Pobladores del sur de Ahuachapán se han unido y concientizado para rescatar más que un bosque de mangle, su equilibrio ambiental y su fuente de subsistencia que se ha visto amenazada por fenómenos ambientales y por la mano del hombre a través de la industrialización.


Por Clanci Rosa

Mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos de las comunidades de Garita Palmera y Bola de Monte al sur de Ahuachapán en el occidente salvadoreño, se organizan para reforestar los manglares de la zona que han sido afectados por fenómenos como el mar profundo o por la intervención humana, y que han sido devastados al punto de ser deforestados.

El manglar es un área biótica formado por árboles muy tolerantes a las sales existentes en la zona intermareal cercana a la desembocadura de cursos de agua dulce en latitudes tropicales y subtropicales, fundamentales para el equilibrio en los ecosistemas, sin embargo, los manglares de las zonas mencionadas, han sido amenazados en los últimos años por plagas, cambios en las mareas del mar y por depredación humana.

 “El objetivo es restablecer las zonas que han sido perjudicadas, por ejemplo en el oleaje del 2 de mayo, así como también una plaga que nos dañó parte de la manglera, ahora con todas estas personas nos disponemos a reforestarlo”, indicó Manuel de Jesús Trigueros, Secretario de la Asociación ambientalista Istatén, que trabaja en la zona.

Corbos, cumas, cuchillos, son algunas de las herramientas que se utilizan en el proceso, que inicia cuando se inserta una de estas herramientas en la tierra, se saca la planta con raíz y es depositada en una bolsa que se cubre con la cantidad de tierra necesaria; esta extracción de planta cabe recalcar se realiza en las zonas donde hay abundancia y son llevadas a plantar en las zonas deforestadas, esta es solo una forma de hacerlo, pero hay diversidad de ellas.

Después del fenómeno del alto oleaje, las consecuencias están a simple vista, hay deforestación, pero ahora entre la desolación, resurge la esperanza, la plantación de mangle rojo se levanta, “usted puede ver las plantitas, se pegaron, eso es bueno, en unos años podríamos recuperar lo que se perdió con este fenómeno, apunta emocionado Trigueros.

Fotogalería: Clanci Rosa

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El pasado 3 de mayo, Revista Gato Encerrado dio a conocer cómo algunas malas prácticas agrícolas del sector de caña de azúcar, interrumpieron el flujo hídrico entre el rio Paz y el manglar Garita Palmera para regar extensos cultivos de caña de azúcar.

Dicha acción causa serios problemas  la salinización de los manglares, esto evita que especies de moluscos se reproduzcan y crezcan para luego ser comercializados por personas de estas zonas, siendo esto la forma de subsistir de las familias habitantes del lugar.

El presidente de la Asociación Istaten, Álvaro Orellana explicó en qué consiste el proyecto de reforestación: “tenemos que reforestar  30 hectáreas de zonas críticas, reforestar 82 mil de mangle blanco y botoncillo, así como  mangle rojo, cada árbol tiene su lugar donde convive, el proyecto viene para seis meses, comprende igual la creación canales para que les llegue agua donde se va reforestar, el proceso se lleva a cabo en el botoncillo y tamarindo”, apunta.

Istatén trabaja en conjunto con la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) y reciben capacitación en las técnicas de reforestación por el Ministerio de Medio ambiente y Recursos Naturales (MARN) según lo indico Orellana.

Asimismo subrayó el incentivo económico que reciben las personas que trabajan en estos proyectos, que no siempre cuentan con una remuneración pues la mayor parte del trabajo es voluntario “hay un pequeño incentivo monetario de $7.20 por el día, solo cuando hay proyectos, de ahí mantenemos la vigilancia permanente que es totalmente voluntaria”.

Sin embargo, no todo es sencillo en el trabajo de estas comunidades, según explicó Orellana, una de los obstáculos más grandes que tienen es la desvalorización que ciertos sectores le dan a este trabajo, pero dice que es parte de la insensibilidad que hay respecto al tema, por ello las capacitaciones brindadas por UNES y el MARN les han ayudado para concientizar a la gente de la importancia de preservar los bosques y todos los recursos. “Ahora se ha avanzado en generar conciencia de la importancia de nuestro trabajo, decirles que no se trata de quitar medios de vida sino proteger porque los bosques son vida refugio y comida” indicó.

Con este tipo de actividades, los pobladores garantizan el equilibrio ambiental dela zona y la posibilidad de generar ingresos a través de la extracción de crustáceos de los manglares y de la preservación de los mismos.

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