Un método similar podría ayudar a medir el riesgo de cáncer por otras exposiciones ambientales, como el descarrilamiento del tren en East Palestine. Para ello, Karlsson y sus colegas enviaron recientemente etiquetas de silicona a unos 75 propietarios de perros que viven cerca del lugar. Los investigadores están midiendo las sustancias químicas presentes en las placas y analizando muestras de sangre de los perros para detectar cambios genéticos relacionados con el cáncer.
Según Karlsson, si los perros expuestos a las sustancias químicas del descarrilamiento presentan un mayor índice de estas mutaciones en la sangre, podría ser necesario vigilarlos a ellos y a sus dueños para detectar un mayor riesgo de cáncer.
Mientras los investigadores siguen estudiando los vínculos entre el cáncer de perro y el de las personas, a menudo reiteran los beneficios que se derivan no solo para la ciencia, sino también para los dueños de perros y sus mascotas enfermas. Las mascotas reciben cuidados oncológicos muy sofisticados a los que sus dueños no tendrían acceso de otro modo, y los dueños pueden pasar un poco más de tiempo con sus compañeros. “No estamos experimentando con estos animales en su detrimento”, afirma Thamm. “Intentamos ayudar a estos individuos”. Eso, dicen él y otros, es motivo de gran satisfacción.
Artículo traducido por Debbie Ponchner


