Edwin Alexander Mejía salió de El Salvador buscando escapar de la pobreza, marginación y de las pandillas, pero en su travesía por México, rumbo a Estados Unidos, desapareció. Su madre lo busca desde hace tres años y ni el gobierno salvadoreño ni el mexicano le han una respuesta sobre su paradero. Mejía es tan solo la muestra de los muchos que se van a diario de El Salvador, también es la muestra de los que desaparecen a diario. 


Por Edgar Rosas*

La madre de un joven desaparecido seguirá hasta el final del camino, y hará lo que esté en sus manos hasta encontrarlo. Así lo piensa la señora Aracely de Mejía, ciudadana de El Salvador que desde hace poco más de tres años no sabe nada de su hijo, Edwin Alexander Colindres Ramírez.

El salvadoreño de 35 años de edad, desapreció en México, como tantos migrantes más que son víctimas del mismo delito. Lo último que se sabe de Alexander Colindres es que llegó a la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, donde ya nunca más volvió a hacer contacto con su madre.

“Busco a mi hijo. Lleva tres años desaparecido. La última vez que tuve comunicación con él fue el 14 de septiembre de 2012. Él estaba en ese momento en Reynosa, Tamaulipas. Sólo me dijo que le faltaba poco tiempo para estar en el otro lado y que al llegar se iba a volver a comunicar conmigo, pero desde entonces no se ha comunicado. Ya no supe nada. Me quede con la idea que ya estaba a punto de cruzar la frontera”, dice la señora Aracely a Revolución TRESPUNTOCERO.

La madre de Alexander califica como “desesperante” el tiempo que ha pasado desde la última vez que supo de su hijo. Al charlar con este medio se muestra triste luego de no tener respuestas ni del gobierno salvadoreño ni del mexicano. Sin embargo  se dice con la esperanza de hallar a Alexander.

“Me quedé esperando una llamada, o alguna respuesta, pero hasta hoy no he sabido nada. No pierdo la esperanza, eso es lo último que se pierde, y me mantendré hasta tenerlo de vuelta”, asegura con un tono sobrio.

Al narrar la historia de sus últimos tres años, sostiene la foto de Alexander. Aracely, al igual que otras madres más estuvo en México el mes de diciembre pasado, donde recorrió diversas regiones del país junto con la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos.

La Caravana 2015 es la primera en la que participó Aracely. No obstante esto no significa que sea el primer esfuerzo que ha hecho para encontrar a su hijo.

Luego de perder contacto con Alexander, Aracely buscó al gobierno de su país con la intención de que emprendiera acciones contundentes para hallar a su hijo. Ni cancillería ni derechos humanos pudieron dar certezas a la madre angustiada.

“Primero fui a dar datos al gobierno de mi país, a cancillería, a derechos humanos, pero no tuve resultados. Ya en derechos humanos me tomaron las pruebas de ADN de mi hija, y las mías, y hasta hoy no he tenido resultados por parte de ellos.

“Luego ingrese al comité de COFAMIDE, que son un comité de madres de hijos de desaparecidos y fallecidos, y por medio de ellos logre ingresar a la Caravana. Es por eso que estuve en México. Eso también gracias al Movimiento Migrante Mesoamericano que nos apoyó y apoya mucho y nos abre muchas puertas y muchas esperanzas de encontrarlos”, dijo.

En momentos de la charla, el llanto se asoma en los ojos de Aracely. Sin llegar a dominarla, y sólo con la voz cortada, la madre salvadoreña continua su relato. A pesar de ser un camino de desesperación, asegura, también es un camino de esperanza.

“Ha sido un recorrido de desesperación. Un camino de esperanza de poder encontrarlo un día, o de poder recibirlo en mi casa. De recibir una llamada y nunca llega. Es muy duro. Mi hijo tenía 32 años cuando desaprecio. El mes de diciembre que acaba de concluir cumplió 35 años.”

Sobre su andar por México acompañado a la Caravana, Aracely reconoció la disposición de los sectores de la sociedad civil que los apoyaron. A pesar que pudieron recorrer cárceles, albergues y otros sitios en busca de sus seres queridos, pidió al gobierno más voluntad para poder emprender acciones y hallar a las miles de víctimas de desaparición.

