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Una mirada híper local de un pueblo con características universales donde se mata periodistas

Alejandra Ibarra Chaoul

Alejandra Ibarra Chaoul

Es periodista con trabajos publicados en New Yorker y en otros medios prestigiosos. Es politóloga y escritora mexicana. Es directora de Defensores de la Democracia en México.

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Por Alejandra Ibarra Chaoul*

Cuando llegó el primer correo electrónico no le di importancia. Venía de parte de un comercio desconocido en el cual nunca compré nada, pero traía un par de archivos para descargar: facturas que solicita la secretaría de hacienda mexicana para comprobación de gastos. No piqué los enlaces ni descargué nada sabiendo que podían ser intentos fraudulentos por obtener información personal (phising attacks). Pero al día siguiente llegó el segundo correo. Era igual. El tercero vino después; era de parte de Instagram y enviaban un hipervínculo para arreglar los problemas que había tenido ingresando a mi cuenta —problemas que nunca tuve. Tampoco le di clic. 

Quizá hubiera archivado todo el evento en un cajón de cosas inexplicables o lo hubiera justificado bajo la excusa de haber entrado a algún sitio sospechoso donde tal vez había pescado un virus electrónico. Quizá incluso lo hubiera ignorado, de no ser porque dos días después una colaboradora cercana me dijo que le habían llegado alertas de Instagram, vía la doble autenticación de su cuenta, que decían que alguien había intentado entrar a su perfil. A eso se sumó que una tercera colaboradora me dijo lo mismo, pero en su caso el intento de entrar a su cuenta había sido en Twitter. Demasiadas coincidencias para ser casualidades. Sobre todo, tratándose de un equipo que se dedica a trabajar temas de libertad de expresión. 

Nosotras construimos el proyecto Defensores de la Democracia, el cual dirijo; un espacio de memoria y libertad de expresión que nació a partir de la crisis de violencia contra la prensa en México. Defensores de la Democracia alberga el primer archivo viviente que salvaguarda los reportajes de periodistas asesinados en México. Muchos de esos trabajos empezaban a desaparecer y, al resguardarlos, recordamos a los autores por su aportación a una sociedad mejor informada y más justa, no solo como víctimas del crimen que alguien más cometió a costa suya. 

No es un trabajo ni emocional ni técnicamente fácil; México recientemente se convirtió en el más peligroso para ejercer el periodismo en el mundo, de acuerdo al Comité para la Protección de Periodistas. Por ponerlo en números, desde el año 2000 a la fecha han asesinado a más de 120 periodistas en México; 20 bajo la actual administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Una estadística así es avasalladora. Ciento veinte vidas arrebatadas por comunicar. Por informar. Además de ser espeluznante, esa cifra refleja algo más: 120 periodistas asesinados habla de un problema sistémico que solo puede entenderse desde una mirada estructural. Claro que no todos los casos de agresión contra periodistas llegan al homicidio. Los reporteros pueden ser hostigados, amenazados, golpeados, vilipendiados; blancos de ataques cibernéticos. En el caso de México, la descalificación a la prensa se da, sobre todo, desde el púlpito de los funcionarios públicos y figuras de poder empezando por el presidente quien descalifica a la prensa como “fifí”, “chayotera” y “enemiga”.

La información es una de las herramientas más fundamentales en una democracia porque nos permite exigir nuestros derechos y asegurar la representación que queremos. La erosión del respeto a quienes proporcionan esa información es el primer paso para controlar a una población desde el autoritarismo. Y el caso mexicano no es uno aislado, ni es la excepción; al contrario: es parte de una plaga que recorre al continente americano.  

Desde el expresidente estadounidense Donald Trump hasta Jair Bolsonaro en Brasil, los insultos a la prensa se han convertido en una actividad regular, pero probablemente en ningún caso de manera tan exacerbada o abiertamente prepotente como en El Salvador. Ya lo escribía Jacobo García en su texto publicado por El País el 26 de febrero, “Bukele ha pasado de ser un joven político a liderar una especie de telecracia moderna, un fenómeno social aplaudido en casa y criticado fuera por la Organización de Estados Americanos (OEA) o Human Rights Watch, que considera que El Salvador va camino de convertirse en “una dictadura”. 

