Queríamos conocer qué piensan las mujeres sobre su futuro y las luchas feministas que deben seguir en El Salvador, con la llegada de un nuevo gobierno, dirigido por Nayib Bukele. Pero también cuál es su análisis sobre el trabajo de los dos gobiernos del FMLN. Así que lo primero que nos planteamos en GatoEncerrado fue evitar consultar estos temas con los «analistas» que desfilan por los canales de televisión, que en algunas ocasiones son hombres hablando de temas de mujeres, y concluimos que una de las voces frescas y con autoridad para hablar es Sara García. Solo que sentarnos con ella para preguntarle y repreguntarle era imposible, porque actualmente está en Argentina. Por suerte existe la tecnología, las redes sociales y el e-mail.


Por Clanci Rosa

Sara García es la salvadoreña que recibió en Francia, el pasado 9 de enero, el prestigioso «premio Simone de Beauvoir por la libertad de las mujeres 2019». Ese galardón, sin embargo, es tan solo el más reciente de sus reconocimientos por los más de diez años que ha trabajado, desde la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, por la libertad de mujeres que fueron enviadas a prisión por una legislación que prohíbe la interrupción del embarazo en todas sus formas; incluso han sido condenadas luego de experimentar partos extrahospitalarios.

En 2018, la embajada de Canadá en El Salvador reconoció su trabajo, luego de que fuera nominada al premio “Líder de derechos humanos: rostros por la igualdad”. Asimismo, fue ganadora del Programme d’ Invitation des Personnalités d’ avenir 2018, de la embajada de Francia en El Salvador.

García es licenciada en psicología y actualmente se encuentra en Buenos Aires, Argentina, estudiando su maestría en Derechos Humanos y Democratización en América Latina y el Caribe, gracias a una beca que ganó. Aún en la distancia, García sigue pendiente de las luchas feministas en El Salvador. Por esa razón, en GatoEncerrado consideramos que su voz es una de las autorizadas para hablar sobre el futuro de las salvadoreñas, con la llegada de Nayib Bukele a la presidencia. También para hacer un análisis sobre lo que el gobierno saliente, del FMLN, le dejó a las mujeres.

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¿Cuál fue tu reacción, en Argentina, al recibir la noticia de un cambio de gobierno en El Salvador? Desde 2009, el partido de izquierda, FMLN, estuvo en el poder.

Estar aquí en Argentina, que si bien ha sido una gran oportunidad que me está permitiendo hacer una maestría en derechos humanos, profundizar todos los estudios y de una manera académica dar herramientas a mi país en materia de la despenalización absoluta del aborto, me ha sido difícil. Aunque me permite tener una mirada crítica de todo el proceso. Es difícil porque estoy lejos, de cara a todos los retos que nos plantea esa coyuntura. Pero desde acá -pienso que las redes sociales tienen una  gran labor- sigo conectada de lo que pasa en el país para seguir construyendo con las compañeras. Para seguir pensando cómo las feministas vamos a seguir profundizando todos los cambios por los que estamos luchando y como vamos a enfrentarnos también ante un gobierno que por un lado tiene características de derecha. Es un gobierno, específicamente del partido Gana que no se ha caracterizado por abanderar derechos de las mujeres. Entonces, será importante que nosotras como feministas estemos haciendo contraloría y no permitamos retrocesos. Y que sobre todo nos agarremos de las cosas y los compromisos que ya ha realizado el actual gobierno en materia de derechos reproductivos y derechos sexuales.

¿Qué pueden esperar las mujeres del gobierno de Nayib Bukele, en materia de derechos sexuales y reproductivos?

