Foto/Emerson Flores

Los defensores del manglar

Las comunidad Isla de la Chácara en Barra de Santiago, Ahuachapán, se organizó para desarrollar un modelo de gobernanza que permite un manejo sustentable del manglar, después de observar que los cangrejos azules estaban escasos. Las acciones para restaurar el manglar, mientras conservan y diversifican sus medios de vida, inspiraron a otras comunidades para crear la Asociación ProBosque y así ocuparse de proteger al manglar de las amenazas como el avance del monocultivo de caña y sus agroquímicos en las cercanías de zonas naturales protegidas. / La investigación periodística que fue necesaria para publicar este texto fue apoyada por la Fundación Gabo y su programa de periodismo de soluciones.

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Por Óscar González

Por Óscar González

Wiliam Recinos toma varias candelillas —es decir, semillas de mangle— y las siembra a unos cinco centímetros de profundidad y a una distancia, una de otra, de 10 centímetros. Todas las semillas son puestas en forma vertical, con cuidadosa dedicación. Con el tiempo, el mangle rojo crecerá en esta zona de la costa del pacífico que fue impactada recientemente por un rayo. Recinos es de esos salvadoreños costeños que invierten su vida y trabajo en las actividades de restauración y reforestación del manglar, tras haber comprendido junto a su comunidad la importancia y amenaza que tienen los manglares en El Salvador.

Los manglares, también conocidos como bosques salados, son ecosistemas que se desarrollan en la frontera entre el mar y la tierra. Según biólogos que platicaron con GatoEncerrado, por los manglares pasa entre el 80 y 90 % de la biodiversidad de las zonas costeras y sirven, entre otras cosas, para garantizar oxígeno y como una barrera de protección contra eventos como los huracanes. Es hogar y fuente de alimento para especies como moluscos, peces, reptiles, mamíferos y aves, incluso de especies que migran y se refugian en los manglares. En el caso de El Salvador, los beneficios del manglar se han reducido. Hemos pasado de tener 100,000 hectáreas en 1950 a 40,000 actualmente, según estudios realizados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN). Una de las principales amenazas es el monocultivo de caña, que además de estar muy próximo al manglar y afectarlo con agroquímicos, ha ganado terreno, así como el desarrollo urbano y turístico.

Para enfrentar esas amenazas y conservar los manglares, Recinos es parte de la Asociación ProBosque junto con vecinos de la Barra de Santiago, que se encuentra en la región oeste del territorio de El Salvador. Estar involucrado en la asociación y participar en las actividades de restauración y reforestación de mangle no solo ayuda a su economía familiar, sino que contribuye a recuperar el ecosistema que por más de medio siglo ha sido ignorado, descuidado y amenazado por actividades turísticas y de monocultivo. Solo el año pasado, Probosque logró sembrar 50,000 candelillas. Con estas, Recinos y los representantes de Probosque calculan que, desde 2014 cuando iniciaron con las siembras, suman ya más de 2 millones de candelillas colocadas. 

Según Jensi Escobar, técnica territorial de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES), entidad que apoya los esfuerzos de ProBosque, ya han sido reforestadas más de cinco hectáreas; además, hay un mapeo del área para determinar cuáles requieren una intervención de manera más urgente.

“Hemos visto cambios en el manglar y en nosotros. Nos sentimos contentos porque vemos la diferencia”, expresó Carlos Deras, habitante de Barra de Santiago, quien ha participado en las reforestaciones junto con Recinos.

La diferencia a la que se refiere Deras es que, antes de organizarse, había tala indiscriminada del manglar, así como sobreexplotación de especies. Fue, de hecho, la disminución de peces y cangrejos azules, documentada en 2006 por el MARN, lo que llevó a los habitantes a participar en el Plan Local de Extracción Sostenible (PLES), que luego se convirtió en el Plan Local de Aprovechamiento Sostenible (PLAS), del Ministerio de Medio Ambiente. 

Como muchas de las familias de Barra de Santiago tenían como principal medio de vida la extracción de cangrejos, la pérdida de los mismos provocó que buscaran soluciones. Ese año 2006 se conformó el primer grupo PLAS en Barra de Santiago, en la comunidad conocida como Isla de La Chácara. Este comenzó un proceso de gobernanza para la extracción sostenible de cangrejos, misma que fue retomada por otras comunidades de la zona. Estos grupos PLAS conformaron, en 2018, ProBosque.

