En El Salvador son asesinados en promedio 16 personas diarias (y para cuando termine mayo quizá sean más) a manos del crimen organizado y pandillas. Cada muerte, cada acto violento y cada escena del crimen parece naturalizarse cada vez más. Pero cada vida que en este país cae tiene un pasado y una historia que contar. Historias como la de Israel Quintanilla


 

Por Redacción Gato Encerrado

En horas de la noche del lunes 4 de mayo fue encontrado el cadáver de Israel Antonio Quintanilla de 56 años de edad con varios impactos de bala en su tórax, a las orillas del río San Jerónimo en Tecoluca, San Vicente. Quintanilla era el presidente de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES)  y un exguerrillero sobreviviente del conflicto armado que duró doce años, pero no sobreviviente a la ola de violencia que inunda al país. A pocos metros de su cuerpo y a pocas horas después de haber sido encontrado, el cuerpo de su hijo Carlos Zavala también fue hallado en estado de putrefacción. El joven tenía tan solo un día de haberse graduado de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA), cuando fue secuestrado junto a su padre y posteriormente asesinados.

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El Salvador es un país con poco más 20 mil kilómetros cuadrados donde conviven más de 6 millones de habitantes, la muerte camina entre ellos sin dar tregua alguna a los que andan a pie, en bus, en carro... Según cifras oficiales, la violencia cobra la vida de 16 personas diariamente, los asesinatos se han convertido en un acto normal que ya no sorprenden fácilmente. La mirada de las personas se ha tornado fría y  ya no se asombra  ante el correr chocante  de la sangre. Sobrevivir es una palabra que se adapta bien a cada persona en el país. Los días transcurren con la monotonía sangrienta del anterior, pero ¿cuándo se volvió normal vivir (o morir) así?

Cada vida que concluye sus pasos en manos del crimen tiene historias que contar. Para conocer la historia de Quintanilla quizá hay que remontarnos hasta los años 80 cuando comenzaron los doce años de guerra civil en El Salvador, durante ese tiempo muchas personas se entregaron a la lucha armada y a la incertidumbre de no saber con exactitud el paradero de sus vidas. En la guerra no importaba si eras un niño o un adolescente, hombre o mujer,  lo importante es que pudieras combatir para la liberación de un país empobrecido y donde pocos podían huir del frío abrazo y mortal de la guerra que nunca parecía terminar.

Siendo tan solo un muchacho de 15 años de edad y habiendo crecido entre plantaciones de maíz, Israel Antonio Quintanilla decidió emprender un viaje de la liberación y revolución, ya que su motivación siempre fue cambiar la realidad social de su país y creía que participando en la lucha armada de parte de la guerrilla lo lograría. Durante ese conflicto armando en que se enfrentaban la guerrilla y el gobierno de ese entonces, a través de sus fuerzas armadas, murieron al menos 75 mil personas, muchas de ellas de la población civil.

—En 1980 me incorporo a la guerrilla, en aquel momento se le llamaba el Ejército Popular de  Liberación EPL, ya  en el 80 formé parte de las primeras unidades en el Departamento de San Vicente y comenzamos el reclutamiento de  las milicias a  conformar el brazo armado que  era  la guerrilla— expresó Quintanilla en un entrevista realizada por el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) para un libro llamado "EL RÍO DE LA MEMORIA: Historia oral del Bajo Lempa, zona Tecoluca".

Como en toda guerra se sabe cuándo se inicia y en qué condiciones, pero no se saben cómo acabará y en qué condiciones terminarán los participantes. Las secuelas del conflicto dejó en Israel muchas huellas, una de ellas fue perder su pierna derecha al pisar una mina.

Con la llegada de la firma de los Acuerdos de Paz se respiraban aires de esperanza y que los años de conflicto quedarían atrás. Sin embargo, era el inicio de otro gran camino que ya no se haría con armas sino con ideas. En la misma entrevista realizada por el MUPI, Quintanilla expresó.

—Desde el momento que se dan los Acuerdos de Paz, comentábamos con los compañeros que la situación iba a ser totalmente diferente y que ya cada quien tenía que hacer un esfuerzo propio, tenía que comenzar a orientarse con sus propias ideas.