Como feministas vamos a seguir exigiendo el cumplimento de los derechos sexuales y reproductivos. Hay un plan Cuscatlán y hay una  Plataforma de demandas: “nada sobre nosotras, sin nosotras”. Pienso que la plataforma es una herramienta importante y fundamental para avanzar en materia de derechos de las mujeres. Es fundamental que en El Salvador se sostenga un debate serio científico-laico. Y que este tema sea abordado desde ahí. Y esperamos que este gobierno de Nayib Bukele, pueda asumir el tema del aborto. Además, que asuma la necesidad de implementar una ley sobre educación integral en sexualidad y una ley sobre identidad sexual. Estamos hablando de hechos en donde el ejecutivo puede tener una gran labor. Como feministas estamos monitoreando, dando seguimiento y sobre todo debemos establecer diálogo con el movimiento social para poder profundizar.

Nayib Bukele retomó las propuestas de la plataforma «Nada sobre nosotras sin nosotras», ¿puede eso, de alguna forma, ser una garantía?

El hecho que Bukele haya retomado algunas de las propuestas me parece que es un indicador favorable y puede ser una manera de iniciar este proceso. De alguna manera ha quedado plasmado en el plan Cuscatlán. Creo que ahora, como feministas y como ciudadanas, debemos hacer cumplir. Y no solo desde lo que ya se comprometió, sino situando toda su política en la realidad concreta que enfrentamos las mujeres en  el país. Una realidad de toda la violencia, de todos los crímenes de odio que están ocurriendo contra las mujeres trans, de la situación que enfrentamos como defensoras de derechos humanos. Todo esto son realidades que deben llevar a Nayib a cumplir. Y más allá de lo que se haya comprometido a profundizar. Y avanzar en lo que la feministas estamos exigiendo desde el movimiento social.

En cuanto a derechos sexuales y reproductivos, el aborto en específico, Bukele ha dicho que está de acuerdo cuando la vida de  la madre corre riesgo. Pero esa es solo una de las 4 causales que el movimiento feminista ha propuesto para despenalizar el aborto. Feministas como tú ¿cómo toman ese planteamiento de Bukele?

Puede ser una manera para iniciar este debate. Sin embargo, hay algo que debo traerlo, porque es la labor que debe haber desde los funcionarios públicos: las creencias personales deben dejarse de lado y deben retomarse las demandas ciudadanas. Estas son dos cosas diferentes. Y sí, que Nayib Bukele esté a favor de la causal vida me parece importante, es un consenso mínimo que debe haber como sociedad. También pienso que las creencias personales de cada uno de los gobernantes debe colocarse del otro lado.

En la entrevista para la televisora France24, hablabas de los retrocesos que han traído los gobiernos de derecha a Latinoamérica en temas como derechos humanos y específicamente sobre los derechos de las mujeres. ¿Basándonos en que el partido de gobierno es Gana, que nació como una ruptura del partido de derecha Arena, estamos en El Salvador frente a uno de esos escenarios que se han repetido en la región?

Cuando existen gobiernos de derecha, las políticas represivas y de retroceso han recaído sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. Ante este escenario, y en cuanto a cómo se vaya a construir el gabinete de Gana, las feministas tenemos claro que una de las agendas que debe retomar este gobierno es la despenalización del aborto y la libertad de las mujeres. Hasta ahora hemos logrado la libertad de las mujeres debido a una lucha social y a la apertura que se ha tenido para el diálogo. Hay un hecho básico, y mínimo, que es el diálogo y el debate. Y eso nos parece que debe estar colocado. Me preocupa particularmente la situación que se ha generado de cara a los diálogos virtuales que se instalan en temas concretos. Lo hemos visto, por ejemplo, cuando hay  temas que se colocan en redes sociales y sale la lógica de los trolles. Me parece que es un momento importante para generar estrategias como defensoras de derechos humanos. Porque hay retrocesos cuando la libertad de expresión se coarta, hay retrocesos cuando la misoginia es la manera de instalar cualquier diálogo o los ataques. Me parece que este es el reto que también tenemos como movimiento feminista.

Justamente por eso, queremos preguntar: ¿Cuáles son los retos para el movimiento feminista salvadoreño en este quinquenio?