Salvador Nolasco, del PLAS La Chácara, comentó a GatoEncerrado que, tras implementar las regulaciones, la población de cangrejos azules comenzó a recuperarse en la zona. Al ver los resultados, las comunidades vecinas se contagiaron y decidieron organizarse para replicar las medidas.

La siembra de semillas de manglar es una de las formas en que ProBosque, que actualmente está integrado por 150 pobladores de ocho comunidades, compensa el aprovechamiento del ecosistema que hacen. Esto lo hacen a partir de los criterios establecidos por el Ministerio de Medio Ambiente. Por ejemplo, por talar un pante —trozo de madera— de mangle de 4 metros de largo por 1 metro de alto, los socios deben sembrar 2,000 candelillas. La madera es usada en construcción o para leña. 

También están los socios que, si bien no han utilizado la madera del manglar, se suman a las siembras. Estos pobladores no tienen asignado un número de candelillas para siembra, sino que cada uno decide cuántas colocar.

Grupo de cangrejos azules. El MARN les permite a los socios PLAS capturar de forma manual o con trampa, prohibiendo la captura con azadones, palas o herramientas que modifiquen el sustrato. Foto/ Emerson Flores.

Pobladores de Barra de Santiago realizan siembra de candelillas en una zona que fue impactada por un rayo. Foto/Emerson Flores.

La siembra de manglar no es la única acción que desarrolla ProBosque para conservar los manglares. Una de las más representativas de la zona es la que desarrollan con respecto a la extracción de cangrejo azul —también conocido como tiguacal— y punche.

Con relación a los cangrejos, el Ministerio de Medio Ambiente determinó parámetros sobre la cantidad de especímenes para extracción: por cada socio son permitidos 120 punches y 40 cangrejos azules. El tiempo en el que se pueden extraer también está regulado: deben evitar la extracción en los tiempos de pinta o corrida, como le llaman a la reproducción que se da entre abril y junio, y también evitar el de muda o cambio de caparazón que ocurre principalmente en enero y febrero. Los tamaños mínimos requeridos también fueron estandarizados: 6.3 centímetros de caparazón para cangrejo azul y 6 para punche. Asimismo, el ministerio prohibió la extracción de cangrejos pequeños o de aquellos que tienen huevos. 

Mario Menjívar, presidente de ProBosque, explicó a esta revista que si los socios capturan un espécimen que no cumple los requisitos, tienen que devolverse; y si algún miembro incumple el acuerdo es sancionado, se le quita el cangrejo y se le puede multar monetariamente. 

Según un documento elaborado en 2015 por el Fondo de Iniciativa para las Américas (FIAES), el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación de Desarrollo Comunal de Mujeres de la Barra de Santiago (AMBAS), entre los avances y logros de las actividades de los PLAS en la zona está que “con la implementación de las vedas que cada comunidad le da al cangrejo azul y punche Cardisoma crassum, Ucides occidentalis, han obtenido excelentes resultados, logrando mejorar la tasa de población de las especies”.

Menjívar agregó que las regulaciones también han tenido un impacto positivo en la economía familiar de los habitantes de Barra de Santiago. “Antes se agarraba el cangrejo pequeño, se hacía en una cantidad excesiva y se ganaba poco. Se explotaba más de lo que se ganaba. Ahora con la organización, se agarra menos y se gana un poco más. Ese es el beneficio”, dijo. 

El secretario de comunicaciones de ProBosque, Juan Antonio Campos, añadió que “si extraemos con medida, la especie sobrevive. Si los cangrejos sobreviven, sobreviven las familias, porque son nuestro sustento”. 

Menjívar calculó que son unas 800 familias, que representan un aproximado de 4,000 personas, las que habitan en Barra de Santiago y se ven beneficiadas con las acciones de ProBosque en favor del manglar.

Salvador Nolasco, del PLAS La Chácara, sostiene cangrejos azules. Fue en esta isla que comenzaron a aplicarse las medidas de sostenibilidad ambiental, sin poner en riesgo la seguridad alimentaria de los pescadores. Foto/ Emerson Flores.

Salvador Nolasco, del PLAS La Chácara, sosteniendo cangrejos azules. Fue en esta isla que comenzaron a aplicarse las medidas de sostenibilidad ambiental, sin poner en riesgo la seguridad alimentaria de los pescadores. Foto: Emerson Flores.

