Enfrentar el virus con gabachones en el hospital Amatepec

Una enfermera del ISSS cuenta cómo es estar en la primera línea enfrentando la COVID-19 con un equipo limitado. También cuenta lo difícil que es trabajar sin información precisa sobre los pacientes.

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El 10 abril se activó la alarma dentro del hospital Amapetec del Instituto Salvadoreño de Seguro Social (ISSS). Pacientes positivos a COVID-19, y algunos casos sospechosos, comenzaron a llegar a las instalaciones. No tenían el equipo adecuado, pero le hicieron frente. El personal médico comenzó a movilizarse, a recibir a las personas que requerían atención inmediata. 

Xiomara García es enfermera en el Amatepec, lleva 15 años trabajando en el ISSS. Le invadía el desconcierto, una sensación imposible de comparar en sus años de carrera. “Estábamos con un temor como no se puede imaginar. Con la preocupación de que al quitarse el traje de protección nos pudiéramos contaminar”, describe de ese primer día en el que tuvo que ver de frente el impacto del COVID-19. 

Los trajes que les habían proporcionado para ese entonces eran escasos: contaban con gabachas de un solo uso, dos pares de guantes, mascarillas N95 y caretas. Muchos otros eran producto del ingenio, como las gabachas de plástico improvisadas que tuvieron que usar para mayor protección. Como el número de trajes especiales de protección era limitado, debían hacer milagros, ante la falta de equipo más especializado, como el tipo buzo. Lo que tenía, al menos, era suficiente por estar asignada a un área de pacientes estables. 

Debajo de las bolsas mantenían un gabachón y debajo un traje verde con el que, por lo general, trabajan y que es proporcionado por el hospital. Así es como evitan hacer uso de un uniforme que deban llevar desde sus casas. “Ese delantal plástico no debería ser así, debería ser uno que nos protegiera un poco más, pero ese es un delantal improvisado”, dice. 

El 7 de abril, tres días antes de que el hospital fuese declarado para recibir a los pacientes COVID-19, enfermeras de este centro de salud exigieron al Gobierno insumos médicos y protección para atender los contagios. Las enfermeras, según recogen medios locales, denunciaban no estar preparadas para atender a pacientes positivos del virus y exigieron, además, protección para el personal de limpieza y lavandería que también tienen un papel vital en el combate al nuevo coronavirus dentro del hospital.

Desde que el Gobierno decretó estado de emergencia y abrió centros de contención, el personal de salud comenzó a ser capacitado. Xiomara dice que pudo ver cómo se adecuó un área dentro del hospital para recibir a pacientes contagiados de COVID-19. Las capacitaciones consistían en horas de práctica en la utilización del equipo de protección y uso de trajes.

Cuando el área estaba casi lista, en un 95 %, los pacientes comenzaron a llegar. Ambulancias se estacionaban frente a la entrada principal del Amatepec y comenzaron a bajar de a uno a pacientes. “A estas alturas ya había parte del personal de enfermeras graduadas y licenciadas atendiendo pacientes en estado crítico en un área que equiparon como Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde estaban la mayoría de los pacientes delicados conectados a un ventilador”, relata Xiomara.

En el ISSS Amatepec, ubicado sobre el bulevar del Ejército, hay dos pisos del edificio del hospital donde se ingresan a pacientes. Xiomara está en el tercer nivel, en el que hay unas 23 camas disponibles, todas ocupadas. En el cuarto nivel hay casi 40 camas disponibles.

Xiomara ha sido enfermera por 24 años. Desde pequeña, jugaba a inyectar muñecas. Cuando era joven, su madre recibió un curso de primeros auxilios en la Cruz Roja Salvadoreña y ella se encargó de enseñarle; ahí decidió entrar a la escuela de Enfermería. La emergencia le ha despertado varios temores, como el miedo a contagiarse o el ver a pacientes intubados. Eso es de lo más difícil que ha tenido que atravesar. De momento, todos los pacientes que han sido intubados no ha podido verles salir caminando ya que les trasladan a otros hospitales, dice.   

“Pero, realmente, cuando uno está con el paciente, se olvida que puede contagiarme. Se hace todo lo que esté en nuestras manos por ayudarle, darle medicamentos, cambiar su pañal o ropa de cama, darle su comida sabiendo que puedo contagiarme”, describe.  

Las imprecisiones en resultados

Xiomara también se enfrenta a un problema denunciado, incluso, por las personas que guardan cuarentena en centros de contención: conocer sobre los resultados. Ella dice que es difícil saber quién es positivo y quién no, porque no les dan acceso a esa información. Lo que el personal médico hace es tratar a todos como positivos, es el método que usan para protegerse. “Muchos son positivos, otros posiblemente no, pero por una u otra razón están ingresados en el hospital. Nosotros a todos tenemos que tratarlos como pacientes positivos, porque si no sería confiarnos y contaminarnos”. 

De conocer más detalles del paciente, su angustia sería menor. Así también lo estarían los pacientes, dice.  

Sabe que los pacientes con enfermedades crónicas son las que deben de darle más prioridad o, de tener el virus, podría morir por cáncer, insuficiencia renal o algo más. “El COVID-19 contribuye a que se pongan más delicados”. 

Xiomara dice que confía en Dios y en las prácticas de esterilización para evitar salir contagiada, comenta. Para ella, cumplir la cuarentena y guardar todas las reglas de higiene, así como evitar las aglomeraciones, es lo que la población debe hacer para reducir los contagios.Si bien asegura que la pandemia tomó desprevenidos a todos, lanza una recomendación al Ministerio de Salud y al Gobierno, que espera sea escuchada: que no oculte la información de los resultados de la prueba a sus pacientes.

Xiomara cumple actualmente una cuarentena voluntaria aislada en un hotel, que funciona especialmente para personal médico. En su casa hay una bebé de dos años, por lo que prefiere mantenerse distante, para protegerla a ella como al resto de su familia. Eso también le pasa factura anímica: “Muchos anímicamente andamos un poco decaídos”. El lugar en el que se encuentra le ayuda a despejarse. “El clima, el lugar, la naturaleza cercana al hotel, ayudan mucho a olvidar un poco lo lejos que estamos de nuestra familia”. A Xiomara le han hecho la prueba de COVID-19 en dos ocasiones. Sabe que está negativa aunque no tenga resultados de ello porque, según cuenta, solo los entregan a quienes estén positivos. En los últimos días estuvo con malestares en su garganta, por lo que optó por aislarse. Sin embargo, mejoró y regresó a la primera línea.  

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