Por Marlon Anzora*

Pude perfectamente ahorrarme esta publicación, porque como me dirían por allí, para qué me ando metiendo en pleitos de gratis. Y es que lastimosamente en este país discutir sobre un asunto político o religioso, de salud pública y de derechos humanos en este caso, es sinónimo de agredirse. Pero da igual, a veces no basta con escoger el lado de la razón, a veces también hay que defenderla.

Así que comienzo dejando claras varias cosas. Primero, no apoyo que el aborto se adopte como una medida de control natal. Es decir, estoy contra el aborto generalizado. Segundo, soy católico, de padres católicos, de matrimonio católico y con formación académica en entidades católicas. Pero esto no es un asunto religioso, es una cuestión de vida y de sentido común. En síntesis, soy próvida pues, aunque a algunos próvidas digan que no.

Pero resulta que este país tiene una penalización absoluta del aborto, incluso en casos donde corre peligro la vida de la madre o cuando el embarazo ha sido resultado de una violación. Defender esa penalización absoluta no es ser próvida, defender una postura así es tener el corazón y la mente cerrada para que las mujeres y los médicos puedan evaluar una salida inteligente a situaciones muy particulares y específicas, donde se tienen que escoger y tomar decisiones de vida.

Estamos hablando de situaciones críticas, genuinos dramas de vida, donde ninguna decisión es fácil. Penalizar a una mujer (y los médicos) por tomar decisiones en esas circunstancias es exactamente ir contra la vida humana. Hemos llegado precisamente a este nivel de evolución gracias a nuestra capacidad para decidir inteligentemente, lo cual no le quita a la vida la carga de emotividad y drama que tiene, pero la hace más viable. Esa capacidad de tomar decisiones inteligentes nos ha permitido sobrevivir como especie.

Por otra parte, ser próvida no es sólo pretender defender la vida de los no nacidos por medio del derecho penal. Ser próvida es estar a favor de educar a los niños y adolescentes sobre salud sexual y reproductiva; ser próvida no es oponerse a que el sistema educativo brinde información y formación sobre estos temas. Por el contrario, ser próvida es abrir esta discusión precisamente para evitar embarazos no deseados, violaciones y enfermedades de transmisión sexual.

Ser próvida es estar a favor de que los embarazos sean decisiones conscientes y voluntarias, y de políticas que permitan que la vida del que está por nacer tenga unas mínimas condiciones de favorabilidad: un sistema de salud y educación pública mínimamente funcionales.

Ser próvida es querer que cada niño y niña que nazca sea un evento deseado, especial, mágico (porque así vivimos las familias el nacimiento de cada niño deseado, como un milagro, como algo que a pesar de todo no podemos explicarnos). Ser próvida no es estar a favor de que las mujeres pobres estén pariendo en condiciones francamente animales, sin la información ni la formación para poder decidir cuándo y porqué quedar embarazada. Ser próvida es estar a favor que los papás sean responsables con sus hijos y que si no quieren serlo, el Estado les constriña a asumir al menos su obligación económica.

De lo que se trata no es de despenalizar el aborto, sino el sentido común. Se trata de abrir la mente y el corazón para darnos cuenta que hay condiciones y situaciones específicas que no tenemos porqué criminalizar, porque no se cambia una realidad ni se solventa una crisis prohibiéndola ni penalizándola. Se trata de despenalizar en aquellos casos que el elemento volitivo no está presente (violaciones) así como cuando se tiene que escoger entre ver morir a dos o salvar, aunque sea, a uno. Se trata de despenalizar el criterio formado de los médicos en cada situación y de descriminalizar la voluntad de las madres, su capacidad de decidir sobre su vida y salud.

Hace unos minutos, los periodistas acaban de informar que una iniciativa para la despenalización del aborto por cuatro causales, no cuenta con los votos suficientes en la Asamblea Legislativa. Los partidos ARENA, GANA, PCN y PDC han dicho que no a la propuesta, mientras que el FMLN guarda un silencio vergonzoso. En momentos así soy más consciente aún de cuánta falta hacen políticos de verdad, con el cerebro y el valor para defender sus motivos y sus razones. Porque no es una cuestión de cálculos de votos, de moda o de edad, es una cuestión de derechos, de razón, de valentía. Es cuestión de vida y del sentido común necesario para que ésta sea mejor y más viable.

 


*Marlon Anzora: Politólogo

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