Las otras acciones que ProBosque realiza en la zona son: limpieza de basura, para que los desechos no lleguen a los manglares, a las corrientes marinas y a los ríos; desazolvamiento de los canales para disminuir o eliminar sedimentos de arena, tierra, basura, troncos y hojas que obstaculizan el paso de agua dulce hacia los manglares; ampliación de canales, para que mejore el flujo de agua; apicultura, para generar otro medios de vida; y monitoreos biofísicos del agua.

“ProBosque es esencial en el cuido de este ecosistema estuarino. Se han apropiado del cuido de su recurso, tanto que incluso adoptan cuotas más altas de compensación que las impuestas en la regulación ministerial”, explicó Jensi Escobar, de la UNES. Un aspecto que ejemplifica esto es que, aunque el tamaño para el cangrejo azul establecido por el MARN es de 6.3 centímetros, en ProBosque lo han ampliado entre 6.5 y 7. Además, algunas comunidades como El Embarcadero han reducido el número de trampas por socio de 100 a 70.

Financieramente, ProBosque se sostiene a partir de una cuota de dos coras ($0.50 centavos) mensuales para la asociación. Además, se les pide $1 por socio, pero este es reembolsable si la persona deja ProBosque. Lo que recolectan es para gastos menores, ya que las acciones que requieren mayores recursos dependen de los proyectos que provienen de organizaciones como la UNES o la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En Barra de Santiago se han colocado diversos rótulos para visibilizar que es una área protegida. El corredor biológico incluye el Parque Nacional El Imposible que mide 4,000 hectáreas. Foto/ Emerson Flores.

En Barra de Santiago se han colocado diversos rótulos para visibilizar que es un área protegida. El corredor biológico incluye el Parque Nacional El Imposible que mide 4,000 hectáreas. Foto/ Emerson Flores.

Resultados de monitoreos

En Barra de Santiago existen cuatro “científicos comunitarios”, quienes desde hace tres años han sido capacitados por la UNES para tomar las muestras de diferentes parámetros. Los dos más importantes por el tipo de ecosistema son el de oxígeno y el de salinidad. Jensi Escobar de la UNES explicó que estos dos ofrecen un detalle más preciso del “historial de un ecosistema de manglar”.

Escobar agregó que el monitoreo se realiza una vez al mes en siete estaciones de monitoreo en Barra de Santiago: Bocana El Zapote, entrada El Cajete, El Zapatero (entrada), Barra Centro, Gloria Linda, desembocadura del Río Culiapa y El Naranjo.

Los resultados, detalló, han sido variables con el tiempo, ya que dependen de diferentes factores, como la temporada en que se tomen las muestras (época seca o invierno). Con relación al último trimestre, dijo que han tenido los datos “más preocupantes”: “Se ha tenido hipersalinisacion y falta de oxígeno”, afirmó. 

La tabla muestra los resultados del monitoreo en salinidad del primer trimestre de 2021 en Barra de Santiago. En el caso de estaciones como la 7 los datos son bajos porque la toma de muestra corresponde a un punto cercano a un río. Las estaciones de la 1 a la 4 muestran una alta salinidad en los tres meses, mientras que la 5 y la 6 lo hacen en el mes de marzo. Estos datos corresponden a época seca. Fuente: Proyecto Regional de Biodiversidad Costera.

El biólogo Alberto González, coordinador de proyectos del Instituto para el Crecimiento Sostenible de la Empresa (ICSEM) y presidente del Colegio Salvadoreño de Biólogo, indicó que “el manglar para vivir y desarrollarse necesita agua salobre (mezcla de agua salada y dulce), que ande entre los 15 y 17 partes por millón de sal. Ese es su hábitat en el que se desarrollan perfectamente”, apuntó. Pero en Barra de Santiago, según Jensi Escobar, han encontrado resultados hasta de 34 partes por millón. “Hay mucha sal”, acotó.

El agua del mar, según explicó el biólogo González, es de 37 partes por millón. Esto significa que, según los datos de salinidad del último trimestre en Barra de Santiago, el agua del manglar, en algunos puntos, casi presenta la misma cantidad de sal que la del mar.

“El manglar puede eliminar sal a través de las hojas. Pero, cuando hay demasiado exceso de sal, y como la planta sigue succionando por ósmosis, se satura. Entonces esa sal queda almacenada en el tronco y se empiezan a secar los árboles”, explicó el biólogo González.

El ecosistema manglar necesita tanto de agua salada como dulce. Estos se consideran como ecosistemas costeros integrales, por la diversidad de fauna, flora, microecosistemas y microhábitats que poseen. Foto/ Emerson Flores.

