Artículo traducido por Debbie Ponchner

Para esta tarea, el toque humano sigue superando a las máquinas. Pero quizá no por mucho tiempo. Este es un artículo original de Knowable Magazine.
Knowable Magazine** | Enero 16, 2026
Hace más de 60 años, Robotina hizo su debut televisivo en Los Supersónicos, integrándose a la perfección en el hogar de los Supersónicos mientras iba de una habitación a otra realizando las tareas domésticas. Ahora, a medida que la realidad se pone al día con la ciencia ficción y los científicos trabajan para desarrollar Robotinas modernas, una de las tareas más mundanas está resultando ser un gran desafío: doblar la ropa.
El acto aparentemente sencillo de coger una camiseta y doblarla en un cuadrado perfecto requiere una comprensión sorprendentemente compleja de cómo se mueven los objetos en tres dimensiones. Nuestra facilidad para realizar estas tareas proviene de un conocimiento adquirido sobre cómo responden los diferentes tejidos al doblarse, incluso si no los hemos doblado antes, pero a los robots les cuesta aplicar lo que aprenden a situaciones nuevas que pueden diferir de su entrenamiento. Como resultado, los robots actuales son lentos y a menudo tienen un rendimiento deficiente incluso en las tareas de doblado más sencillas.
Sin embargo, ahora hay nuevos enfoques que se adaptan mejor a situaciones del mundo real y que pueden sentar las bases para que los robots doblen nuestra ropa en el futuro.
Un gran reto a la hora de enseñar esta habilidad a los robots es la infinidad de formas en que se pueden doblar los distintos tejidos. Piense en todas las veces que ha tirado una camiseta al cesto de la ropa sucia y en cómo cada vez ha caído en una forma ligeramente diferente. Para las personas es fácil coger una camiseta y encontrar rápidamente una manga o un cuello para orientarse, pero cada forma única en que se arruga una camiseta supone un nuevo reto para los robots, que a menudo se entrenan con imágenes de ropa sin arrugas, colocada sobre una superficie plana, con todas sus características visibles.
“El reto no es el tejido en sí mismo. Es la cantidad de variaciones que se pueden crear por la forma en que se puede arrugar el tejido y todos los diferentes tipos de prendas de ropa que existen”, afirma David Held, investigador de robótica de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh.
Los robots actuales suelen utilizar una estrategia denominada “recoger y colocar”, en la que el robot utiliza un movimiento predeterminado para manipular la tela. A menudo, esto no da como resultado un buen doblez, ya que la tela suave puede arrugarse o deformarse de forma inesperada. Crédito: A. Longhini et al/ Adafold: Adapting folding trajectories of cloths via feedback-loop manipulation 2024.
Ese desafío es más fácil para las personas, porque somos esponjas sensoriales. Nuestros ojos y manos nos proporcionan una enorme cantidad de información sobre el mundo a través de toda una vida manipulando objetos tridimensionales. Otro resultado de todo ese aprendizaje es que, con solo mirar una pieza de tela, intuimos su peso o elasticidad, y cuál sería la mejor forma de doblarla. Para nosotros está claro que la tela de blue jean no se dobla como la seda, por ejemplo, pero los robots no entienden automáticamente que se necesita más fuerza para levantar y doblar unos vaqueros que una blusa delicada, y en su lugar necesitan interactuar con el objeto antes de determinar un plan de doblado.
Además, las “manos” de los robots no son tan versátiles como las nuestras. Muchos tienen pinzas diseñadas específicamente para el tamaño y la forma del objeto que se va a manipular: un robot encargado de atornillar tornillos en un panel de un vehículo, por ejemplo, puede tener una pinza construida para agarrar el tamaño exacto del tornillo. La ropa supone un reto porque las dimensiones de la tela cambian con cada maniobra, por lo que las pinzas deben diseñarse para adaptarse con precisión a cualquier forma y tamaño de tela.
“Los seres humanos tenemos manos flexibles cubiertas de piel que pueden sentir la temperatura, la textura y si algo está húmedo o seco”, afirma Danica Kragic, informática del Instituto Real de Tecnología KTH de Suecia y coautora de un artículo sobre el doblado robótico en el Annual Review of Control, Robotics, and Autonomous Systems de 2025. En resumen, afirma Kragic, “manipular tejidos requiere tanto capacidades avanzadas de manipulación manual como un alto nivel de razonamiento”.
