Alrededor de 600 personas de San Sebastián se quedarían sin trabajo. El gobierno aún no brinda atención para los mineros artesanales, pese a que la ley lo obliga. Jacinto teme perder el trabajo de toda su vida y que su familia se quede sin el sustento diario.


Por Marvin Díaz

Jacinto es un güiricero. Un minero artesal. Un buscador y extractor de oro que nunca superó la miseria de comer mal un día sí y al otro también. Un hombre que nació en el pequeño y pobre pueblo de San Sebastián, ubicado en Santa Rosa de Lima, La Unión, donde la mayoría de sus más de 600 habitantes dedicaron sus vidas a meterse en las entrañas de un  cerro para extraer oro. Nunca aprendieron otro oficio. No lo consideraron necesario. Creyeron que la mina les iba a durar para siempre. Pero ahora, Jacinto y algunos de los más de 600 habitantes, aseguran que están en incertidumbre, porque la Asamblea Legislativa aprobó una ley antiminería que los está obligando a buscar otro trabajo.

Jacinto explica todo eso, a GatoEncerrado, mientras camina por los pasillos angostos de la mina de San Sebastián, guiado por la lamparita que lleva atada a su casco. El lodo y la penumbra del túnel, que tiene unos 300 metros de longitud, han sido parte de toda su vida. La situación a la que ahora se enfrenta, según cuenta, es casi existencial, ya que no concibe la vida fuera de la mina.

He sido güiricero por 28 años. Uno nace, crece y trabaja de güiricero. He trabajado en la mina de siete de la mañana a seis de la tarde. Toda mi vida la he pasado aquí”, dice.

Jacinto apenas era un adolescente de 12 años cuando comenzó a empujar su vagoneta llena de rocas. Hoy, a sus 40 años, es lo único que conoce como trabajo. Por eso, según dice, la incertidumbre lo embarga porque en un año y dos meses tendrá que dejar la mina, obligado por la nueva ley antiminería.

“Estoy preocupado porque el tiempo se acaba. Tengo dos hijos y una esposa que mantener. Yo quiero seguir trabajando, porque de aquí saco el sustento para toda mi familia. Aquí en esta mina somos 31 mineros que nos quedaremos sin trabajo”, dice.

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Estado ausente

El Salvador se convirtió, el 29 de marzo de 2017, en el primer país del mundo en prohibir absolutamente la práctica minero-metálica, con la que también la Asamblea Legislativa dio dos años de plazo límite para que los güiriceros busquen otro trabajo. Esa disposición es parte del artículo 2 de la Ley de Prohibición de la Minería Metálica, que impide la exploración y explotación de minerales. La normativa cierra las puertas a las empresas transnacionales a extraer oro y obliga al Estado a dar asesoramiento y apoyo para que los güiriceros encuentren otra alternativa económica.

Los líderes de San Sebastián también dijeron que los mineros se sienten dañados por la ley y por el gobierno, porque aún no les dan asistencia.

El gobierno no se ha acercado a la comunidad para platicar con nosotros”, aseguró Fredy Flores, líder comunal.

Algunos de los mineros artesanales, compañeros de Jacinto y consultados por esta revista, dijeron que están convencidos de que no van a poder adaptarse a otro trabajo. No importa cuál sea.

Ellos (los guiriceros) están aferrados a que la minería artesanal es el único modo de vida. Aquí la milpa, el frijol y el maicillo no son opciones de trabajos para los pobladores de San Sebastián”, dijo Miguel, otro líder de la comunidad.

La mayoría de los mineros tienen baja escolaridad y sus edades oscilan entre los 10 y 70 años. La verdad es que, según Jacinto, no les queda tiempo de estudiar, ya que pasan entre 6 y 9 meses al año buscando oro desde que sale el sol hasta que se vuelve a ocultar.

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Aquí en San Sebastián no hay trabajo”, dice Jacinto, mientras su mirada se diluye en la desértica inmensidad de los cerros cercanos. Dentro de cada cueva minera, los topos humanos rascan y buscan incansablemente el dorado mineral que llevará el sustento a sus familias, mientras se acaba el tiempo para abandonar la mina.

“Hay meses que pasamos sin ningún cinco. A cientos de mineros nos conviene trabajar como güiriceros artesanales”, menciona.

Los rumores de que los mineros se están enfermando por su trabajo son negados por Jacinto quien afirma que “nunca se ha enfermado” en su largo caminar entre las minas. “Aquí hay cientos de güiriceros y nunca se han enfermado”, expresa.

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En la Asamblea Legislativa salvadoreña hay diversas opiniones acerca del tema de los güiriceros. Guillermo Mata, diputado del FMLN y presidente de la Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático, restó importancia al trabajo de los mineros artesales.

El estudio de una universidad dice que ellos no sacan nada y por más que raspan y raspan no sacan nada. Ellos no han entendido que es una manera poca digna de trabajar y lo que sacan de ahí no es para sobrevivir”, dijo Mata a Gatoencerado.

Además, mencionó que el grupo de mineros artesanales es reducido y que la Asamblea no puede hacer una reforma al artículo 2, para favorecer a esos mineros artesanales: “Prohibimos la minería, no podemos estar reformando la ley a los seis meses”.

Por otra parte, Johnny Wrigth diputado de ARENA, mencionó que la situación de los mineros de San Sebastián es complicada y difícil de resolver.

Es complicado buscarle otra vida productiva a estas personas y reconozco que no existe una solución fácil, esto por el cambio radical de esta tradición de trabajo”, dijo Wrigth.

Por su parte, Bernardo Belloso representante de la Asociación para el Desarrollo de El Salvador (CRIPDES) opinó que no se puede anteponer una productividad minera mínima ante las necesidades de comunidades que han sido afectadas por la explotación minera.

Hay posibilidad de otros mecanismos productivos que conlleve a generar ingresos a las familias de esas zonas, por ejemplo, un proyecto de carácter turístico para las personas que trabajan en la minera metálica y la actividad agrícola”, dijo Belloso.

CRIPDES, una ONG que ha acompañado el tema antiminero en El Salvador, considera que una reforma a Ley de Prohibición de la Minería Metálica podría traer problemas al país. “Las empresas mineras podrían aprovecharse de una reforma al artículo”, dijo.

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Jacinto, por su lado, vuelve a las oscuras minas que lo vieron nacer. Asegura que luchará por el trabajo que le da de comer. “Pelearemos por nuestro trabajo. Pedimos al gobierno que nos dejen trabajar", finalizó.

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