Sobra recordar, especialmente en este espacio, la manera en que el presidente Nayib Bukele ha arremetido contra la prensa salvadoreña. Desde septiembre del año pasado cuando atacó a GatoEncerrado, Revista Factum y El Faro en cadena nacional, hasta la publicación de notas anónimas cuya intención es mermar la credibilidad de la prensa. 

Pero así como los ataques intimidatorios y de descalificación hacia la prensa no son exclusivos de un país, tampoco lo son del poder ejecutivo federal. En otras palabras, lo que hacen los presidentes, al menos en México, se replica por gobernadores y alcaldes del país. Tal fue el caso de un alcalde en el pueblo de Tejupilco de Hidalgo, al sur del Estado de México, en una región conocida como Tierra Caliente. Ahí, el periodista local Nevith Condés Jaramillo empezó a publicar notas informativas en su portal de Facebook a partir de 2016. 

Tejupilco es un pueblo único, pero tiene características universales que lo hacen familiar en Centro América y a lo largo de toda América Latina. Ahí hay una alta marginalización y desigualdad rampante; el acceso a la justicia, buena educación y servicios de salud se reduce a unos pocos; las disputas territoriales son tan álgidas como antiguas; la población emigra a los Estados Unidos en búsqueda de mejores oportunidades; el crimen organizado ha proliferado al grado de normalizarse; y el periodismo incomoda. 

En reacción a la información que publicaba Nevith, el ahora alcalde del pueblo arremetió contra él. Los ataques empezaron como amenazas de texto, escalaron a intimidaciones en persona —misivas entregadas por conocidos del pueblo de manera esquiva “el alcalde está molesto por tus reportajes”—, hasta llegar a convertirse en hostigamiento vía redes sociales: bots y cuentas falsas creados para desprestigiar su labor periodística. Las amenazas duraron año y fracción en el que Nevith se mantuvo firme en su ahínco por ofrecerle información a los habitantes de su pueblo, quienes lo adoraban. 

El 24 de agosto de 2019, el cuerpo de Nevith Condés Jaramillo fue encontrado sin vida. Lo asesinaron con arma blanca, a puñaladas. El caso de su homicidio sigue irresuelto. Independientemente de quién lo haya matado y quién sea el autor intelectual, los ataques constantes a su credibilidad y a su persona por parte de la autoridad del pueblo no contribuyeron a que trabajara de manera segura, sino todo lo contrario. 

Nevith es uno de los 20 periodistas asesinados en el sexenio de López Obrador, entre enero de 2019 y diciembre de 2020. Desde Defensores de la Democracia nos preguntamos: ¿qué condiciones permiten que sigan asesinando periodistas en México? como manera de acercarnos a responder cómo evitar que continúen estos crímenes. Estamos convencidas del poder que existe en entender, analizar y contar las historias de periodistas asesinados. Por eso, desde Defensores de la Democracia, creamos Voces Silenciadas, un podcast documental que cuenta estas historias. 

La primera temporada de Voces Silenciadas narra la historia de Nevith Condés Jaramillo y su vida en Tejupilco a través de seis episodios publicados semanalmente a partir del 9 de marzo. Es imposible entender las fuerzas a las que se enfrentó Nevith sin zambullirnos en su contexto. Esta primera temporada es un clavado a la historia, vida política y cotidianidad de Tejupilco. Precisamente trabajo como el suyo era indispensable para hacer frente a gobiernos con tintes autoritarios. Curiosamente esta mirada híper local resuena con las vivencias diarias de miles de pueblos en toda la región. 

GatoEncerrado, en colaboración con Defensores de la Democracia, compartirá los episodios del podcast en su sitio. También se puede escuchar en cualquier plataforma donde encuentres tus podcasts. En cuanto a nosotras, seguimos esperando los resultados de una evaluación de análisis de riesgo que pueda decirnos si los intentos para entrar a nuestras cuentas de redes sociales están relacionadas con Voces Silenciadas. El tráiler de la primera temporada salió días antes de que llegaran los primeros emails sospechosos. 

Alejandra Ibarra Chaoul

Alejandra Ibarra Chaoul

Es periodista con trabajos publicados en New Yorker y en otros medios prestigiosos. Es politóloga y escritora mexicana. Es directora de Defensores de la Democracia en México.

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