A partir de 1998 Quintanilla comenzó a formar parte de ALGES, que fue fundada en 1997 procurando velar por los derechos de las personas con discapacidad como resultado del conflicto armado que dejó más de 100 mil lisiados y 10 mil desaparecidos, según el informe de la Comisión de la Verdad. En el país se estima que un 15% de la población salvadoreña vive con alguna discapacidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 10% es a causa del conflicto armado.

El trabajo que Quintanilla realizó después de la guerra le permitió ser electo en el 2006 como presidente de la asociación y en el 2014 fue reelecto para dirigir esta agrupación. Parte de las actividades que realizan, a 23 de años de la firma de los Acuerdos de Paz, es unirse en el marco del día internacional del trabajo a la conglomeración en las calles de la capital para manifestar las diferentes problemáticas y reivindicar la lucha de los trabajadores.

En el comunicado de ALGES para dicha marcha se exigía "oportunidades de empleo y salarios dignos que permitan cubrir las necesidad básicas de todo ser humano, tomando en cuenta que el acceso al trabajo es un derecho universal". Asimismo, el cumplimiento de la Ley de Equipamiento de Oportunidades donde en su artículo 24 dice que toda empresa privada e instituciones públicas deberán de contratar como mínimo a una persona con discapacidad por cada 25 trabajadores, la cual está vigente desde el año 2000.

Al finalizar la actividad, Quintanilla y su grupo de trabajo decidieron retornar a sus hogares, sin imaginarse los grandes acontecimientos que estarían por suscitarse. Ese día, Israel viajaba con su hijo Carlos Alberto Zabala, de 25 años de edad, cuando desaparecieron alrededor de las 3:30 de la tarde mientras se dirigían sobre la carretera litoral entre San Carlos Lempa (lugar de residencia de Israel) y San Vicente. Ambos se transportaban en un pick up 4x4 doble cabina. Se les intentó contactar pero no se tuvo respuesta alguna de parte de ellos.

Olga Castro, quien es parte de la junta directiva de ALGES, en una conferencia de prensa al respecto de la desaparición dijo "nos duele en el alma que pase esto en nuestro país, después de una dura lucha que tuvimos por doce años para que nuestro país viviera en condiciones diferentes". En ese momento, el móvil del hecho parecía un misterio ya que la organización afirmó que ambas personas no tenían problemas de ningún tipo. Sin embargo,  no descartaron que se debiera a una persecución política.

Durante el fin de semana varios equipos se encargaron de buscarlos sin encontrar ningún indicio de su paradero. El 5 de mayo, fue encontrado el cuerpo sin vida de Israel Quintanilla a orillas del río San Jerónimo, en el municipio de Tecoluca, San Vicente. Para ese momento, no se sabía nada de su hijo Carlos Alberto Zabala, quien horas más tarde fue encontrado a unos pocos metros donde se encontraba su padre.

José Victorino Quintero, miembro de ALGES, lamentó el hecho y acotó que "el compañero “chiqui” (como le decían) era una persona humanamente social, de buen entendimiento y esa es la curiosidad con la que vemos el caso". Además, recalcó que este hecho no debe quedar impune ya que la asociación se ha dedicado a reconstruir el país luego de los Acuerdos de Paz.

Posteriormente, sus cuerpos fueron velados en el municipio de Apopa, donde se podía respirar un ambiente de resignación pero también de impotencia al no saber el por qué del hecho. Entre flores, aplausos, discursos cortados por llantos y viejas consignas de guerra fueron despedidos los cuerpos Quintanilla y su hijo Carlos en el cementerio general de Guazapa, llevándose el secreto de lo que paso con ellos.

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La Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador, Héroes de noviembre del 89 (ALGES), espera que no sea este una cifra más de los homicidios en el país y que no quede en la impunidad.

El móvil de los asesinatos aún se desconoce. El diario digital La Página publicó que Quintanilla era investigado por venta de armas a pandillas, pero fue desmentido por la Policía Nacional Civil y el presidente de la República, Sánchez Cerén.

Por su parte, el procurador de Derechos Humanos, David Morales, exigió a las autoridades que investiguen el caso y que se esclarezca lo sucedido.

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Con puños alzados, varias personas hacen guardia como último adiós a Israel Quintanilla y a su hijo Carlos Alberto Zabala. La compañera Margarita dijo que “Israel era un amor con el pueblo, el hacía hasta lo último porque estos se convirtiera en una paz que todo mundo espera”

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