Aunque los robots suelen aprender las propiedades de la ropa real reconociendo las características de las prendas en imágenes, los enfoques más sofisticados a veces utilizan la física para modelar los tejidos como una serie de masas conectadas por resortes, simulando la naturaleza elástica de los tejidos. Pero incluso estas representaciones a menudo no captan la verdadera complejidad de la ropa. Científicos están trabajando para reducir esta brecha con la realidad, como denominan los investigadores a este tipo de problemas, mediante el desarrollo de mejores conjuntos de datos. Un ejemplo es ClothesNet, una colección de 4,400 prendas de vestir simuladas en tres dimensiones, con características como mangas y cuellos etiquetados, para proporcionar una representación más realista de la que los robots puedan aprender.
Una vez que han sido entrenados en las propiedades de un tejido, muchos sistemas robóticos utilizan una estrategia de doblado llamada “pick and place” (recoger y colocar), en la que el robot utiliza tecnología de visión artificial para identificar un punto específico de una camisa (como la manga izquierda), luego recoge ese punto y lo coloca en otro punto específico (quizás la manga derecha). En estos modelos, el origen, el destino y la trayectoria de la maniobra están predeterminados en función de las propiedades supuestas del tejido, como la elasticidad y el peso. Aunque pueda parecer sencillo, este enfoque limita la capacidad de los robots para adaptarse a los cambios en tiempo real del entorno, como unos pantalones mucho más pesados de lo esperado o un botón que estorba. Si se da alguna de estas circunstancias, el sistema no puede cambiar su trayectoria para completar el doblado correctamente.
De hecho, por esta razón, los resultados no son muy buenos. Los investigadores suelen evaluar el éxito de un doblez utilizando una métrica llamada “intersección sobre unión” (IoU), que es básicamente la cantidad de solapamiento de un material después de haber sido doblado. Un doblez perfecto tendría una puntuación IoU de 1, lo que significa que la tela se ha doblado perfectamente por la mitad. En un estudio de 2024, el método “pick and place” obtuvo una puntuación de apenas 0.41 al intentar doblar por la mitad una pieza rectangular de tela.
Las nuevas tecnologías tienen como objetivo mejorar la capacidad de los robots para reaccionar a los cambios en tiempo real durante una tarea de doblado. Uno de estos enfoques se denomina AdaFold (por sus capacidades de doblado adaptativo). A diferencia del pick and place, AdaFold puede cambiar su plan en medio de un pliegue. El modelo supervisa repetidamente la tela mientras se pliega para medir el progreso, adaptándose a los cambios en la forma y la elasticidad de la tela y ajustándose cuando es necesario para garantizar la mayor superposición posible cuando se completa el doblez. En el mismo estudio de 2024, AdaFold obtuvo una puntuación IoU de 0.83.
AdaFold, un nuevo algoritmo para doblar tejidos, ajusta su trayectoria de plegado en cada paso para reducir las arrugas y responder a los cambios dinámicos en la forma de la tela. Crédito: A. Longhini et al/ Adafold: Adapting folding trajectories of cloths via feedback-loop manipulation 2024.
La respuesta dinámica y adaptable que muestra AdaFold podría ayudar a los investigadores a diseñar robots que respondan con mayor flexibilidad al mundo humano en constante cambio. “Tenemos la capacidad de reconocer que nuestra intuición era errónea: podemos ajustar fácilmente nuestra representación interna del objeto”, afirma Alberta Longhini, cocreadora de AdaFold y a punto de comenzar una investigación posdoctoral en la Universidad de Stanford, en California. “Para los robots, esto sigue siendo complejo”.
Hasta que los expertos en robots resuelvan ese problema, por desgracia es poco probable que podamos encargar la labor de doblar la ropa u otras tareas domésticas a robots como Robotina.
Artículo traducido por Debbie Ponchner
*Kaia Glickman es una periodista científica de Los Ángeles. Está cursando un máster en comunicación científica en la Universidad de California en Santa Cruz y está encantada de haber visto su primera babosa banana en vivo.
**Este artículo apareció originalmente en Knowable en español , una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Es republicada en GatoEncerrado bajo una licencia Creative Commons.


