Por Tania Primavera

Amaneció en el Olimpo. Más bien no durmió, espiaba por la ventana desde esas alturas, donde veía el cerro San Jacinto, las luces, aun de la noche. Insomnio. Nada. Seguía sin amanecer. Hasta que al fin el cielo se tornó rosa, poco a poco el sol candente comenzó a salir. El cerro Guazapa y el volcán bajo esta la ciudad. Después de los años vueltas al sol. Volver al Club cerrado. Encontrar amigos perdidos en el tiempo. Recordaron a los poetas. Hablaron de las dictaduras, de los elefantes, de Camboya, los colores de los pantalones. Se sirvieron un gin tonic.

Nam Myo Ho Ren Ge Kyo

Repite mejor. Los pensamientos, mandar a otro plano. No quiere pensar en nada. Parte de cero. El camino por venir. En la fuerza, en el pelo que trenza.

Salió a ver la vista matinal y se dio las gracias ...Gra-ci-as … Graci-as... espera el tiempo, espera el universo. La terraza es para el café. El concierto de covers estuvo bien anoche, pero a lo lejos y se oía todo desde ahí. La ciudad está despejada después de la noche intranquila. Sin poder escribir. Recordó lo dicho. La palabra-tambor, como el sonido mas parecido al de un corazón.

Estamos en medio de la abundancia, el café Pacamara, la luz que entra amaneciendo. Estamos en medio del televisor apagado, para qué ver noticias. Mejor escuchamos sonidos Thai. Se convierten en aves de oro. Un instante. Son hermanas de las flores. Pueden darse duro con palabras y decirse de todo. Para retornar aterrizando con las plumas intactas. La belleza llaman. Que no falte. Voltean y logran ver a la elefanta Manyula que duerme en la figura del cerro San Jacinto, en sus formas, como describe un escritor de cuentos. O la forma de una ballena en el volcán de San Salvador, como leyó en un poema del siglo XIX.

Se acuerdan de la antigua biblioteca, de su amigo, es una casa que se parece a donde creció Alice. Hay un pasillo donde en ambos lados hay decenas de bustos de personalidades y artistas del mundo, para luego llegar a un corredor y el jardín, cuadrado en medio de la casa. Ahí esta la tumba. Los libros. La casa. Vera  en transición, recuperando los aromas, los pétalos que forman sus dedos, toca al mago imaginando, al instante. Oyendo el jazz de siempre. Situó sus ojos a la pintura abstracta amarilla hecha en el cuarto oscuro hace tiempos, en el búnker.

Abrís una puerta, y entró una luz. Mejor despeinada. Soltar, abrazar, soltar y abrazar. Nada es casual. Desde la rosa zona, en la pared el cuadro pintado en el cuarto rosa. Las hermanas se despiden. Camina con la blusa hindú. Llega al rincón de la memoria. El sol del medio día compite con su brillo. Cae la tarde. Encuentra la manera de decir la palabra. La palabra. Para encontrar. La palabra que viene desde adentro. Sola. La escucha. Desde que llegó a casa. Llueve. Tarde gris. Noche negra sin lluvia. Uñas pink.

Dibujo: Salarrué.

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