Dibujo: Anna Theißen.

 

Por Tania Primavera

Cielo de enero, temprano en sábado. Subió con sus botas verdes y falda de lino al bus de la 44. Como siempre, lo mismo, esperaría abrir su libro. Que la transporta en el viaje mismo. Pero nota algo extraño, el chofer del bus… ¡saluda! ¿?. Le contesta. Y entra.

Es una chatarra, pero está súper limpio. Busca la ventana donde entra el sol. Hace frío. Abre el libro, no puede concentrarse. Pero es La Cofradía del Anillo, de Sergio Flores, escritor de San Vicente, muere por seguir leyendo. Algo la distrae, es la música, es la camiseta del chofer que dice en su espalda “Las armas son la solución”. Sigue curiosa. No logró ver qué más decía, pero su aspecto era alegre, las arrugas marcadas, moreno, no tan ruco, gorra camuflageada, amable y sociable. Hablaba solo, despejaba dudas del tráfico.

Frente a la UES se encontró con otro chofer y le sugirió que apagara sus luces, que ya había amanecido. Prosigue. Manejaba bien, respetando las señales.

Ya no pudo leer. Mejor cerró el libro, lo guardó en el morral del monge de Siem Riep que le envío su hermana. Escucha de repente la música, es La Batalla de San Felipe, de Los Torogoces de Morazán. Mmmm algo raro, jamás escuchado por ella en el bus. Porque lo que ve subir siempre son pastores evangélicos, vendedores de dulces, bichos pidiendo, ladrones, músicos, descalzos, enfermos… Pero nunca vio un chofer de seguro excombatiente guerrillero. Su gesto solidario sorprende. Su rostro radiante, lo veía a través del retrovisor.

Cuando pasó por Los Torogoces gigantes del redondel de la colonia San Luis,  pensó en que los verdaderos pájaros se asustarían tal vez con esos gigantones. Observó que cantaba la canción siguiente La Compa Roxana, también de Los Torgoces, el mismo grupo musical surgido de los campesinos en la guerra civil de los ochentas entre las montañas de Morazán, al oriente de El Salvador.

Pero ya tocaba bajarse. Llegó a la parada. Rumbo al santuario de la memoria-casa abierta entre el pasado y presente donde pasa. Y sólo lo volteó a ver. El chofer abrió la puerta trasera del bus, y siguió alegre cantando sus canciones.


tania

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