Opinión

La economía del cuidado en la sociedad salvadoreña

Naomi  Rivas

Naomi Rivas

Estudiante de la licenciatura en Economía en la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA) e integrante del Círculo Académico de Análisis Político (CAAP).

Enfocando el análisis en el trabajo de cuidado no remunerado realizado por mujeres, es primordial reconocer que juegan un papel elemental e insustituible en la creación y mantenimiento de la fuerza de trabajo del país. Sin todas esas mujeres que componen este rubro, las relaciones laborales del país fueran menos efectivas o, en algunos casos, no tendrían lugar. Sin embargo, este tipo de trabajo se desvaloriza, por el simple hecho de no tener un salario, tanto por la población como por las personas en el poder. 

Por Naomi Rivas* 

En nuestra sociedad, las personas que se someten a jornadas laborales o académicas prolongadas son altamente respetadas, pues se trata de personas que están aportando activamente a la economía o que están preparándose para hacerlo, admirable ¿no?, pero estas personas no son las únicas que dan un aporte importante a la economía de una nación. 

Uno de los pilares fundamentales de una sociedad es explicado por la economía del cuidado. 

Iliana Álvarez desde la perspectiva de la economía feminista define los cuidados como: “Aquellos elementos que sostienen la vida cotidianamente. Haciendo referencia a todas aquellas actividades desde alimentación, salud, educación, apoyo emocional, las manifestaciones afectivas, o bien, la atención especializada que requieren personas en edades críticas o situaciones vulnerables”. Dichas actividades son responsabilidad de cada hogar y, en teoría, del Estado. 

En países como El Salvador, donde todavía se vive bajo una sociedad patriarcal, el pensamiento de que los trabajos de cuidado son “para mujeres” es común. Por lo cual, son las principales designadas para la realización de este trabajo.

Ahora, enfocando el análisis en el trabajo de cuidado no remunerado realizado por mujeres, es primordial reconocer que juegan un papel elemental e insustituible en la creación y mantenimiento de la fuerza de trabajo del país. Sin todas esas mujeres que componen este rubro, las relaciones laborales del país fueran menos efectivas o, en algunos casos, no tendrían lugar. 

Sin embargo, este tipo de trabajo se desvaloriza, por el simple hecho de no tener un salario, tanto por la población como por las personas en el poder. 

Amaia Pérez Orozco, reconocida economista feminista española, en una entrevista acerca de su libro “Subversión feminista de la economía” mencionó que: “los cuidados son al final lo que está ajustando el ciclo económico: pasan una serie de cosas en los mercados y en las instituciones y todo lo demás necesario para que la vida siga adelante son los cuidados. No son una parte más, es donde se juega la responsabilidad de sostener la vida, por eso no pueden ser el último punto de un programa electoral ni del manifiesto”.

Resulta pertinente destacar que, en España cuentan con un apoyo estatal hacia el trabajo de cuidado llamado “Plan Corresponsables. Pero, en países como El Salvador, este tema ni siquiera llega a fase de propuesta o discusión por parte de los gobernantes. Esta situación resulta bastante alarmante para una nación donde se vive bajo altos índices de pobreza y desigualdad de género, violentado de manera directa a mujeres y niñas.

Es importante agregar que, a pesar de que esta problemática puede afectar a las mujeres en cualquier estrato social, no lo hace de la misma manera en todos.

En la sociedad salvadoreña es común que una familia de clase media o alta contrate una persona para dichas labores, quitando las barreras u obstáculos para madres e hijas de esas familias. Por otro lado, las mujeres de los estratos más bajos no tienen esas mismas oportunidades. 

Se puede hacer un paralelismo para ejemplificar esta situación: mientras las familias con mejor calidad de vida contratan una empleada doméstica para quitarse ese peso de encima, la hija de esta empleada doméstica tiene que dejar la escuela para hacerse cargo del hogar con el fin de que su mamá trabaje. 

Pare ver esto reflejado en la realidad salvadoreña, se puede revisar la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2019; los datos con respecto a la deserción escolar o no escolarización de la población entre las edades de 16 a 18 años indican que: En mujeres, las principales razones están referidas a que “no les interesa” 31.7 %, “trabajo doméstico y cuidado” 16.4 %, “causas del hogar” 10.4 %, “necesita trabajar” 9.4 %. Es importante notar que el “trabajo doméstico y cuidado”, además de “causas del hogar” suman 26.8 % en relación a las razones para no asistir de las mujeres. 

Además, no se puede dejar de lado que hay un alto porcentaje de mujeres o niñas que no solo se dedican a los trabajos de cuidado, sino también cumplen con su jornada laboral o de estudios. A pesar de que haya hombres en el hogar que tengan la misma jornada, las designadas son las mujeres, cargándolas con el doble de responsabilidades. 

Los avances en la situación de reconocimiento de la economía del cuidado en el país son limitados. Como menciona Iliana Álvarez en su reporte “Reconocimiento de los cuidados en El Salvador. Avances y tareas pendientes”:  “En El Salvador el conocimiento cuantitativo de la economía del cuidado es muy limitado, pero existen esfuerzos de investigación y construcción de indicadores del cuidado, entre los que destacan el diseño e implementación de Encuestas de Uso de Tiempo, la información diferenciada por sexo de las principales encuestas socioeconómicas y la Cuenta Satélite del Banco Central del Trabajo Doméstico no remunerado”

Si bien estos avances son importantes, es necesario que el Estado asuma una de sus responsabilidades que han venido evadiendo durante años, no basta con simples indicadores si no serán utilizados para tomar cartas en el asunto.

Naomi Rivas

Naomi Rivas

Estudiante de la licenciatura en Economía en la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA) e integrante del Círculo Académico de Análisis Político (CAAP).

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