La ciudad pobre de Francia y su espacio cultural

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Opinión por Evelyn Beatriz Rosales*

Creo estrictamente que las comparaciones pocas veces son buenas. Sin embargo, como salvadoreña me es casi imposible no hacer comparaciones entre Francia y El Salvador. No pretendo vender a Francia como un país perfecto, pero si tendría que elegir qué imitar de Francia, elegiría su apertura a la cultura.

En la actualidad vivo en la ciudad de Denain, distrito de Valenciennes, al norte de Francia. Denain es considerada una de las ciudades más pobres de la región de “Alta Francia” (Les Hauts de France). Con una herencia minera, está hoy en día poblada por una mayoría árabe. Su mayor atractivo es la estación de tren urbano (tram) y algunos terrils, que son pequeñas colinas artificiales hechas de residuos de carbón que actúan como atractivo turístico local.

Denain parece triste. Es pequeña y no hay mucha oferta laboral, pero hay algo a lo que Denain no renuncia: el acceso a la cultura y educación. Esta ciudad tiene una Mediateca que cuenta con una vasta colección de libros, revistas, y material audio visual para todas las edades y sobre todo para los infantes, material que por supuesto está al alcance de todos, incluyendo los extranjeros. 

Para saber más sobre este mundo cultural, me inscribí en dos eventos. El primero estaba dirigido a los niños: un cuento acompañado de música y material audio visual, de una manera tierna, como lo hacen los franceses. Enseñaron a los niños lo importante que es vivir cada emoción, por negativa que nos parezca.

En un segundo evento cultural, visité el teatro el cual podría decir, es el equivalente de la iglesia en domingo. Mucha gente de todas las edades visitan el teatro, se divierten con las diferentes actividades, incluso participan en algunas de ellas. Pensé ¿Qué pasaría si en El Salvador comenzará una realidad similar a la de Denain? Es decir, una apertura de una mediateca y un teatro modesto, pero no en el gran San Salvador, que de hecho tiene un teatro imponente. ¿Qué tal en el municipio más pobre o el más violento? Pienso que al tener este tipo de herramientas algo en nosotros se despierta. Curiosidad tal vez y nos enfocamos en algo distinto y olvidamos los problemas. 

Un espacio cultural de este tipo permite también un nuevo escenario para la recreación de la comunidad. Con libros para todos los gustos podemos transportarnos a otras realidades. Con música y diálogos expresar aquello que creemos que agota las palabras y que por lo tanto nadie quiere discutir.

Estos templos culturales son en realidad la base de una sociedad exitosa. No podemos esperar que todo el proceso de formar académicamente a un individuo recaiga sólo en la escuela. Los espacios para aprender y expresar van desde el hogar hasta las calles, formando un sociedad más tolerante y abierta a la novedad. 

Siendo positiva, un escenario así es posible en El Salvador. Nunca se sabe si ya vamos en camino hacia eso. Todos podemos contribuir a una realidad diferente. Basta con hacer un buen uso de las pocas instalaciones que tenemos. Si las autoridades comprendieran la demanda de estas pocas herramientas, no tendrían más remedio que habilitar más de estos espacios, ya que la filosofía de oferta y demanda también puede aplicarse a la cultura. 


*Evelyn Rosales Portillo nació un 17 de mayo de 1988 en San Salvador. Estudió un Técnico en Periodismo en la universidad Tecnológica de El Salvador que finalizó en 2010. Ha colaborado en Diario El Mundo, periódico digital La Palabra y en YSUES Radio. En la actualidad se encuentra realizando una pasantilla en Francia.

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