Uno de los retos es lograr consolidar y que sean retomadas por el movimiento social las demandas que estamos impulsando para una vida libre de violencia, despenalización del aborto, ley de identidad, educación integral, entre otras demandas feministas. Me parece que una de las estrategias que tenemos que consolidar es cómo avanzamos ante el reto de los fundamentalismos. Es decir, eso lo vivimos en el gobierno del FMLN y en este gobierno se puede profundizar. Los fundamentalismos son los grupos anti derechos, son los grupos que se oponen a avanzar en materia de derechos sexuales y reproductivos, grupos que están ligados a la alta jerarquía de la iglesia católica, pero también tiene postras contrarias a los derechos humanos. Están a favor de que las mujeres estén en la cárcel, de que exista abortos clandestinos. No están a favor de la vida, están a favor de la muerte de las mujeres. Esto en un gobierno que es de derecha, que tiene esas características, definitivamente se puede profundizar. Por eso es importante que como feministas podamos articular nuestras estrategias a nivel nacional y regional, para que podamos generar espacio no solo de contención, donde estemos juntas para resistir, sino para seguir transformando. Porque la violencia que enfrentamos nos ocurre por ser mujeres, porque cuando somos defensoras de derechos humanos y nombramos injusticias, definitivamente toda esa violencia y esa misoginia se profundiza. Por eso me parece importante que tengamos eso en el horizonte.

El Salvador será la sede del próximo encuentro feminista de Latinoamérica y del Caribe para seguir tejiendo redes de solidaridad y sororidad. Sobre todo redes que permitan seguir haciendo denuncias de todas estas perspectivas anti derechos, que generen lo que ya la iniciativa mesoamericana de defensoras dice: «las redes salvan». Esta es la manera en la que debemos seguir trabajando: en red. Reconociendo un país tan plural, pero que estamos ante este escenario de un gobierno que tiene compromisos que van a estar limitados por el partido Gana. Y es ahí donde la labor de contraloría se vuelve fundamental y en donde como movimiento debemos estar, para que pueda avanzar. Porque si no estamos ahí, nos vamos a quedar estancadas.

Foto/Sara García, FB.

¿Cuáles crees que han sido las razones por las que más del 53 % de la población votante decidió votar por Nayib Bukele?

Creo que, por un lado, este resultado electoral es una fuerte crítica a la manera en que la política partidaria ha venido funcionando en nuestro país. También es un reflejo de la desesperanza. Es decir, si lo vemos desde la perspectiva histórica: tenemos a los gobiernos de Arena que causaron un daño profundo con las privatizaciones, desde las lógicas neoliberales que instalaron; y que además de ser corruptos y de robar, generaron una fuerte crítica por parte de la sociedad y eso justo generó que el gobierno del FMLN, cuando tomo posesión en 2009, fuera una esperanza enorme, una oportunidad para transformar y para hacer y nombrar lo que antes no se había hecho. Pero estamos ahora justo a la finalización de los diez años de este gobierno y donde definitivamente ha habido avances en diferentes temáticas. Pero que en materia de desigualdad, violencia, derechos sexuales y reproductivos se avanzó muy poco. Y me parece que el hecho de que no se consolidara esos cambios, hizo que esa esperanza de construir un país más justo se cayera, y eso les generó una especie de voto de castigo. Además, es un fenómeno multicausal. Es decir, las razones son varias por lo que ha sucedido. Tiene que ver también con la estrategia que se ha implementado. Me refiero a estrategias de divulgación y mercadeo, que definidamente han conectado con sectores de la población que no tenían mayor conexión partidaria y que no militaban específicamente. A mí me parece que este resultado también nos sirve para reflexionar sobre qué pasa cuando un movimiento social por un lado ha sido critico de todos estos procesos, pero no se ha logrado realmente cuestionar las estructuras: las estructuras de pobreza y de violencia. Me parece que esto es una oportunidad para agarrar toda la indignación que ha generado este proceso, y sobre todo para profundizar en lo que como país estamos buscando.

Algunos analistas hablan del final de un «bipartidismo» en el poder ejecutivo, ¿crees que eso ha sucedido?