El ecosistema manglar necesita tanto de agua salada como dulce. Estos se consideran como ecosistemas costeros integrales, por la diversidad de fauna, flora, microecosistemas y microhábitats que poseen. Foto/ Emerson Flores.

En el caso del oxígeno disuelto —la cantidad de oxígeno en estado gaseoso que hay en el agua—, el problema es que los valores bajos pueden ser mortales para organismos acuáticos. Los valores normales que deberían presentar los resultados tendrían que estar entre los 7.0 y los 8.0 miligramos por litro (mg/l), pero en las muestras tomadas en las siete estaciones ninguno de los resultados del trimestre de enero a marzo de 2021 se ubicó entre estos valores. El de mayor valor, 5.41 mg/l se obtuvo en enero en la estación 1, y el menor fue de 1.34 mg/l que corresponde a febrero en la estación 5. Al ser menores a 7.0 quiere decir que no hay oxígeno en el agua suficiente para la vida. 

Estas situaciones de hipersalinidad y la reducción de oxígeno disuelto se deben a razones como la falta de flujo del agua dulce, según el biólogo González. El mar siempre lleva agua salada al manglar, mientras que el agua dulce no está llegando. El agua dulce que procede de la Cuenca Alta a la Cuenca Baja, de fuentes como ríos, no llega a este ecosistema. 

Esta problemática se debe al azolvamiento, que ocurre por erosión de los suelos y por deforestación; la reducción de los caudales a causa del desvío de fuentes, por explotación desmedida, por malgasto o por contaminación del agua; el cambio climático o crisis climática, que genera aumento de las temperaturas, lo que a su vez incrementa el nivel de evaporación del agua.

La técnica Escobar indicó que los valores más desfavorables tienden a encontrarse en época seca, pero con la llegada del invierno el flujo del agua dulce circula mejor, por lo que las condiciones mejoran.

Los datos recolectados a través del monitoreo, agregó Escobar, permiten a las comunidades tomar decisiones con relación a la protección, conservación y restauración del manglar. Una de las acciones que han detectado como necesarias es el desazolve del río El Naranjo, el cual es una de las fuentes principales de agua dulce en la zona. 

En defensa del manglar

Para ProBosque, conservar el manglar también significa defenderlo y protegerlo de amenazas. Entre estas amenazas se encuentra la expansión del monocultivo de la caña de azúcar. “Los cañales están pegados al manglar”, expresó José Pineda del PLAS Costa Brava, quien agregó que no solo impactan por el cambio de suelo, sino por los agroquímicos que se utilizan para el desarrollo de esta agroindustria.

Alberto Valentín, uno de los cinco guarda recursos del Ministerio de Medio Ambiente asignados al Área Protegida El Imposible, Barra de Santiago, explicó a esta revista que la manglera era más extensa. Para evitar que este cultivo siga invadiendo la zona hicieron un cerco, en colaboración con la comunidad y organizaciones sociales. “Nosotros reportamos lo que está mal. No nos cansaremos de luchar por lo que tenemos”, afirmó.

Andrea Padilla Moreno, ecofeminisma de la UNES, calificó de “dinámica depredadora” la forma en que actúan los cañeros para desarrollar su siembra, porque no respetan los límites entre el área protegida y la agrícola.

Terreno agrícola cercano al área protegida. La invasión de este monocultivo en la zona del manglar es uno de los problemas antropogénicos, al igual que la contaminación, la deforestación y las urbanizaciones. Foto/ Emerson Flores.

Terreno agrícola cercano al área protegida. La invasión de este monocultivo en la zona del manglar es uno de los problemas antropogénicos, al igual que la contaminación, la deforestación y las urbanizaciones. Foto/ Emerson Flores.

Además del cerco para impedir la expansión, ProBosque ha recuperado áreas que han sido usurpadas, según señaló Escobar de la UNES. “Si ellos no tuvieran ese plan de vigilancia tan organizado, no serían tan eficaces en la defensa del manglar”, aseveró.

Esa vigilancia incluye la protección de las especies de la zona. Por ejemplo, cuando las poblaciones de cangrejos salen fuera del manglar para reproducirse, ProBosque trabaja junto a la Policía Nacional Civil (PNC) y los guarda recursos del Ministerio de Medio Ambiente, para evitar que las personas se lleven más de 30 cangrejos por familia o hembras con huevos. De incumplir esto, se les decomisan los crustáceos para ser devueltos al ecosistema.

