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Conmemoran 46 años del martirio de Monseñor Romero y denuncian las actuales injusticias sociales

Por Bladimir Nolasco

Marzo 24, 2026

A 46 años de su asesinato, organizaciones y feligreses de la Iglesia Católica llegaron este 24 de marzo al sótano de la Catedral Metropolitana de San Salvador, en donde se ubica la cripta de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, para conmemorar su martirio y honrar su legado. Para sus seguidores, quienes encuentran en él una guía y mensajes de esperanza, este día también es esencial para alzar la voz y denunciar las injusticias que se viven en El Salvador actual.

Así lo hizo el Comité Nacional Monseñor Romero. Mediante un comunicado, este grupo aseguró que el país atraviesa, de nuevo, un momento de violaciones a los derechos humanos perpetrado por el Gobierno de Nayib Bukele en contra de los sectores más vulnerables, similar a lo que se vivía en los años en que Monseñor Romero fue arzobispo de San Salvador.

Aprovecharon la ocasión para señalar que el régimen de excepción ha convertido al país en una cárcel gigante y que por eso, según dijeron, ahora más que nunca la gente necesita de la intercesión del primer santo salvadoreño para que frenen las injusticias en contra de personas inocentes que han sido capturadas de forma arbitraria.

Óscar Arnulfo Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, San Miguel. Su vida estuvo ligada a la iglesia desde muy temprana edad. A los 13 años ingresó al Seminario Menor Claretiano de San Miguel y en 1937 pasó al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador. Se mudó a Roma para estudiar teología. Regresó a El Salvador y en 1943 fue designado párroco de Anamorós y luego de San Miguel, en donde estuvo por más de 20 años. En 1968 fue elegido secretario de la Conferencia Episcopal. Dos años después, el papa lo designó obispo auxiliar de San Salvador y, en 1974, obispo de Santiago de María. Finalmente, en 1977, asumió como arzobispo metropolitano de San Salvador. Foto/Bladimir Nolasco.

“He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Como pastor, estoy obligado por mandato divino a dar mi vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad”, declaró Monseñor Romero en una entrevista publicada en marzo de 1980, días antes de su asesinato, por el periódico mexicano Excélsior. Una de sus frases está plasmada en el Hospital de la Divina Providencia. Foto/Bladimir Nolasco.

Monseñor Romero fue asesinado alrededor de las 6:30 de la tarde del lunes 24 de marzo de 1980, mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en San Salvador. Un disparo de francotirador le atravesó el pecho a la altura del corazón. Un día antes, en la etapa inicial del conflicto armado salvadoreño, había pedido públicamente a los militares que desobedecieran las órdenes de matar. 

El Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas de 1993 señaló como autor intelectual al mayor del Ejército y fundador del partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), Roberto D’Aubuisson. A él se le suman el excapitán Álvaro Saravia, implicado en la logística del crimen y Amado Garay, el conductor que llevó al tirador hasta la capilla y que luego huyó con él.

No hubo condenas penales firmes en El Salvador para los asesinos materiales o intelectuales de Monseñor Romero debido a la impunidad y la Ley de Amnistía de 1993. Foto/Bladimir Nolasco. 

Fieles de la Iglesia Católica y seguidores de Monseñor Romero llegaron a su cripta desde tempranas horas de este martes 24 de marzo. Los visitantes y creyentes del santos, elevaron sus peticiones con la fe de que serán escuchadas. Como en años anteriores, algunas personas llevaron ofrendas florales que colocaron alrededor de la cripta. Foto/Bladimir Nolasco.

El Comité Nacional Monseñor Romero hizo un llamado al Gobierno de Nayib Bukele para que detenga todas las acciones que atentan contra los derechos humanos de la población, como el despido injustificado de maestros y doctores, criminalización de voces críticas y los proyectos impulsados que amenazan al medio ambiente. Además, pidieron que se quite el régimen de excepción y la libertad de los inocentes capturados de forma arbitraria. “Sabemos que San Romero de América estará siempre entre nosotros, como él lo prometió. Acompañará nuestras luchas y nos ayudará a encontrar el sendero cuanto tengamos dificultad para identificarlo”, agregaron en un comunicado. Foto/Bladimir Nolasco.

Eneida Abarca, madre de Carlos Abarca, un joven que desapareció el 1 de enero de 2022 y de quien el Estado no ha dado respuesta sobre su paradero, acompañó al Comité Nacional Monseñor Romero. Eneida lleva cuatro años exigiendo información y acciones a las autoridades, pero sus peticiones rara vez han sido escuchadas y el proceso se ha dilatado sin justificación.  El desprecio del Estado en su caso es el ejemplo de que la situación que denunciaba Monseñor Romero sigue vigente en El Salvador. Cerca de la cripta, Eneida colocó una vela con la fotografía de su hijo para pedir por él. De igual manera, otras organizaciones que estuvieron presentes llevaron imágenes de los abogados Ruth López y Enrique Anaya, voces críticas del gobierno que fueron capturados en mayo y junio del año pasado , respectivamente, y de Fidel Zavala, quien recientemente cumplió un año de haber sido recapturado por la Policía, luego de haber denunciado torturas en los centros penales. Foto/Bladimir Nolasco.

A la cripta también llegaron religiosas de diferentes congregaciones para conmemorar el 46 aniversario del martirio de Monseñor Romero. A lo largo de su arzobispado, mantuvo un vínculo estrecho con las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, quienes administran el Hospital de la Divina Providencia, lugar en el que vivió por algunos años en una pequeña casa. Ahora, ese espacio se ha convertido en un museo que conserva prendas y objetos que pertenecían a San Óscar Romero. Foto/Bladimir Nolasco.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue proclamado beato el 23 de mayo de 2015 en un acto que tuvo lugar en la Plaza Salvador del Mundo frente a miles de feligreses y una amplia representación de religiosos del mundo. Tres años después, el 14 de octubre de 2018, en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, Romero fue canonizado y se convirtió en el primer santo de El Salvador. Foto/Bladimir Nolasco.

En el sótano de Catedral Metropolitana se desarrolló una misa en honor a Monseñor Romero. En un altar cargado de simbolismos se podía apreciar su rostro al centro y mantas moradas propias de la época de cuaresma que representan los 40 días de preparación espiritual antes de la Pascua. Foto/Bladimir Nolasco.

Con vestidura litúrgica de color rojo que se utiliza para ocasiones como la conmemoración del martirio de un santo, el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, presidió la misa en la nave principal de Catedral Metropolitana en honor a Monseñor Romero. Estuvo acompañado del cardenal Gregorio Rosa Chávez y del resto de la Arquidiócesis de San Salvador. En su homilía, Escobar Alas rescató el legado de Monseñor Romero, por lo que hizo un llamado a poner en práctica sus enseñanzas. Posteriormente, el arzobispo y los obispos bajaron a la cripta y realizaron una oración. Foto/Bladimir Nolasco.