El Mago Barú, atrio de la iglesia de Guadalupe, 12 diciembre 2008. Fotografía: Carlos Eduardo Colorado.

 

"...en el país más violento del mundo, cualquier cosa y Plan Barú, podría ser esperanza".


 

Por Tania Primavera/@TaniaPreza

Mirada dulce, azul como el mar o a veces verde como la selva. Era de andar lento, con su bastón viajante. Barba blanca, turbante colorido. Era el mago Barú. Solía verlo caminar. Yo ya lo había visto hace años, había reconocido su espíritu liberado y amoroso en el aura que irradiaba, ahí, bajo El Pañuelo frente a la U,  me lo encontraba y me sacaba sus monedas, su sombrero o me saludaba con su abrazo sincero, sonrisa puesta, como si no existiera el tiempo.

Llegaba al parque donde hacíamos un mercadito comunitario y se asomaba a ver los libros que vendía y Alice sus tés y plantas medicinales. Sus viejos atuendos querían revelar que los usaba por décadas. Todos ahí lo saludaban. Alegraba el rato. Aunque quienes no sabían de su amor humanista y mágico, se asustaban.  Era solo Barú, nada más. ¿Cuál era su nombre? No lo sé. Estudió en el Liceo Salvadoreño, actuó por varios años en Estados Unidos, donde cursó estudios intensivos en la Escuela de Alta Magia en San Francisco, California, en los años sesenta, justo era en ese instante la ciudad de Amor y Paz.

Abrazaba donde iba. Me decían, que no lo saludara con abrazo, que no se bañaba, en esos últimos años de vida. Pero lo que más me gustaba de ese personaje que parecía de cuento, era su manera de casi levitar por las calles de esta ciudad. Siempre sonriente, siempre compartiendo, desaliñado, pero con un brillo en sus ojos, que es difícil ver. Tenía zapatos rotos, pero era feliz -al menos lo parecía-. Tenía dolores, pero parecía que ni le interesaba ir al doctor. Una sonrisa lo curaba.

En La Rendija, una revista independiente que publicó en 2004 la Real Orden de los Locos de Octubre, presidida por el pintor Ricardo Humano, se le preguntó al mago Barú, si estaría dispuesto a postularse como candidato para presidente de El Salvador alguna vez, él tendría este plan con cinco puntos básicos:

-Abolir CONCULTURA, y hacer ahí un gran circo donde los payasos puedan expresarse en plena libertad.

-Con su varita mágica, convertirá El Salvador en un paraíso (tal vez así sea el rincón mágico que dicen algunos por ahí).

-La Asamblea Legislativa será convertida en una Escuela para Magos, y darán becas al exterior para ir a estudiar telepatía. Y a su regreso, se dará cursos en la extinta Asamblea, para que todo mundo se comunique así. Y las compañías de celulares terminarán. Los diputados tendrán que buscarse un trabajo.

-El museo MARTE no tendrá más director o coordinador ni nada, porque el pueblo podrá ir cuando quiera y podrá ver el cuadro del Mago Presidente.

-Suplir todas las necesidades del pueblo, solo sacando de su sombrero mágico todos los millones sustituyendo el sistema financiero, la moneda será el cuis.

La magia al poder, decía el mago caminante. Aunque murió hace unos años, intento recordarlo siempre con su alegría e interés de hacer sonreír a quien sea. Pero, en el país más violento del mundo, cualquier cosa y Plan Barú, podría ser esperanza. Quiero encontrarle de nuevo y con su destello y capa roja con espejitos. El fue constante en su misión, él es de los seres para siempre. Barú siempre Barú. Solo Barú.

Barú, en el país llamado más violento del mundo, vivo yo.  Es el país más violento del mundo, según periódicos internacionales que envían a sus reporteros tres días y salen fuera.

Pero yo, es aquí donde camino, es aquí donde estoy, aquí donde trabajo. Por el momento. La vida es un momento. Como ahora que decido recordar al mago, y su momento… cuando me decía y saludaba alegre. ¿Te veo pasar mañana? … ojalá, respondo. Es que ¿quién sabe? Pasa rápido el tiempo. Y se fue. Pero dejó su personaje que viajará siempre en los recuerdos de quienes lo vimos pasar. Y lo imagino como mago presidente dirigiendo desde un escenario.


 

Tania Preza2Tania Primavera Preza: Integrante del Consejo Editor de la Revista Trasmallo. Ha participado en jornadas lúdicas con jóvenes utilizando el “Juego Los Izalcos” sobre cultura ancestral indígena, la edición de exposiciones museográficas, producción de cápsulas radiales, publicaciones y talleres con jóvenes sobre derechos humanos y memoria histórica. Actualmente es responsable del Área de Comunicaciones del Museo de la Palabra y la Imagen, y conduce junto a un equipo del MUPI la  Red de Jóvenes en Defensa de los Derechos Humanos.  Desde agosto de 2014, es autora del audio espacio Entrevistas EN OFF en www.contrapunto.com.sv

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