Con respecto al hecho de exigir el desalojo de las familias que habitan en la finca El Espino -el pulmón más importante de San Salvador-, Tania Primavera nos regala esta "Gota de Néctar" como cada sábado, que nos introduce por un paseo al interior de esas viviendas, de las familias, de sus sonrisas y tristezas rodeadas por un bosque mágico que en en gran parte le pertenece a la familia Dueñas.


“Yo acuso a la propiedad privada de privarnos de todo”

Roque Dalton

 

Por Tania Primavera/@TaniaPreza

Caminamos entre los caminos que quedan aún.  Te quitaste los zapatos en señal de entrar al bosque sagrado, el último bosque y pulmón donde anduviste en bici de niño entre esas sendas donde todo era un bosque, al pie del volcán de San Salvador. Es la finca El Espino, no sé el nombre ancestral de esas tierras donde yacen entre sus entrañas piezas de barro, testigos de las antiguas poblaciones originarias; donde viven animales, ahí es su casa, siempre lo ha sido.

Observo los arbustos de café mezclados con otros árboles de sombra. El café introducido a principios de siglo XIX por un presidente, el capitán general Gerardo Barrios, además era el propietario de esa finca. Pasaron luego de su fusilamiento en 1865 a manos de Francisco Dueñas, luego de su muerte en San Francisco, California en 1884  las tierras pasaron a manos sus hijos Francisco, Carlos y Miguel Dueñas, estos la heredaron a sus hijos y otros familiares, finca donde habían  millonarias ganancias pero miseria e incertidumbre para el motor de ella: sus colonos. No pasó como en la hacienda El Jobo. Para nada. Ahí sí, todos los colonos trabajan y son parte de todo, gracias a Enrique Álvarez Córdova, quien donó sus tierras e hizo su ofrenda valiosa e inolvidable.

Familias enteras habitan la comunidad Espino desde hace mas de 80 años, por generaciones sus familiares trabajaban con los hacendados. La gente ahí nació, ahí creció. Ahora sufren el desprecio y exigen desalojo. No son usurpadores, pero sería un sueño que se logren quedar ahí. Hay un ultimátum. Les conocí el año pasado, fui un día en plan de investigación junto a un par de jóvenes de la Red de Jóvenes Defensores de Derechos Humanos (Redef) con quienes también trabajo, y ahí nos encontramos, una comunidad tranquila y sin delincuencia, un soplo refrescante se sintió de inmediato, había muchos árboles, había, entre lozas quebradas que llevaban el camino hacia el casco de la finca. Una casa desolada, bellísima, de madera, entré, es pequeña, ya no tiene puertas, ni ventanas, pero refleja la opulencia que hubo; imagino las fiestas, el lujo, la alegría, imagino a los trabajadores y trabajadoras, no eran invitadas, eran sus sirvientes, veían de lejos.

Pero no queda nada casi, convirtiéndose en asfalto la tierra no me va a hablar.  El más importante oasis del gran San Salvador tiene “dueño” y puede hacer lo que sea. El bosque agoniza en el corazón de la ciudad. Las urbanizaciones crecen dando la idea a sus clientes, que irán a vivir enfrente del bosque pero no se dan cuenta que están destruyéndolo, eso piensan que es desarrollo.

 La razón principal para preservar la finca El Espino es que los mantos acuíferos de esta zona son los que aportan al área metropolitana de San Salvador millones de metros cúbicos de agua anuales. Desde que comenzó la depredación, muchos pozos se han secado. No se preservan los mantos acuíferos, no habrá agua ¿Se entiende? No tenemos derecho al agua si una sociedad no se educa y destruye ese “néctar”, néctar de vida, que es la esencia más perfecta de amor, de entrega y no le regresamos nada.  Cada gota cuesta, su nacimiento, para luego compartir.

 Seguimos caminando, veo mariposas amarillas, me acuerdo de Gabo. Y sigo disfrutando esa caminata, por lo que es, fue y será. Seguís descalzo, tus pies con tierra me dicen que yo también debo comenzar a caminar descalza.


Tania PrimTania Preza2avera Preza: Integrante del Consejo Editor de la Revista Trasmallo. Ha participado en jornadas lúdicas con jóvenes utilizando el “Juego Los Izalcos” sobre cultura ancestral indígena, la edición de exposiciones museográficas, producción de cápsulas radiales, publicaciones y talleres con jóvenes sobre derechos humanos y memoria histórica. Actualmente es responsable del Área de Comunicaciones del Museo de la Palabra y la Imagen, y conduce junto a un equipo del MUPI la  Red de Jóvenes en Defensa de los Derechos Humanos.  Desde agosto de 2014, es autora del audio espacio Entrevistas EN OFF en www.contrapunto.com.sv

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