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Aumento del calor extremo en El Salvador limita cada vez más la actividad física de adultos mayores y pone en riesgo su salud

El calor extremo se ha convertido en un riesgo para la salud y la vida cotidiana de las personas a nivel global, especialmente para las mayores de 65 años, según revela un estudio reciente liderado por científicos de The Nature Conservancy. En El Salvador, las horas de calor al año casi se han duplicado en las últimas décadas. Esto afecta principalmente a la población adulta de zonas como Ahuachapán, San Vicente, San Miguel y La Unión, especialmente en periodos cuando hay olas de calor, como la que vivió el país durante ocho días en abril de 2026. GatoEncerrado habló con una de las investigadoras que trabajó en el estudio sobre el impacto del calor para profundizar sobre los hallazgos de la investigación y lo que revela sobre la necesidad de tomar medidas estratégicas para mejorar las condiciones de vida de las personas adultas mayores. 

Foto/Bladimir Nolasco.

Por GatoEncerrado

Abril 20, 2026

Hay tareas tan cotidianas que habitualmente se realizan sin pensar en el desgaste físico que implican, como subir las gradas del hogar, caminar de un punto a otro, cocinar o regar el jardín. El incremento de la temperatura global a causa del cambio climático ha hecho que este tipo de actividades sean cada vez más peligrosas para los adultos mayores. En El Salvador, en las últimas décadas, ha aumentado casi un 80 % las horas al año en las que el calor es tan intenso que una persona mayor no puede realizar con seguridad actividades al aire libre. Este aumento sitúa al país como el segundo de los más afectados de Centroamérica, solo por detrás de Nicaragua.

Así lo revela un estudio liderado por el científico especializado en modelización climática aplicada y miembro de The Nature Conservancy, Luke Parsons. 

La investigación expone que el calor ya no es solo un factor molesto que se debe soportar por unos meses, sino que el simple hecho de estar al aire libre a la sombra ahora supone un riesgo para la salud de los adultos jóvenes y mayores en algunos lugares del mundo, una condición que no es nueva, pero que hace algunas décadas no representaba el mismo riesgo que en la actualidad. 

GatoEncerrado conversó con Gisel Guzmán Echavarría, investigadora de la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés) y coautora del estudio “El aumento de la ola de calor global amenaza la habitabilidad de los adultos jóvenes y mayores”, para profundizar en los hallazgos más relevantes de la investigación, entre ellos, el concepto de habitabilidad, uno de los ejes centrales del estudio.

“La habitabilidad se entiende más sobre las restricciones que podemos tener en términos de la actividad física segura que podemos hacer de manera sostenida en el tiempo (…) Porque si tú no puedes hacer las actividades cotidianas que normalmente harías, independientemente del clima que haya, esto restringe tu capacidad de habitar un lugar. A eso nos referimos como habitabilidad”, explicó Guzmán.

Ante este escenario, los adultos mayores son el grupo etario más vulnerable. Según se describe en la investigación, las personas que sobrepasan los 65 años experimentan un deterioro en sus capacidades para regular la temperatura corporal y mantener un equilibrio térmico. La causa principal es una disminución fisiológica en la capacidad de sudoración.

Tras evaluar datos climáticos de las últimas siete décadas (1950-2024), los expertos concluyeron que las personas mayores de 65 años experimentan en la actualidad alrededor de 900 horas al año en las que el calor les impide realizar actividades al aire libre de forma segura, esto equivale a más de un mes de horas diurnas y contrasta con las 600 horas registradas en 1950. 

En el caso específico de El Salvador, el número de horas con graves limitaciones de habitabilidad para personas mayores de 65 años pasó de 218 en el periodo de 1950-1979 a 387 entre 1995 y 2024, lo que se traduce en un incremento del 77.5 % en los últimos 30 años. Esto posiciona a El Salvador como el segundo país de Centroamérica con mayor aumento, solo por detrás de Nicaragua.

Aumento de horas de calor que limitan a los adultos mayores

(Centroamérica)

El Salvador es el segundo país de Centroamérica con el mayor número de horas que limitan las actividades físicas que pueden realizar los adultos mayores de manera segura. En los últimos 30 años, todos los países de la región han sufrido aumentos significativos como consecuencia del calentamiento global.

Indicación: Toque las barras para ver el valor.

Fuente: Elaborado por GatoEncerrado con datos del estudio encabezado por Luke Parsons.
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De acuerdo a los datos del censo poblacional realizado por el Banco Central de Reserva en 2024, en El Salvador hay 633,919 personas mayores de 65 años. Es decir, un 10.5 % de salvadoreños y salvadoreñas forman parte del grupo más vulnerable si se toma en cuenta solamente la edad. No obstante, en esta situación influyen otros factores como la zona geográfica o el acceso a infraestructura climatizada.

En otras palabras, las personas que habitan en las zonas más calurosas del país enfrentan limitaciones para realizar actividades físicas. Especialmente durante periodos como la ola de calor de ocho días en abril de 2026. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, zonas como Ahuachapán, San Vicente, San Miguel y La Unión registraron temperaturas muy altas en la ola de calor, alcanzando entre 38 y 40 °C.

Las consecuencias pueden llegar a ser mortales. Según explica Gisel Guzmán, las personas sometidas a condiciones extremas de calor de manera sostenida en el tiempo, sin ninguna acción para adaptarse o protegerse, pueden desarrollar síntomas de agotamiento por calor, como mareos, náuseas, vómitos, debilidad y sudoración extrema. Además, si esta sintomatología no es atendida, se puede llegar a experimentar un golpe de calor, que es potencialmente mortal porque se vuelve imposible regular la temperatura corporal, lo que provoca fallas en diferentes órganos, incluido el corazón. 

