Foto/Galería Surú

Por Tania Primavera

Nada. Una gota puedo hacer. Una gota que pueda darme el valor de contar desde la memoria personal a lo cotidiano. Memoria de un instante. De una eternidad. No tiene encargo. No tiene pretensiones. Solo surge, como dijo un poeta, como un rayo, así como un rayo surge la gota de néctar. Rayos  de luz, antes que la memoria olvide.

Hay gente que últimamente me pregunta cosas que he olvidado totalmente. Cociné espagueti  para dos niños de Tepecoyo, hijos de una empleada de una organización que me encontré hace poco, solo me dijo eso que me recuerdan por eso.  La primavera no se detiene. Muchas historias jamás contadas, son gotas.

Puestos los códices secretos. Los paisajes, las canciones que no existen. Solo en sueños. Gota que surge con voz de esperanza. Invocando en la desesperación. Retoñando, ante la desolación. Como en el desierto. Las formas tienen temas, de repente conté la historia de “La Pana”, “Buscando el iixpantilía en la Puerta del Diablo”, “Veredeando en El Espino”, “Noche en La Condesa”, “Las plañideras de Santa Ana” ...

“Nada” de Kijadurías llega a mis manos, su portada negra causa sorpresa en algunos. Ahí los poemas son testimonios. Nada, nada, nada. Y lo hago rotar, ahora esta en manos del Gato.  Gotas que han logrado permanecer después de un año, 366 días, bisiesto. Nada.

Una gota  puedo hacer. Vuelvo al estudio. Días y gotas. Nada.


tania

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