Opinión

El plan control territorial de Schrödinger

Carlos Iván Orellana

Carlos Iván Orellana

Doctor en Ciencias Sociales por la FLACSO-Centroamérica. Investigador y profesor de la Universidad Don Bosco (UDB) de El Salvador. Co-Director del programa de Doctorado y Maestría en Ciencias Sociales, cotitulado UCA-UDB. Cuenta con diversas publicaciones en temas como violencia e inseguridad, migración irregular hacia los Estados Unidos, autoritarismo, anomia, prejuicio y la psicología de los crímenes de odio.

El plan control territorial —como el gato de Schrödinger— es y no es un plan, y la opacidad de la caja gubernamental que lo contiene impide comprobarlo. Ya saben quién y ya saben por dónde —Twitter— comunicó que el 90 % del plan era confidencial. Lo cual no resuelve nada ni tranquiliza a nadie. Y aunque la disminución de los homicidios es innegable, las interrogantes suscitadas tampoco se pueden negar.

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Por Carlos Iván Orellana*

Aquí hay gato encerrado. No usa botas, como el gato del cuento de Charles Perrault. Tampoco sombrero, como el gato del Dr. Seuss. Algo se asemeja al gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, por su habla encriptada, su cuerpo etéreo y su mirada y su sonrisa burlona flotantes.

El felino del que hablamos recuerda al de la situación paradójica planteada en 1935 por el físico Erwin Schrödinger. Según esta, un gato se encuentra encerrado en una caja oscura junto con un dispositivo radiactivo inestable y un frasco de veneno. Existe una probabilidad del 50 % de que el veneno se libere por efecto de la radiactividad, y una igual de que el tóxico permanezca contenido, pero la opacidad de la caja impide saber qué ha ocurrido.

Por tanto, se interpreta que el gato se encuentra vivo y muerto a la vez. Solo observar el interior de la caja puede resolver esta tensión entre la vida y la muerte, entre el ser y no ser del susodicho gato.

Algo similar ocurre con el plan de control territorial del gobierno que, según las autoridades de turno, explica la baja de homicidios de los últimos meses. Dicho plan —como el gato de Schrödinger— es y no es un plan, y la opacidad de la caja gubernamental que lo contiene impide comprobarlo. Ya saben quién y ya saben por dónde —Twitter— comunicó que el 90 % del plan era confidencial. Lo cual no resuelve nada ni tranquiliza a nadie. Y aunque la disminución de los homicidios es innegable, las interrogantes suscitadas tampoco se pueden negar. La violencia, como fenómeno complejo, multicausal, ubicuo y con profundas raíces históricas, no se toma días libres.

Los defensores del plan de Schrödinger pasan por alto que distintas expresiones de crimen han disminuido de forma drástica y significativa en todo el mundo a raíz de los confinamientos producidos por la pandemia; Ben Stickle y Marcus Felson han llamado a este período “el experimento criminológico más grande de la historia”. Claro, como en El Salvador somos lo máximo, no descartemos que el plan 90 % confidencial sea tan bueno que haya asestado un mazazo al crimen global. 

Finalmente, existen discrepancias entre el despliegue geográfico del plan y sus resultados, así como indicios de un pacto entre las pandillas que el gobierno conocía de antemano cuando estas fueron mezcladas en las cárceles.

Qué bueno que hoy mueren menos salvadoreños a manos de otros, y qué bueno que más policías y soldados pueden volver a sus casas al finalizar su jornada. Pero, como mostró el sorpresivo repunte de homicidios de abril, la violencia hoy emula al artista callejero cuyo acto de estatuismo se rompe por un instante, y se mueve. La opacidad de la caja, la omisión conveniente de tendencias criminológicas mundiales, la fetidez a pacto de no agresión en el ambiente y la inminencia de las elecciones, no permiten garantizar que la estatua de la violencia permanecerá inmóvil. 

Además, las cuarentenas, como las treguas, dan tiempo e incuban otras violencias durante el encierro (violencia contra las mujeres, extorsión, desapariciones, fraudes informáticos) y conforme se rehabita el espacio público con la reapertura (crimen organizado, explotación criminal por agudización de la precariedad).

Muchas enfermedades también han experimentado reducciones sustanciales en los registros hospitalarios. Pero, no estamos más sanos ni más seguros. Estamos a oscuras. El plan-gato de Schrödinger permanecerá en su caja opaca en la medida en que nosotros permanezcamos en la nuestra, en cuyo interior se debate la vida de una mirada ciudadana lúcida y la muerte de una ceguera ciudadana ante la disposición secreta de nuestros destinos.

Carlos Iván Orellana

Carlos Iván Orellana

Doctor en Ciencias Sociales por la FLACSO-Centroamérica. Investigador y profesor de la Universidad Don Bosco (UDB) de El Salvador. Co-Director del programa de Doctorado y Maestría en Ciencias Sociales, cotitulado UCA-UDB. Cuenta con diversas publicaciones en temas como violencia e inseguridad, migración irregular hacia los Estados Unidos, autoritarismo, anomia, prejuicio y la psicología de los crímenes de odio.

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