Si bien es cierto que estos últimos años, sobre todo en la posguerra, las opciones que se habían consolidado fueron el FMLN y Arena, me parece que siempre hubo otras fuerzas políticas. En el pasado más reciente, la otra fuerza política era Gana. Incluso el FMLN a nivel de la Asamblea Legislativa, en determinadas ocasiones, realizaba coalición con Gana. Creo que más allá de definir esto como un hecho de bipartidismo, me parece que debemos enfocarlo en que en el país existen pocas opciones políticas. Me parece que ahí deberíamos enfocar este diálogo: que existan opciones de derecha que tienen una postura demasiado recalcitrante y que no tienen posturas de derechos humanos. Esto nos está llamando a la necesidad de crear otras izquierdas, movimientos que se puedan consolidar desde las organizaciones sociales. Más allá de hablar de bipartidismo, debemos enfocarnos en cómo se hace para crear fuerzas políticas que retomen las demandas de la ciudadanía y del movimiento social.

¿Cómo analizarías la relación entre Nayib Bukele y Gana, en cuanto a gobernabilidad?

Pienso que la relación entre Nayib Bukele y Gana deberá tener negociaciones y acuerdos. Y ahí es donde me parece preocupante, porque Gana se ha caracterizado por tener posturas sin perspectivas de derechos humanos: como la propuesta de aprobar la pena de muerte, ha realizado pactos con iglesias evangélicas, ha hecho claras violaciones al Estado Laico. Me parece que a esos hechos debemos estar vigilantes como ciudadanía. Nos debe preocupar cuáles van a ser esos acuerdos que van a realizar para sostener una gobernabilidad y cuál es el gabinete que se va a consolidar, y hasta qué punto la perspectiva de Gana va a sopesar en toda esta nueva configuración.

Foto/Sara García, FB.

¿Cómo evalúas la gestión de los dos gobiernos del FMLN en materia de derechos de las mujeres, tomando en cuenta su postura frente al aborto?

Me parece que hay que decir que el FMLN ha sido un partido que sí ha realizado acciones contundentes en materia de derechos de las mujeres. Vimos cómo en este periodo se consolidó la estrategia de Ciudad Mujer, que sí me parece que es una estrategia importante de cara a poner al centro la realidad que enfrentan las mujeres salvadoreñas. Pero no me parece que, tal cual como partido hayan tenido una apuesta sostenida. Sobre todo en el tema del aborto, creo que es la crítica que tenemos como feministas. Porque vimos cómo el FMLN en todo el periodo, en los procesos y en los temas que tuvieron que ver con los derechos de las mujeres tardaron tanto tiempo. Cuando el tema del aborto se empezó a debatir en nuestro país, donde hay que decir que el FMLN tuvo mucho qué ver, específicamente Lorena Peña, lo hicieron al final de la legislatura. También llama la atención que esto no fue retomado como una demanda de partido. Entonces es  necesario decir que el tema de la despenalización del aborto no fue una prioridad. Lo vimos, específicamente con el debate, como se fue postergando, porque hay una claridad en que las salvadoreñas seguimos siendo ciudadanas de segunda categoría y lastimosamente eso no cambió en el gobierno del FMLN. Digo lastimosamente porque esas son las esperanzas de las que hablábamos, pero a las mujeres nos siguen matando, siguen ocurriendo feminicidios, sigue existiendo violencia sexual, abusos contra niñas, embarazos impuestos y mujeres en la cárcel por este tema. Si yo empiezo a nombrar todo lo que pasa en El Salvador y todas las violaciones que existen contra nosotras, no pareciera que estuviéramos hablando de un gobierno  del FMLN. Por tanto, me parece que es importante tener una perspectiva crítica ante esto. Porque cuando describimos la situación que enfrentamos como mujeres en el país, y la situación que como mujeres enfrentamos en estos últimos diez años, no pareciera que estamos hablando de un gobierno de izquierda y eso es lo que me parece preocupante: que las mujeres seguimos siendo consideradas de segunda categoría.


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