
Enero 31, 2025
El presidente de Estados Unidos aprovechó un roce con el de Colombia para dejar en claro el tono insultante de sus relaciones con América Latina. ¿Pero su gobierno realmente puede desentenderse de lo que pasa en el resto del continente?
Miembro de la mesa editorial de Connectas
“¿Cómo ve la relación con América Latina y Brasil?”, le preguntó una periodista brasileña al presidente Donald Trump mientras firmaba decretos en el Salón Oval de la Casa Blanca. “Genial. Debería ser genial. Nos necesitan mucho más de lo que nosotros los necesitamos a ellos. No los necesitamos. Nos necesitan. Todos nos necesitan”.
En algo el flamante presidente tiene razón. Algo que, por cierto, es una obviedad: América Latina necesita mucho de Estados Unidos. Pero este país también necesita de la región, lo que alcanzó a aceptar Trump antes de contradecirse. Tal vez nunca lo reconocería, pero de acuerdo con las expertas consultadas, a Trump le conviene tener una buena relación con varios gobiernos latinoamericanos para cumplir algunas de las promesas que lo llevaron a la presidencia.
🇺🇸🇧🇷 | Presidente Trump sobre Brasil: “Ellos nos necesitan mucho más de lo que nosotros los necesitamos a ellos. Nosotros no los necesitamos”. pic.twitter.com/wnn7DOQVuk
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) January 21, 2025
Maureen Meyer, vicepresidenta para programas de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), apunta que ese discurso de Trump no se limita a la región. “En el caso de América Latina creo que olvida muchos aspectos claves. Por un lado, lo económico. México es el socio principal comercial para Estados Unidos a nivel global, fuera de acuerdos de libre comercio”, dijo Meyer a CONNECTAS.
María Victoria Murillo, doctora en Ciencias Políticas, concuerda y agrega que sobre todo el norte del subcontinente está muy integrado con Estados Unidos. “América Latina es parte de su global supply chain, particularmente México y Centroamérica son clave para la economía norteamericana”, dice. La experta se refiere a que buena parte de la manufactura de productos de empresas estadounidenses se realiza en países latinoamericanos. Pero no solo estos se benefician, pues las empresas estadounidenses también sacan provecho de una mano de obra barata.
“La situación con México es diferente porque tiene una relación muy compleja con Estados Unidos. No solamente somos América Latina, somos la frontera con él y nos necesita por temas muy complicados”, precisa Raquel Saed, especialista en política y medios de Estados Unidos.
Se trata de la seguridad; el tráfico de drogas y de armas, migración y deportaciones; temas económicos, sociales y culturales… “Por ejemplo, a nivel de la frontera donde un estado (de Estados Unidos) se comunica con su vecino de México. Tienen intercambios y tienen cooperaciones, es mucho más complejo de lo que él quiere plantear, cómo nos quiere ver y cómo nos quiere denominar”.
Otro aspecto clave es la migración. “Si uno piensa en las prioridades que tiene Trump para su agenda nacional, que son combatir la migración y el narcotráfico, obviamente América Latina debe ser un socio clave. Trump va a necesitar la cooperación de los países de América Latina para incluso recibir a sus connacionales”, explica Meyer.
Los países de tránsito y acogida en la región han jugado en el pasado un rol importante para desincentivar la migración a Estados Unidos, apunta Meyer. Los de acogida al recibirlos y ofrecerles oportunidades, y los de tránsito al cooperar con Washington con sus políticas migratorias. “Panamá incluso ha tratado de ser un socio más importante para Estados Unidos en los últimos meses, aceptando tener vuelos de deportación desde Panamá a Colombia y Ecuador”.
Pero justamente en este tema, el presidente colombiano Gustavo Petro le dio a Trump la oportunidad para demostrar que su política va a estar dominada por la mano dura. Lo hizo al desautorizar los primeros vuelos de repatriación de migrantes, con la exigencia de que llegaran en aviones civiles y en condiciones dignas. En respuesta, Trump no solamente amenazó con aranceles hasta del 50 por ciento a las importaciones desde Colombia, sino que aprovechó para llamar a los deportados asesinos, narcotraficantes y pandilleros.
El asunto no pasó a mayores, pues Colombia muy pronto terminó por aceptar todas las exigencias estadounidenses. Pero más allá de la imprudente improvisación de Petro, que desautorizó los vuelos cuando ya estaban en el aire, el episodio dejó en claro que Trump no ahorrará ningún recurso para imponer su voluntad en el subcontinente.
Por otro lado, la política migratoria de Trump se contradice con otro de sus objetivos, ya que afectaría a la economía estadounidense. La mayoría de los indocumentados trabajan en sectores claves como la construcción, la agricultura y los servicios. Meyer señala que el primero puede ser uno de los más afectados ante los desastres naturales del último año. “Tanto el sur por los huracanes como Los Ángeles por los incendios necesitan mucha mano de obra para la reconstrucción”.