“Se nos han abrieron las puertas, aunque nuestra exigencia es que nos abran más las puertas de los penales, de los hospitales, de los albergues, y que nos den algún acceso a datos, a las listas de todos los presos que estén en las cárceles.  Y si es posible que les tomen una foto a cada uno de ellos, con su nombre, porque a veces ellos se cambian el nombre para no ser identificados, y con la foto poder tener una mejor oportunidad para encontrarlos”, expuso.

Alexander Colindres salió de El Salvador debido al contexto adverso que vive la población. Falta de empleo digno, oportunidades para el desarrollo, y la criminalidad son factores, que según la señora Aracely acotan el margen de maniobra de los salvadoreños obligándolos a buscar opciones fuera del país para tener una vida digna.

Los Maras, de manera particular, es un fenómeno latente que lacera a la sociedad, advierte la madre del joven.

“En El Salvador el problema que se ha dado mucho, más ahora, es que nuestro gobierno dolarizó la moneda nuestra. Desgraciadamente nosotros gastamos dólares, pero ganamos colones; nuestra moneda se devaluó tanto.

Y es dólar lo que gastamos, de todo eso nuestra economía se vino para abajo. Y al no tener oportunidades, carecemos de recursos, más la delincuencia que nos vino a afectar más con lo de las maras, las extorsiones, y la falta de oportunidades, las brechas que de alguna manera siempre existen, entonces todo eso nos ha afectado. Y la mayoría de nuestros jóvenes, huyendo de la delincuencia, porque a veces ellos no quieren participar en maras, o en grupos delincuenciales, los amenaza, entonces tienen que buscar un mejor horizonte”, explica para ilustrar las razones por las que tantos, como su hijo, buscan el sueño americano.

“Mi hijo se fue para buscar ese mismo sueño americano que todos buscan; de tener una mejor calidad de vida que la que tenía en El Salvador, para ayudar a su hijo; él tiene un hijo de 17 años. Y pues para mejorar a la familia.”

El contexto de violencia en contra de migrantes es sabido en los países de Centroamérica. Aracely asegura que Alexander conocía este panorama adverso que padecen las personas en tránsito por México. Sin embargo, las ganas de tener una calidad de vida digna, asegura, lo obligaron a emprender el camino a sabiendas de los riesgos.

“Él sabía de lo que pasaba. Incluso antes que él saliera le dije que sabía los riesgos que corría, y que no se sometiera a tantos peligros porque se oían muchas cosas que pasaban en México. Ya había pasado lo de la masacra de Tamaulipas (San Fernando) y yo como madre todo eso se lo hice saber, pero él me dijo que sea como sea él había intentado salir adelante en nuestro país (El Salvador) y por falta de oportunidades pues no se podía lograr algo más y que por eso él se arriesgaba a ir a Estados Unidos”, apuntó.

Aracely describe a Alexander como un muchacho activo y trabajador. Asegura que en su trayecto hacia el norte se ganó el cariño de la gente por su actitud. Incluso, asegura, le ofrecieron trabajo en México.

“Mi hijo es un muchacho activo. Por cierto cuando él se fue, y la última vez que me llamó, me dijo que él iba arreglando los carros en las ciudades que pasaba, porque él sabe de mecánica, de electricidad en los carros.  Para mi es el mil usos. Iba arreglándole techos a las casas donde se quedaban los migrantes, les cocinaba, les arreglaba las tuberías de aguas negras porque estaban dañadas. Hasta me dijo que le habían ofrecido trabajo. Él era…bueno para mí es, porque todavía no tengo un cuerpo, la certeza de que ya no este, pero es un muchacho alegre, educado, muy luchador; era de todo terreno”, dijo.

Como todas las madres que se encuentran en la lucha, el objetivo es uno solo: hallar a su ser querido. “El mensaje es hasta encontrarlos, hasta el final, no vamos a descansar hasta encontrarlos”, concluyó.


*Edgar Rosas es un periodista mexicano de la red Revolución TresPuntoCero de la que la Revista GatoEncerrado (elsalvadorTresPuntoCero) es parte.

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