipo del MUPI la  Red de Jóvenes en Defensa de los Derechos Humanos.

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