Por Tania Primavera

No había dejado de pensarlo. Se iría al lago. No se levantó para ir a tomar energías. El adorado santuario Coatepeque es al fin colores desde arriba. Prismas. Chuchos. Pinturas, libros.  Al fin que tenia siglos sin ir. Donde vio al volcán erupción del 1 de octubre al tomar café el 2005.

El sol entra por las mañanas el azul Surú también. Las flores del jazmín encuentran el aroma y recojo unas. Las bromelias, el árbol de pimienta, los senderos entre izotes.

Antes, hace tiempo cuando vivía en Santa Ana, bajando la carretera en la adolescencia un 15 de septiembre, subiendo y bajando al cerro verde. Al regreso los ojos de los animales asustados de invadir todo su hábitat. Ellos están ahí somos los invasores.

Si llegaron con el ruido que no es de ellos son observadores atacantes como los ojos de las pinturas de Mauricio Valiente. Otro pintor desconocido de por ahí.

Las olas se confunden flor en el agua del lago acua azul. Se acerca a la orilla del precipicio con vista a todo el lago de Coatepeque. Los anteojos. La isla. El volcán. Es una tarde gris. El silencio.

Surú, acoge confianza. Surú por fin Surú. Las fotos. Las flores. Los mangos. Los perros. Las flores. Los izotes llegan a los anteojos. Es el mural más grande.El ave que vuelve el ave que busca el arte. Y regresa a encontrarlo al verdadero. Ese es Surú.  Entre la desventura regresa luminosa vigorosa con la séptima piedra del collar.


tania

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