Por Tania Primavera

La compu se desconecta a cada rato. Los cables se los ha comido La Noche. Al atardecer, desde una ventana, apenas y con las hojas del árbol de  mango enfrente. Las flores bouganvileas y vos, solo, sola,  en la memoria. En la casa del árbol de limón. Por ahora cueva.

Retrocediendo el tiempo, los tejados de la casa de la sexta, empedrada aún. En la vieja casa con patios. Ahora el cielo es acua oscuro. Y es la belleza viva. Solo en un pedacito de cielo de Cuscatlán. Las tejas en la casa vieja de la infancia. Los muros de adobe. Él ya estaba envuelto en su revolución. El Salvador iba a la deriva. La lucha era un ideal. Era cosa seria. Muy seria. Sus escapes. Sus silencios. Los sabían, Alice y él.

Pero cuando él estaba en el casa del barrio, donde habían niñas y niños que jugaban juntos, en esa calle, era donde compartía con los cuatro. Dos niñas y dos niños. Hacía subir el volumen de la música. Un zumbido de luz del recuerdo viene por la cultura mas dentro, la que sacude el sentir, hace mover, sentir.  La memoria.

A subir al techo. Subiendo a escuchar desde Mozart, Rimski Korsakov, a Led Zeppelin y ver las estrellas. La manera de caer. Al término de esas sesiones. Si no mas bien una lección. Después desapareció. Esos días de títeres en las fiestas, de alegría, de monedas de chocolate, se fueron.

En las faldas del cerro Santa Lucía, casi en las afueras entraron a un lugar, había unas casas pero a veces los llevaba a caminar por un sendero que se conducía a ríos con cuevas, grandes rocas, que llegaban hacia otras partes de la urbe. Caminaban entre los barrancos. Encontraban serpientes de coral rojo y negro. Les mostraba la belleza.

*También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.

 

Tiempo en lapsos “la cultura es como el pan”, es el alimento realmente.  Roque Dalton lo dijo bien, “como pan”. Pero es también oportunidad de buscarla. Aunque aun hay quienes no la tienen. El niño-joven de vestido de gris eterno,  nuevamente limpia parabrisas cerca del camino hacia el santuario de la memoria. Solo cruzadas las miradas. Duende. Sin escuela. Ahí sus manos sucias sin un lápiz.

Ahí sus pies descalzos. La cultura es pan, paz, pan, pan, alimento. Cena, desayuno, almuerzo, a toda hora,  para dos, para tres, para todos y todas. ¿Él tendrá ese alimento?

*Frag. Poema Como Tu, del poeta salvadoreño Roque Dalton.


tania

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