Por Tania Primavera

(historias urbanas de los noventas)

Los dedos llenos de tierra, arañando el suelo, al llegar todavía faltaba un caminito que te podías caer, cruzabas, y ahí estaban… unas mesas de madera de pino. La X. Una tienda donde podías “estar”. La ciudad era un racimo de lucecitas al ocaso. Podías ir a toda hora. Siempre había alguien. Había silencio o te ponían la música que llevaras. Frío. En San Salvador. Lo prohibido no era, porque nada era prohibido, no le veíamos lo malo a las cosas. Aunque siempre hubo excedidos. Todos eran amigos. Solo iluminados conocían. No era un lugar lujoso para nada. Pero la vista a la ciudad y el ambiente era el imán. Los grillos. El sonido de la noche.

Además de la tienda de La Pana, también estaba La X. Este lugar, realmente era una champita en la colina, en la colonia Escalón siempre. Pero había que subir con las manos. Se estaba deshaciendo las graditas de tierra para llegar. Vendían cerveza a menores de edad. Había desde ahí una vista bellísima, una mirador increíble, desde donde ya se veía con tristeza la deforestación hacia el volcán, para construcciones de las nuevas casas que hay allí hoy.

Dónde estará esa gente?, no me acuerdo de sus nombres. Atendían una señora, un hombre. Seguro que los deben haber echado a la calle. La policía merodeaba. Al menos cuando yo estuve nunca llegaron. Es que todo eso se fue destruyendo gradualmente. No recuerdo los perros como en La Pana. Recuerdo mas los pinos. Todo esta construido. La ciudad crece. Los árboles fueron cortados. No existen mas esos espacios.

Los que íbamos debíamos guardar el secreto, Secreto de nada, nada

Todos los días. Siempre. Con o sin luna o siempre había un auto parqueado. Cualquier día de la semana. Una vez, estaban ahi, tenían música. Se llevaban bien. Habían tomado y fumado demasiado. Fueron a La X. Pero se quedaron en el mirador. En eso estaban cuando llegó la policía y los acusó de actos inmorales. Casi los llevan. Pero no. Pasaron años. Estaban en una linea de esta breve dimensión invisible de tiempo, con luz y flores. Una tarde con pastel, palabras, olvido.

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