“Ante una condición de estrés térmico alto, lo que ocurre es que el cuerpo humano percibe que aumentó la temperatura de la piel o de diferentes partes, y el corazón empieza a bombear mucha más sangre, diciendo: ‘Si está haciendo tanto calor, voy a enviar más sangre a la piel porque me ayudará a enfriarme internamente. Yo tengo que deshacerme de este calor como sea’. El corazón empieza a trabajar mucho más fuerte. Paralelamente, empezamos a sudar y se van perdiendo líquidos que también afectan a cómo está funcionando el corazón y el sistema cardiovascular. Todo eso se acumula hasta que deriva en un golpe de calor”, detalló Guzmán a esta revista.

El impacto del calor extremo también puede extenderse a la productividad del país. El estudio destaca que, durante las partes más calurosas del año, realizar actividades en la sombra de intensidad baja a moderada puede ocasionar estrés térmico en las personas más vulnerables. Por lo tanto, si un lugar ya es considerado inseguro para el reposo o la actividad ligera, se espera que las condiciones tampoco permitan trabajar o ser productivo de manera segura.

La pérdida de productividad y los riesgos asociados al calor no afectan a todos por igual. Los trabajadores al aire libre, como agricultores y constructores, tienen menor capacidad de adaptación porque carecen de medidas de protección, como acceso a aire acondicionado o ropa especializada. Lo paradójico es que esos trabajos son su principal fuente de ingreso; sin ellos, no podrían sostenerse económicamente, pero continuar expuestos al calor extremo supone un peligro constante para su salud.

En Ahuachapán, uno de los puntos más calientes del país, las familias tienen poco acceso al agua, lo que también limita la debida hidratación, sobre todo durante las olas de calor. Foto/Bladimir Nolasco.

Con respecto a la infraestructura climatizada, según el censo, en El Salvador hay 1.9 millones de hogares, de los cuales solo 141,124 poseen aire acondicionado. Hay que tomar en cuenta que adquirir este equipo representa un gasto significativo para familias que sobreviven con lo mínimo, tanto por el precio de compra como el aumento en la tarifa de energía eléctrica.

El ámbito económico también es relevante a la hora de evaluar las capacidades de las personas y de los Estados para afrontar la ola de calor global. De hecho, El Salvador se ubica en la posición 142 de 188 del Índice de Vulnerabilidad de Financiación Climática, desarrollado por el Centro Nacional de Preparación para Desastres de la Escuela Climática de Columbia. Este índice permite comprender la vulnerabilidad climática y financiera de los Estados para hacer frente al calentamiento global y desarrollar estrategias de adaptación orientadas hacia quienes más lo necesitan. 

La posición que ocupa el país está condicionada principalmente por la vulnerabilidad financiera. Según los datos, El Salvador es una de las naciones más afectadas por el nivel de endeudamiento, lo que limita su capacidad para abordar los impactos del cambio climático y los desastres. También influyen los niveles de sofisticación financiera, un indicador que mide el nivel de desarrollo de los mercados de capitales nacionales y la infraestructura financiera de un país. En ambos casos, el Estado salvadoreño se encuentra en niveles que le dejan mermado para hacer frente al calor extremo desde una perspectiva fiscal.

Evolución de la sostenibilidad de la deuda

(2000-2024) Este es uno de los indicadores que demuestran la vulnerabilidad financiera de El Salvador para hacer frente al cambio climático. La sostenibilidad de la deuda se encuentra habitualmente por arriba de los 60 puntos, a diferencia de 2015, el año en que mejor rendimiento tuvo y el 2012, cuando peor le fue.

Notas: 1. Los valores más altos indican mayor riesgo. 2. Toca la línea para que aparezca el valor.

Fuente: Centro Nacional de Preparación para Desastres de la Escuela Climática de Columbia.
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Aunque la principal medida para enfrentar el cambio climático y frenar la ola de calor global se centra en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el estudio plantea algunas recomendaciones que se pueden aplicar para mitigar sus impactos. Entre ellas, la creación de estaciones municipales de refrigeración, en donde las personas más vulnerables puedan acceder a aire acondicionado durante las horas de mayor riesgo. También se proponen cambios en los horarios laborales para evitar que los trabajadores se expongan al esfuerzo físico durante los momentos del día con más limitaciones de habitabilidad.

Aun así, Gisel Guzmán comentó a esta revista que es necesario adoptar estrategias a nivel individual para prevenir daños, como hidratarse constantemente o el uso de sombrillas para protegerse del sol. Señaló que es clave que las personas identifiquen y tengan conocimiento sobre cómo reaccionar ante el calor, lo que les permitirá tomar otras medidas que sean pertinentes de acuerdo a su entorno y condiciones.

También recalcó que debe asumirse que esta problemática ya es presente y no un escenario futuro. Advirtió que, si no se toman medidas desde ahora, será cada vez más difícil revertir sus efectos a largo plazo.

“El llamado es que si esto no se controla, no se revierte, va a seguir aumentando, como ha ido aumentando en los últimos años, la evidencia está (…) Pero sí es un problema que no es futuro, es presente, y dependiendo del contexto, el país y la comunidad o la ciudad también —porque en todas las ciudades la infraestructura es muy distinta, los gobiernos son muy distintos, el tejido social es muy distinto— es un desafío distinto de manejar, que puede ser urgente para algunas ciudades que estén situadas en estos lugares donde se ven tendencias de menor habitabilidad”, puntualizó Guzmán.

Esta es la investigación completa titulada “El aumento de la ola de calor global amenaza la habitabilidad de los adultos jóvenes y mayores”, publicada en la revista Environmental Research Health.