Regresar a casa después de 57 días de una cuarentena sin información

Henry fue ingresado en un hospital por complicaciones en su salud muy distintas a las de COVID-19. No había regresado de algún país con casos confirmados, tampoco estuvo cerca de personas que dieron positivo en las pruebas. Aún así fue enviado al hospital Saldaña, donde fue mezclado con personas que sí venían de países con casos confirmados. Después de los 30 días de cuarentena, se llenó de incertidumbre por no saber los resultados de las pruebas. Su salida de un centro de contención fue retrasada y nunca obtuvo explicaciones de nada.

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La voz de Henry Ramírez ha cambiado. Hoy se escucha feliz y no cesa de agradecer a Dios por haber sobrevivido a los 57 días que estuvo en cuarentena obligatoria. Cuatro días antes de su salida del encierro, cuando también habló con GatoEncerrado por teléfono, su voz se le ahogaba en llanto rogando libertad y explicaciones. Como ningún médico le daba los resultados de las pruebas para detectar COVID-19, lo único que le quedaba era pedir a Dios un poco de paciencia y paz. Se repetía una y otra vez que su confinamiento era un sinsentido: no había salido del país, nunca estuvo en contacto con nadie que haya dado positivo al virus y su única razón para haber ido a un hospital eran sus problemas de hipertensión, dolores de pecho y convulsiones. 

El 10 de marzo, Henry fue llevado de emergencia por su esposa Karina al Hospital Nacional Francisco Menéndez de Ahuachapán. Días antes, la madre de Henry había fallecido y eso lo descompensó. Mientras se encargaba de los trámites administrativos que dejan las muertes, comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho y la situación empeoró hasta que convulsionó. 

Henry fue ingresado por complicaciones en su salud diferentes a las del COVID-19, pero luego fue sometido a un confinamiento que casi duró dos meses en lugares utilizados para evitar la propagación del virus. 

“Mi esposo es cotizante del ISSS (Instituto Salvadoreño del Seguro Social), entonces pensamos que iba a ser más cómodo que estuviera en el ISSS de Santa Ana, donde fue llevado después de haber ingresado al hospital de San Francisco Menéndez, en Ahuachapán”, dijo Karina, la esposa de Henry.

Henry contó a esta revista que al segundo día de estar en el hospital del ISSS de Santa Ana, comenzó a sentir fiebre y tos. Eso encendió las alarmas de los médicos y fue trasladado como sospechoso de COVID-19 hacia el hospital Saldaña, el 14 de marzo. Ahí lo mezclaron con personas que llegaron al país desde Italia, España y algunos centros centros de contención, donde hubo reporte de casos confirmados. 

Fue en el Saldaña donde conoció a Brenda, quien había regresó de España el 12 de marzo. Ella fue de las primeras personas en ingresar al país, luego de que el presidente anunciara la cuarentena obligatoria para todas las personas que llegaran a El Salvador desde del 10 de marzo.

Cuando su cuarentena se prolongó, igual que la de Brenda, su ánimo quebró. Su semblante duro de agente de seguridad privada cambió, para convertirse en un hombre con incertidumbre y miedo por nunca obtener explicaciones y resultados de las pruebas de COVID-19 que le realizaron.

El infectólogo Iván Solano Leiva explicó a GatoEncerrado que el caso de Henry es una radiografía de la improvisación y falta de protocolo de las autoridades para atender la emergencia por COVID-19.

“Fue mal evaluado, porque para esas fechas no tuvo contacto ni nexos epidemiológicos. No cumplía las definiciones del caso”, dijo Solano Leiva, quien agregó que “aunque no entró con el virus, es probable que se lo hayan contagiado o al menos estuvo expuesto en su paso por el hospital Saldaña o en el hotel donde fue llevado posteriormente”. 

Más de 30 días en cuarentena

El ministro de Salud, Francisco Alabi, aseguró en una entrevista de televisión que la salida de los centros de contención no responden al tiempo que una persona tiene en confinamiento, sino a la evaluación de salud que presente el paciente.

 “El criterio o la evaluación cumple varios componentes. El periodo de tiempo está relacionado al aparecimiento de síntomas, evaluación epidemiológica y al cumplimiento del reglamento. Se busca darle el alta a un paciente cuando se cumple un protocolo para garantizar que no tiene la enfermedad”, dijo el funcionario.

El ministro añadió que si una persona no presenta síntomas, no quiere decir que está sana o que no ha sido expuesta al virus.

“La sintomatología es tan leve que puede llegar a ser asintomática, porque las características de las molestias que puede tener pueden ser imperceptibles, y eso genera la confianza de decir no tengo nada pero puedo estar expuesto”, explicó Alabí.