Sobre este punto, Murillo aclara que Trump argumenta que no tienen por qué ser indocumentados, que podrían llevar a trabajadores con permisos temporales. Pero no es un planteamiento fácil de ejecutar, “porque el costo de la fuerza de trabajo subiría y habría escasez, al menos en el momento de la transición”, dijo a CONNECTAS.
Todo termina en un círculo vicioso: miles de latinoamericanos migran a Estados Unidos en busca de un “sueño americano” que no pueden alcanzar en sus países. Por ello, tomar medidas que profundicen los problemas socioeconómicos de sus países, solo aumentarán las razones para migrar. Es decir, a mediano plazo la mano dura puede ser contraproducente para Estados Unidos. “Es importante pensar que las personas indocumentadas pagan impuestos y contribuyen a nuestro sistema de seguro social, del cual nunca van a recibir el beneficio”, reflexiona Meyer. Ciertamente, según un análisis del Instituto de Fiscalidad y Política Económica, de tendencia de izquierda, al que hace referencia una nota del diario The New York Times, en 2022 los indocumentados aportaron 25.700 millones de dólares en impuestos al Seguro Social. El mismo Instituto calcula que los trabajadores indocumentados pagaron en impuestos un total de 96.700 millones de dólares.
“También es importante reconocer que Estados Unidos tuvo una recuperación económica después de la pandemia mejor que otros países, justamente por lo que ha sido la entrada de muchos migrantes”, agrega Meyer. Además, para América Latina el impacto sería enorme, porque las remesas sobre todo en México y Centroamérica son una parte muy importante de la economía.
Hasta el regreso de Trump, Estados Unidos operaba desde el poder suave, como dice Saed, una política “pragmática, porque si tú apoyas a un país en necesidad estás interviniendo humanitariamente, lo cual te genera una opinión pública a favor y también una respuesta de los gobiernos a favor. Entonces, los países se vuelven parte del apoyo que necesita esta potencia. Esto es lo que lo que él (Trump) estaría haciendo a un lado”.
Y es que el nuevo presidente, con consignas como “Estados Unidos primero” y el regreso a “la era dorada“, recuerda inevitablemente al siglo XIX y a las acciones que llevaron a Estados Unidos a convertirse en una potencia mundial. En su visión no cabe el multilateralismo que se impuso en la segunda mitad del siglo XX, sino una mirada centrada en conceptos de otras épocas, como el aislacionismo, pero al mismo tiempo la expansión imperialista.
Hoy, como se demostró con el episodio de Petro, “la mano dura” y las amenazas marcan la pauta de la política exterior de Trump. Para la experta Murillo, sus amenazas podrían responder a una estrategia. Por ejemplo, lo de “retomar” el canal de Panamá incluso por la fuerza. “Esta narrativa tiene que ver con su guerra con China, pero más con su capacidad para negociar, ¿en qué términos? ¿Cuál es la tarifa que pagarán los barcos norteamericanos? ¿Cuánto los chinos?”
Saed apunta una explicación en el mismo sentido: “Nosotros (los mexicanos) estamos en un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y ahora él está hablando de que Canadá es diferente a México. Por eso, para él es más importante deshacer el tratado y empezar, como decimos, ‘a doblar el brazo a México’ para que nosotros tengamos que negociar uno a uno sin la intervención de Canadá”.
Pero el resultado de esa estrategia es incierto. Para la representante de Wola, para combatir la influencia de China, Trump debería pensar en otro tipo de acercamiento con los países en América Latina, más como socios claves y no como adversarios. “En el tema de comercio es importante pensar que, si Trump quiere distanciarse de la región, pues al final abrirá también la puerta a mayor inversión china, lo cual realmente va en contra de una de las prioridades de su gobierno”.
Pero a Trump, a diferencia de sus antecesores, no le interesa el destino del resto del continente. “Lo que beneficia realmente a Estados Unidos es tener una región estable, con buenas relaciones entre sí y en temas de cooperación. No es solamente migración, ni tráfico ilícito de drogas. Hay muchas amenazas globales como el flujo de personas que tienen intereses de desestabilizar otros países. Se necesita compartir inteligencia, se necesitan relaciones basadas en la diplomacia. Yo creo que el gobierno de Trump tendría que reconocer que sí es importante la región para Estados Unidos y sí debe ser una relación basada en el reconocimiento del beneficio mutuo”, concluye Meyer.
Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de regresar a la época dorada de los Estados Unidos. Pero, al menos en la narrativa, parece ignorar que el panorama mundial es muy distinto. ¿Qué tanto una actitud como esa, de mano dura y franco desprecio por sus vecinos, podría estimular aún más los vínculos de los países latinoamericanos con potencias extracontinentales? El tiempo lo dirá.
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