Fotos y video/Erika Mejívar

Ahí descansan y vuelven a la vida cada día con cada visitante, las historias, andanzas y malandanzas de figuras como Salvador Salazar Arrué (Salarrué), el poeta Roque Dalton, Monseñor Romero, Prudencia Ayala, personajes del conflicto interno de la década de 1980 de El Salvador, entre otros


Por Redacción Gato Encerrado

La sociedad intenta convencer a sus ciudadanos que luchar por los derechos y rebelarse contra toda forma de injusticia es malo, peligroso y mejor no meterse. Pero hay un lugar en San Salvador que lejos de ese pensamiento, resguarda, atesora y expone la vida y los hechos de quienes decidieron no quedarse callados, luchar y dar la vida por lo que consideraron justo; sin su lucha, los beneficios actuales no habrían sido posibles. El Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) hace una oda a la rebeldía salvadoreña.

Ingresar a su sala de exposiciones es como meterse en una máquina del tiempo y viajar a los grandes y fatídicos escenarios de las injusticias y luchas sociales por las que ha atravesado El Salvador a lo largo del último siglo.

Ahí descansan y vuelven a la vida cada día con cada visitante, las historias, andanzas y malandanzas de figuras como Salvador Salazar Arrué (Salarrué), el poeta Roque Dalton, Monseñor Romero, personajes del conflicto interno de la década de 1980 de El Salvador, entre otros.

“Cuando se firman los Acuerdos de Paz en 1992, comenzamos con la idea de recoger materiales documentales que hablaran sobre las luchas sociales, el conflicto armado y posteriormente la misma sociedad fue moldeando, mostrando el rumbo que debía seguir el museo”, dijo a GatoEncerrado, Carlos Consalvi, mejor conocido como “Santiago”, director del MUPI y fundador de la legendaria radio de izquierda, “Venceremos”.

Santiago cuenta que en 1996, en la denominada La Luna Casa y Arte se hizo la primera aparición pública del museo con la presentación del libro “Luciérnagas en El Mozote”, del cual él es coautor, con el fin de dar a conocer el tema de la masacre de El Mozote en búsqueda de verdad, justicia y reparación.

Los archivos históricos que se encuentran en el museo han sido en su mayoría donaciones de familiares de los emblemáticos personajes que ayudaron a construir la historia de este país con sus rebeldías.

Al ingresar al MUPI te reciben sendas fotografías y exposiciones de hechos como la masacre indígena de 1932, ocurrida luego de la lucha de campesinos indígenas contra las injusticias establecidas por el entonces presidente Maximiliano Hernández Martínez.

Los senderos del MUPI te llevan por una línea de tiempo de la historia del país y llegas a las exposiciones de fotografías tomadas por el beato Óscar Arnulfo Romero, pues una de sus pasiones era la fotografía. Dicho material, fue donado por familiares y amigos de monseñor.

El recorrido continúa entre las increíbles pertenencias de Salarrué y Roque Dalton que dibujan un panorama de la situación política, social e intelectual de El Salvador en sus ápocas.

Y una de las exposiciones imperdibles es la de la guerra civil de El Salvador. Una sala dedicada a la legendaria Radio Venceremos, esa que fue tan perseguida pero tan amada como odiada. La misma que se atrevía a burlarse de los soldados y de rebelarse contra sus estrategias, al punto que autoridades militares como el coronel Domingo Monterrosa la añoraba tanto como un trofeo de guerra, que fue esa ambición la que le terminó costando la vida.

Asimismo se encuentran exposiciones a la memoria de Prudencia Ayala, la primera mujer candidata a la presidencia de El Salvador cuando era prohibido que las mujeres participaran de esos eventos.

Tania Primavera, bloguera de “Gotas de Néctar” de Revista Gato Encerrado, es la encargada del área de Comunicaciones del MUPI. Ella asegura que el archivo histórico es la base del museo, y es ese mismo al que se esfuerzan en cuidar de mejor manera para que quede como legado para las futuras generaciones.

“Hay un equipo del archivo histórico que con colaboraciones de estudiantes que hacen sus horas sociales aquí. Básicamente el trabajo diario consiste en restauración, digitalización, limpieza, orden de todo”, expresa Primavera.

Ella explica que el MUPI tiene un convenio con el Ministerio de Educación para que estudiantes visiten sus instalaciones como guías para tareas, además de que personal del MUPI realiza exposiciones itinerantes en distintas escuelas a nivel nacional.

“Vamos sobreviviendo por nuestra publicaciones, las entradas del museo y los convenios que tenemos con otras organizaciones que apoyan proyectos de prevención de violencia y cultura de paz”, explica Tania, sobre cómo el MUPI ha logrado navegar y mantenerse 20 años a flote.

Sin duda un lugar en la capital salvadoreña que no puedes dejar de visitar, pues este museo forma parte del circuito turístico denominado “Memoria histórica”.

La entrada cuesta un dólar.

Comenta

Publicidad