ProBosque, junto a las comunidades y al Ministerios de Medio Ambiente, también actúan para hacer frente a los estragos que causan fenómenos naturales. En 2020, 51,000 punches fueron rescatados tras el paso de las tormentas Amanda y Cristobal que, por el aumento del nivel del agua, provocaron que los cangrejos dejaran sus madrigueras para refugiarse en las raíces de los mangles, pero que fueron arrastrados por las fuertes corrientes. 

Sitio de importancia

El trabajo de ProBosque se localiza en uno de los principales manglares de El Salvador, el de mayor extensión en el occidente del país con sus 11,519 hectáreas. El sistema de humedales del Complejo Barra de Santiago está ubicado en los municipios de Acajutla, en el departamento de Sonsonate, y en Jujutla, en Ahuachapán. Según el artículo 74 de la Ley de Medio Ambiente de El Salvador, los ecosistemas de manglar son considerados como “reservas ecológicas”.

En 2014, este ecosistema manglar se convirtió en el séptimo sitio Ramsar en el país, junto a la laguna El Jocotal, en San Miguel; la Bahía de Jiquilisco, Usulután; el embalse del Cerrón Grande, en Chalatenango; la laguna de Olomega, ubicada entre los departamentos de San Miguel y La Unión; el Complejo Güija, en el departamento de Santa Ana; y el Complejo de Jaltepeque, ubicado en La Paz.

El biólogo González señala que Barra de Santiago fue elegida como sitio Ramsar porque cumple con ciertos criterios, entre los cuales está que tenga un ecosistema único o que tengan especies de importancia para la conservación.

“Barra de Santiago tiene varios aspectos particulares. Por ejemplo, se conoce que en este ecosistema hay un pequeño reducto de pantano de palmera; es un parche tan pequeño que, simplemente, es peculiar. Simplemente no existe en otro lugar (del país). Además, tiene especies que están en la Lista Roja de la UICN. Entre ellos están el caballito de mar y el mero Goliath, que es enorme y está en peligro de extinción; en las zonas cercanas se encuentra la única población de pez lagarto”, apuntó González.

Asimismo, la “Ficha informativa de humedales Ramsar (FIR) - versión 2009-2014” señala que, entre las especies de reptiles que habitan el sitio y están en peligro de extinción o son vulnerables, se encuentran el caimán, el cocodrilo, la tortuga carey, la tortuga blanca, la tortuga prieta, el coral verdadero, la iguana verde y la masacuata.  

El humedal de Barra de Santiago sustenta especies vulnerables y en peligro, además de las comunidades ecológicas amenazadas. “En este sitio hay un área de conservación de cocodrilos. Eso es relevante por el tema de protección de especies reconocidas como en amenaza o en peligro de extinción por el MARN”, explicó la ecofeminista Andrea Padilla. Foto/ Emerson Flores.

El humedal de Barra de Santiago sustenta especies vulnerables y en peligro, además de las comunidades ecológicas amenazadas. “En este sitio hay un área de conservación de cocodrilos. Eso es relevante por el tema de protección de especies reconocidas como en amenaza o en peligro de extinción por el MARN”, explicó Andrea Padilla. Foto/ Emerson Flores.

La ecofeminista Moreno también apuntó que el sitio es importante para diferentes aves migratorias que hacen su parada en el manglar o que buscan anidar en ese ecosistema o porque es parte de su ruta.

Con relación a la flora, la FIR indica que en Barra de Santiago existen ecosistemas manglares y palmares que están seriamente amenazados a escala nacional. Además, existe una especie escasa de helecho de manglar y varios ejemplares de maderas nobles de la familia Meliaceae que están amenazados.

La certificación, la cual es una declaratoria otorgada por la Convención Ramsar, implica compromisos de desarrollo sostenible en la zona tanto para el Estado salvadoreño como para las comunidades. González explica que Ramsar es una “categorización internacional de conservación del ecosistema”, que le da “un valor agregado para obtener financiamiento para la conservación”.

Los socios de ProBosque, como Recinos quien sigue sembrando candelillas, han comprendido la importancia del manglar y por eso lo cuidan y protegen de las amenazas. Pero también esperan que más comunidades de la zona costera se sumen al esfuerzo, como una forma de solucionar el problema de la pérdida de manglar que ha ocurrido en el último medio siglo.

Este artículo hace parte de la serie de publicaciones resultado de la Beca de periodismo de soluciones de la Fundación Gabo y gracias al apoyo de Open Society Foundations, institución que promueve el uso del periodismo de soluciones en Latinoamérica.

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