Por Cristhian Alvarenga/Blog Caminante 2307

En la década de los 80 los países latinoamericanos, en su gran mayoría, lucharon por establecer sistemas democráticos; alimentando las esperanzas de cambios en favor de sus ciudadanos, fundamentando instituciones democráticas y participativas, con la utopía de construir sociedades más justas y humanas.

Pero este proceso aún no termina, claro está que la democratización no es un proceso de una noche. No basta con tener constituciones acomodadas que maquillan la falta de integración en los sistemas de los sectores desfavorecidos, constituciones redactadas con ideales políticos en conveniencia del gobernante de turno.

Nuestros gobiernos acusan constantemente múltiples casos de falta de transparencia, desinformación, violación de los derechos humanos (tanto por parte de grupos como por parte de las instituciones) y la corrupción dentro de los aparatos estatales es común denominador en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, y si no miremos los casos emblemáticos de nuestra centro américa; acá en El Salvador, el caso de Francisco Flores, en Nicaragua el caso de la Huaca de Arnoldo Alemán y ahora los escándalos de corrupción del gobierno autoritario de Daniel Ortega, en Costa Rica los casos de Laura Chinchilla, Panamá con Martinelli y el más reciente en Guatemala con el Presidente Otto Peres Molina.

La población sigue esperando la oportunidad de participar con igualdad en la toma de decisiones (no de unos cuantos allegados solamente), que permita restituir el fundamento básico de la democracia en el que el pueblo es el principal responsable de escoger su camino y definir su destino. Sin embargo, esta idea es utópica, pues vivimos en permanente exclusión y la (mal llamada) democracia es convertida en una oligocracia, siendo gobernados por una minoría poderosa y privilegiada que a base de poder mantiene a los demás fuera del sistema.

Estamos todavía lejos de lograr que el cambio se logre; varios países latinoamericanos viven bajo regímenes que se autodenominan demócratas pero cumplen a medias; gobernantes y allegados a los partidos de gobierno son quienes gozan del privilegio de decidir e incidir en el futuro de nuestros pueblos. Todavía queda muchos cambios por hacer, mucha corrupción y ambición que erradicar, muchas pugnas por resolver; solo queda apelar a la valentía y paciencia de nuestros pueblos para seguir adelante en esta lucha constante, y confiar que en un futuro (esperemos no muy lejano) nuestros países contarán con sus propios proyectos de nación como tal, proyectos e ideas que sean desarrollados por nuestros gobiernos sin importar el color político; mantener la esperanza de poder contar con gobiernos democráticos en todo el sentido de la palabra, incluyentes, transparentes y cuyo objetivo principal sea el desarrollo de su pueblo.


Cristhian

Cristhian Alvarenga es un comunicador social, ambientalista y defensor de Derechos Humanos, Nicaragüense radicado actualmente en El Salvador. Y ahora bloguero de Gato Encerrado. Su blog personal es http://caminante2307.blogspot.com/

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