Por Tania Primavera

Antes de entrar al Cementerio de Los Ilustres, camino entre canastos de mandarinas, cebollas, flores, niños descalzos, chuchos cariñosos, hombres, esculturas rodantes vendiendo cinchos o cualquier cosa; una mujer se me atraviesa con su carretón con elotes asados; en una caseta veo unos carboneros empacando bolsas con carbón y pienso, realmente Sagatara esta entre el pueblo, al menos su tumba.

El Mercado Central enfrente. Volteo, y ahí esta, la entrada. Estaba cerrado, así que entré por unas gradas a un lado. Alice, como siempre, se me quedó atrás viendo qué compraba, entonces le dije “nos vemos en la tumba de Salarrué”.

22 de octubre. Había mucho sol. Caminé. Me senté a un lado en otra tumba. Noté que la de enfrente decía en un rótulo “se vende”, se vende el nicho y su espacio, porque al pasar el tiempo, si no se paga, sacan al muerto, realmente no sé la situación en el caso de esta tumba que visito a Maya y Salarrué.  Y les dije: ¡otro año Sagatara! ¡Feliz cumpleaños Salarrué! ¡Saludos Maya!… aun estaba sola, los señores que estaban por ahí haciendo objetos como placas para tumbas, fumando mucho tabaco, solo se quedaban admirados, yo estaba sola y hablaba.

Alice, de repente venia con un vigilante detrás de ella, es que no la querían dejar pasar. ¿y a quién vienen a ver? A Salarrué. ¿Tienen una carta?...¿es familiar?...no. Pero como si lo fuera, ¿ve a alguno? Le dije.

Es que la señora solo pasó y dijo que iba a encontrarse con su hija, y Salarrué. Y ya no dejamos entrar a menos que sean parientes o tengan permiso. Porque muchos ladrones. Le dije que todos los años íbamos ahí. En fin, el vigilante nos dejó en paz, y se fue a su puesto.

Los árboles laurel de la india y almendro de río gigantes que habían, estaban talados, antes daban sombra. Vi el cementerio algo deprimente, bastante sucio, y desordenado por todos lados basura y mierda, saqueos, etc. Pero no iba a eso, iba a lo que iba.

Esperaba a Ricardo Humano, quien había comprado pinturas doradas, turquesas, azules, amarillo, blanco y verde limón. Pinturas de calidad. Para arreglar tipería y dejar chula la tumba.

Antes que él llegara, limpiamos con Alice, toda la maleza seca. Quitamos la basura que ahí había.  La tumba es sencilla, muy pequeña, entre las otras opulentas que están cerca. Siempre me han gustado los cementerios. Hay paz ahí. Me gustan esos también donde hay esculturas de ángeles, de seres raros, de personajes o mujeres llorando. Pero esa tumba no tiene lujos, una verja forjada y una cruz, una  figura de una niña como de unos tres años de pie y rezando frente a una línea de un corazón de cemento que en medio tiene una copa, todo frente al pedacito de tierra donde reposa Salarrué y su hija Maya, en el Cementerio de Los Ilustres.

Pero hay una bellísima frase, y que Maya que murió hasta en 1995, veinte años después que Salarrué, colocó en dos placas una a cada lado del corazón:

 

“Los niños le amaron”

“El amó a los niños”

 Que por cierto, esta última (“El amó a los niños”) ya no se encuentra. Se la robaron, o asaber que pasó.

En eso, comimos las frutas. Seguimos esperando un poco, el día era brillante. Y Alice se fue ahí cerca de “conseguir flores”, llegó con unas que colocó en la copa. De repente los señores que estaban ahí y que no paraban de fumar, pusieron música de cumbias.

Aparece el pintor Humano, con su sombrero, y over-all ropas llena de pintura, todo listo. Venia con el poeta Alfonso Fajardo y Cindy Rivera.  ¡Manos a la obra!... ¡gracias por la gracia!

Seguían sonando las cumbias…Así que me dieron el color dorado. Otros pintaban los azules de la verja, los turquesas, el amarillo, el verde limón. La cruz me tocó, toda doradita la pinté, también la orilla de la copa. Luego Humano le pintó el pelo dorado a la niña. Quedó bien alegre. Realmente no parece, pero pasamos horas ahí, celebrando y sonriendo, el sol nos daba energía, el azul era intenso, tu color Sagatara. Nadie mas llegó, nos fuimos casi a medio día. Estábamos ahí desde temprano. Tenemos que seguir en esta tradición amigos, le dije a Cindy, y venimos siempre.

En eso, yo solita, pensé, hay tantos artistas… no tendría el tiempo de venir a verlos a todos.

Dijeron, bueno, ¿a donde vamos? … yo me quedaré con Alice. Les dije. Para estar en el cementerio mas tiempo y caminar ahí entre tumbas. Al final, nos fuimos a comer al mercadito Cuscatán. Terminamos. Nos despedimos de ellos, salimos caminando hacia el Hospital Rosales, donde hay unas preciosas esculturas, caminamos, niños descalzos, domingo solitario al medio día, en el cumpleaños de Salvador Salazar Arrué “Salarrué”.

 

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El escritor y pintor salvadoreño: Salvador Salazar Arrué “Salarrué”,

Nació el 22 de octubre de 1899 y murió el 27 de noviembre de 1975.

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