Por Tania Primavera

Por su manera de pintar le dijeron comunista, pero también derechista. Pero él sentía, vivía el tiempo, su tiempo, dejó un registro en la memoria contemporánea de El Salvador, con su obra plástica se convierte en un referente de su generación, es el genial Carlos Cañas.

Conocí al pintor Carlos Cañas un día del año 2006, trabajaba en el servicio cultural de cancillería, tuve que ir a recolectar las obras de cinco pintores para una exhibición de arte que se haría en Miami. Me encomendaron ir a casa de Carlos Cañas. La verdad es que no sabía casi nada de él. Al abrir su puerta, vi que era medio bravo, serio.  Llegué con mi sonrisa. Y me preguntó si a mi me mandaban, y me invitó a entrar.

Habían cientos de pinturas de diversos tonos y colores. Unas puestas en las paredes, otras por el suelo. Por todos lados. Ese día él me tenia que dar cinco obras. Las escogió y me las llevé. Eran de colores cálidos pero no recuerdo sus detalles. Eran abstractas. Esa fue la única vez que lo vi de cerca y muy contento se despidió. Al ver sus pinturas, algunas extrañas otras no tan definidas y otras mas realistas, noté que era extraordinariamente humano, observador y muy valiente.

“El amor, arma de los guerrilleros” Carlos Cañas 1981. Colección MUPI

Considerado precursor del arte abstracto en El Salvador. Carlos Cañas nació en San Salvador, el 3 de septiembre de 1924. Su obra es cambiante en estilos, texturas y formas, pero siempre dirigida a ser luz y voz, llegando a ser también política y social.  Estudió en la Escuela Nacional de Artes Gráficas de El Salvador y en 1944 egresó como profesor de Dibujo, Pintura e Historia del Arte. 

En 1945, lidera un grupo de jóvenes artistas “Los Independientes”,  de raíces proletarias quienes se oponían a “Los académicos”.  En 1950, partió a Madrid, España para estudiar en la prestigiosa la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, becado por el Instituto de Cultura Hispanoamericana, gracias a gestión de Raúl Contreras. Su estancia en esos años en España, le hace conocer de cerca el humanismo, se siente acogido por sus compañeros y amigos. En ese país conoce a su esposa, Carmen Gutiérrez Verde, con quien compartió toda su vida. Durante los siguientes ocho años expone en ciudades de España, Alemania y Francia.

Retornó a El Salvador en 1958, y funge como catedrático en la Escuela de Arquitectura en la  Universidad de El Salvador. Causó una revolución en el campo de las artes. Mostró su trabajo “cubista” en una exposición en la Universidad Nacional, el cual fue rechazado y destruido.  Eso le causa un gran impacto y tristeza, pero también rápidamente resurge su coraje y necesidad de expresarse, realiza mucho arte abstracto, continua trabajando intensamente, nunca se detiene.

La cúpula de la Sala Principal del Teatro Nacional de San Salvador fue pintada por él magistralmente. A través de sus obras, también denunció violaciones a los derechos humanos, como la serie Testimonios”, que retrata el allanamiento militar a la Universidad de El Salvador hecho ocurrido en 1972.  También uno de sus cuadros mas impresionantes es  “Sumpul” realizado en 1984, en memoria a las víctimas de esa masacre ocurrida en Chalatenango en 1980,  una multitud de gente atravesando el río Sumpul, fronterizo con Honduras, muertos por el ejército nacional y por soldados del pais vecino. Un cuadro sumamente interesante es “Los Perros”, como seres mitológicos o  cadejos,  el bien y el mal, entrelazándose, en color rojo y negro....

Desde junio de 2011, el Museo de la Palabra y la Imagen resguarda es su archivo dibujos realizados y firmados por Carlos Cañas realizados entre 1980 y 1981.  Revelan escenas del guerrillero, dibujos nunca expuestos y enviados por el artista a la solidaridad internacional que recaudaba fondos para los refugios de El Salvador, durante el conflicto armado de los ochenta. Estos impresionantes dibujos, son denuncia clara en contra de los cuerpos represivos del gobierno.

Supongo que realizaba estos dibujos a  costa de su vida, el arte llamaba, el presente que se vivía lo impactaba, lo dejó reflejado con total belleza a pesar de la escena surtida de armas y flores, y humanos dandose caricias o tocando una guitarra en una cueva.  Era un arte “suvbersivo” para mucha gente. Y ser subversivo era la muerte. Son estos dibujos unos de los que mas me impresionan de su trabajo. Su detalle y vivencia. El simbolismo que retrata. La simplicidad de color y la representatividad en ese momento en que hizo estas obras.

En 1984, el Museo Forma le realiza una retrospectiva de toda su vida (1938-1984), mostrando 105 cuadros. Diferentes epocas.  Continua plasmando sus  vivencias como en la serie “Hospitales”, que refleja la tristeza, la soledad, los enfermos, el dolor, la pobreza. Siempre hay una pregunta en las pinturas de Carlos Cañas, siempre cuenta un cuento. Durante cinco años, de 1996 a 2001, ejerció el cargo de director del Centro Nacional de Artes (CENAR).

Regresando a 2006, una vez, investigaba algo en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, me encontré como perdiéndose en el tiempo, un mosaico con firma Carlos Cañas de  1962, en la azotea de la Biblioteca, en el centro histórico, yo almorzaba en un comedor que habia ahi. En abril de 2017, la alcaldia de San Salvador mientras realizaba excabaciones y remodelaciones en el Parque Morazán, frente al Teatro, descubrió un mosaico del artista realizado en los años sesenta, enterrado.

Entregó su vida al arte, su néctar puro. Una fructifera vida artística. En el año 2012, le fue concedido el Premio Nacional de Cultura.  Ya había hecho de todo, y seguía innovando, nunca hacía lo mismo. Sus pinturas tienen más color en sus últimos días. Figuras humanas difuminándose con los cálidos colores.

Carlos Cañas falleció en San Salvador el 14 de abril de 2013.  El pintor el genio. Silencioso. Quejumbroso y con razón, al ver la indiferencia hacia el arte y cultura.   Amando a su país y ver las condiciones humanas que aun persisten. Amando a la  pintura sin esperar nada y esperando todo. Siempre haciendo un arte subversivo para la memoria.

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