Foto referencia/Internet.

A las cárceles salvadoreñas solo le caben 8,490 personas, pero actualmente tiene más de 26 mil personas, equivalente al 314 % de sobre población según el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública. Muchos de ellos con graves enfermedades pero pagando condena.


Editorial

Hubo un día cercano a los inicios de 1999 cuando el entonces candidato a la presidencia de El Salvador, Francisco Flores, daba la mano al pobre, chineaba niños, abrazaba vendedoras y hacía alarde de sus años como profesional en Ciencias Políticas, dizque compañero de clases del príncipe de Mónaco, y la mejor carta que tenía su partido, Arena, para ganar la presidencia de El Salvador por tercera vez al hilo.

Entre tanta gente que se agolpaba para saludarle estaba Juan Pueblo, un empleado común y corriente de una fábrica textil que ganaba el salario mínimo, tenía baja escolaridad, amante del fútbol y el alcohol que degustaba con sus vecinos del barrio Candelaria en San Salvador. Muy a pesar de los problemas cardíacos que padecía, era “aventado”.

El candidato Flores urgía del voto de Juan Pueblo para llegar al poder. Le prometió hasta la luna si Juan marcaba la bandera de Arena en las elecciones presidenciales de ese año. Juan dubitativo, consideraba si darle o no el voto a Francisco Flores; “parece que ese morenito de lentes se ve buena gente, y tiene apellido de pueblo: ´Flores Pérez´” decía Juan Pueblo en sus adentros.

Llegó la mañana de las elecciones. El Salvador salió a elegir al candidato que parecía tener las ideas que sacarían a este golpeado país de la pobreza y la inseguridad. Esa misma tarde, la gente, millones de personas al pendiente de saber quién había ganado. Juan Pueblo dejó de jugar fútbol y corrió a su casa para escuchar en la radio averiada y polvorienta que tenía, que el ganador, el nuevo presidente salvadoreño sería Francisco Flores. Juan Pueblo sonrió y dijo “ya me lo esperaba”.

Transcurrió el tiempo, y Juan Pueblo, en una de sus borracheras, no supo controlar sus impulsos y robó una gallina del terreno de su vecino que le costó la prisión. Ahora Juan estaba en la cárcel mientras el nuevo presidente en su residencia.

Juan Pueblo fue condenado a 20 años de cárcel. Todo había terminado para aquel hombre sencillo. Una noche después de un partido de fútbol en “Mariona”, se comenzó a sentir muy mal. Su pecho le dolía como nunca. Se cayó al suelo y comenzó a retorcerse del dolor pidiendo ayuda. Los guardias lo sacaron y llevaron de inmediato a un hospital donde su diagnóstico no era nada alentador. Juan padecía una enfermedad que le impediría estar bajo presión. “Ya no es recomendable que esté en la cárcel” dijo el médico que lo atendió.

Por su parte Francisco Flores dejó de ser presidente. Se fue a disfrutar un tiempo de la fortuna que hizo, pero años después sería revelado que él participó en el mayor escándalo de malversación de fondos públicos. Lo acusaban de haber robado más de $10 millones de dólares que venían para ayudar a la familia de Juan Pueblo tras un fuerte terremoto.

Inmediatamente huyó de la justicia hasta que una mañana decidió entregarse. Inmediatamente la gente y la familia de Juan Pueblo intentaban saber qué sería del expresidente. Tras saber que fue enviado a su casa bajo el arresto domiciliar, sintieron una frustración tan grande que no les tocó de otra que reclamar.

Tan fuerte fue el reclamo, que la justicia salvadoreña lo llevó a una bartolina. Hasta ahí, todos pensaban que era lo justo, sin embargo supieron que al expresidente le llevaron un colchón cómodo y una máquina para ejercitarse porque padecía de trombosis y necesitaba caminar.

Mientras, Juan Pueblo, también en prisión (la de los pobres) sufría los dolores de su corazón, y la falta de atención médica que tenía en Mariona. “¿Por qué a quien yo le ayudé a ser presidente tiene todas las atenciones, y a mí ni una aspirina me dan?” se preguntaba en su celda.

Francisco Flores, incluso fue trasladado a un hospital cinco estrellas, con todas la atenciones, al punto que no habían pasado ni dos meses cuando los médicos dijeron que su estado de salud no le permitía estar en una prisión, y por orden del juez, volvió a su mansión en una exclusiva colonia de San Salvador.

Lo más reciente, el expresidente será intervenido quirúrgicamente el mismo día de su audiencia judicial, el 3 de noviembre de 2015.

Ahora uno descansa en mansión, y otro se muere en prisión.

“La justicia salvadoreña solo sirve a quien tiene dinero. Sí él fuese un empleado textil sueldo mínimo, estaría aquí conmigo, con Carlos, con chepe, con toño, con Paco, y con todos nosotros los que no importamos” sollozó Juan Pueblo.

A esta hora exactamente hay cientos de Juan Pueblo que tras los fríos barrotes de una prisión tercermundista, sufren enfermedades gravísimas y que deberían tener atención médica y quizá un indulto para salir de allí.

A esta hora exactamente quien le robó millones de dólares a Juan Pueblo, un hombre moreno de baja estatura, descansa en el cómodo sofá a la orilla de la piscina que tiene en su residencia.

A esta hora exactamente, hay muchos “Francisco Flores” que no importan.

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