A Henry y Brenda les hicieron la primera prueba para detectar COVID-19 cuando llegaron al hospital Saldaña. Pero, como suele ocurrir, no les dieron la respuesta. El 21 de marzo ambos fueron trasladados al hotel Villa Florencia.

Al llegar al hotel, fueron obligados a reiniciar la cuarentena. Aceptaron porque su paso por el hospital, según concluyeron, suponía un riesgo. El papel que firmaron decía que su encierro terminaba el 21 de abril, pero eso no ocurrió. Henry y Brenda tuvieron que quedarse, mientras otras nueve personas fueron dadas de alta para regresar a sus viviendas. Henry y Brenda preguntaron las razones para prolongar su encierro, pero no obtuvieron respuestas.

Sin revelar resultados

A 12 de las personas que fueron trasladadas al hotel Villa Florencia, junto a Henry y Brenda, les hicieron tres pruebas, la última el 29 de abril. De ninguna obtuvieron respuestas. Pero Brenda dice que no necesita la confirmación del doctor para saber qué está bien.

 “Aunque nos lo dijera, ¿usted va a creer que a estas alturas del tiempo tenemos el virus si ya sobrepasamos las dos semanas de incubación?”, dijo a GatoEncerrado con un tono de frustración.

GatoEncerrado intentó comunicarse con el doctor Guevara Serpas, encargado de los pacientes del hotel, para entender por qué Henry y Brenda se quedaron encerrados más tiempo del acordado. Respondió que los resultados de las pruebas no llegan tan rápido para establecer quién se puede ir y quién no. Agregó que, en todo caso, “el último aval lo da la región metropolitana de salud”. 

El Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) ordenó, el domingo 5 de abril, a las autoridades de salud que entreguen los resultados de las pruebas a los pacientes, con base al artículo 34 de Ley de Deberes y Derechos de los Pacientes. Esa ley obliga a los prestadores de servicios de salud que informen y expliquen al paciente de manera detallada los resultados de pruebas como la de COVID-19, su diagnóstico, tratamiento, alternativas, riesgo, evolución, entre otras cosas. 

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) sentó un precedente a través del Hábeas Corpus 179-2020, en el que ordenó al Ministerio de Salud la entrega de resultados de pruebas por COVID-19 a un paciente ingresado en el hospital Saldaña. 

El infectólogo Solano Leiva también señaló que negar los resultados de las pruebas es incumplir los derechos de los pacientes y que la ley obliga al personal de salud que informe de forma oportuna la duración estimada de estadía en caso de hospitalización y tratamiento. 

Henry Ramírez, el día que salió del centro de contención.

Protesta

Desde el día 48, Henry, Brenda y otras diez personas encerradas en el hotel Villa Florencia salieron de sus habitaciones y se reunieron en el salón principal para exigir las respuestas de las pruebas e información detallada sobre su salida. 

“Ya cumplimos nuestro tiempo y es injusto ver gente que llegó después de nosotros se va antes. Acá solo no dice que el problema es el transporte pero que las altas ya están listas”, dijo Brenda a GatoEncerrado

Ese mismo día, amenazaron con una huelga de hambre si el personal médico no les daba los resultados y el alta. Pero todo quedó en intenciones porque, según contó Brenda, el personal médico mostró nulo interés en las exigencias.

 “Parte del personal nos dijo que le daba lo mismo que comiéramos o no, que a ellos no les afecta. Nosotros pensamos que por ser personal médico se iban a movilizar, pero por gusto”, se quejó Brenda. 

Brenda tiene dos hijos: uno de 12 años y otro de cuatro, a quienes no ha podido ver por más de dos meses. “No se ven esperanzas de nada ya hicimos todo lo que pudimos, algunas personas han hablado con abogados, pero sentimos que ya nada se puede hacer”, dijo Brenda a GatoEncerrado cuando iniciaba la mañana 51 de encierro.

Antes de entrar al hospital, Henry laboraba como vigilante de una empresa de seguridad. Con lo poco que ganaba mantenía a su esposa y a los dos hijos que aún viven con él. Ahora que por fin está en casa no sabe si su trabajo aún lo tiene.

Secuelas en la salud mental

Un psiquiatra consultado por esta revista asegura que el confinamiento puede desmejorar la salud mental de las personas en menos de seis meses, si no se atienden. 

“Esto va a dejar repercusiones psicológicas graves. Ahorita la salud mental se ha descuidado, se ha invertido en equipo médico, en militares, pero la salud no solo debe de ser física. En seis meses podría verse algo un poco más leve como como una trastorno adaptativo a algo más grave como un síndrome de estrés postraumático”, explicó el psiquiatra.

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