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Análisis

La lenta agonía de la democracia en Perú

Sin importar quien sea su contrincante en el balotaje del 7 de junio, Keiko Fujimori se perfila como la más opcionada a ganar la presidencia. En medio de la apatía ciudadana, sus mayorías parlamentarias podrían conducir al país a un nuevo gobierno autoritario de derecha.

Por Eloy Marchán | Connectas

Abril 24, 2026

El Perú acaba de tener las elecciones más atípicas de su historia. Nunca antes se había alargado una votación por 24 horas debido a problemas logísticos. Tampoco había habido unos comicios con 36 candidatos presidenciales. Y aún menos, unos en que los resultados definitivos no estuvieran listos hasta un mes después de los comicios.

Por eso, el Perú sigue en medio de una peligrosa incertidumbre. Al cierre de este artículo, solo estaba confirmado que Keiko Fujimori disputará por cuarta vez consecutiva una segunda vuelta presidencial. La hija del autócrata Alberto Fujimori, que gobernó entre 1990 y 2000, sacó el 17% de los votos, cuatro puntos más que en 2021, pero la mitad de lo que consiguió en 2016.

El Perú acaba de tener una de sus elecciones más inauditas de su historia 36 candidatos presidenciales, una cédula de votación extremadamente grande y unos resultados que se conocerán todavía el próximo 15 de mayo. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha informado que a mediados de mayo se sabrá definitivamente quién le disputará la presidencia a Fujimori. El contrincante saldrá entre el candidato de derecha radical, Rafael López Aliaga, y el postulante de izquierda extrema, Roberto Sánchez. La demora atenta contra la tranquilidad ciudadana, que comienza a manifestar su inquietud.

Ha transcurrido más de una semana tras las elecciones y el conteo está en 93.5%, donde Sánchez llevaba 14 mil votos de ventaja sobre López Aliaga. Sánchez acumula el 12% de los votos, mientras que López Aliaga 11.9%. La definición, anunciada para mediados de mayo, saldrá de las 5,794 actas observadas, con un poco más de un millón de votos en juego. La mayoría son de la sierra sur y norte del Perú, bastión de Sánchez.

Ante la posibilidad de salir derrotado, López Aliaga —quien se hace llamar “Porky” por su parecido al dibujo animado— ha iniciado una campaña de denuncia de fraude. Incluso está ofreciendo 6,000 dólares de recompensa a las personas que le entreguen pruebas.

El domingo último López Aliaga congregó a más de tres mil personas en el Campo de Marte, de Lima, para pedir la destitución del jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto, y exigir elecciones complementarias para que puedan votar las personas que no lo hicieron.

Lo hacen apoyados en la tardanza del material electoral, que llegó varias horas después de lo necesario a los locales de votación de siete distritos de Lima. La presión hasta el momento ha tenido efecto: Corvetto presentó su carta de renuncia en la tarde del martes. Pese a que el cargo del jefe de la ONPE es irrenunciable mientras está en curso un proceso electoral, la Junta Nacional de Justicia se la aceptó de inmediato.

Miles de ciudadanos peruanos participaron de la marcha convocada para el domingo 19 de abril por Rafael López Aliaga. El objetivo es denunciar fraude electoral y pedir la destitución del jefe del organismo electoral, Piero Corvetto. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

López Aliaga, líder del partido Renovación Popular, no está solo en su cruzada, pues lo acompañan los grandes medios de comunicación. El mismo domingo de la marcha, el diario El Comercio destinó 10 páginas de reportajes, columnas y entrevistas en contra de Corvetto. Tres de los canales de televisión más vistos, América, Panamericana y Latina, están en la también llamada línea fraudista.

La razón es que dos candidatos de derecha en la segunda significarían el mejor escenario para los grupos de poder y los medios tradicionales. Temen que otra vez Fujimori pierda en el balotaje con un izquierdista. Sin embargo, muchos analistas consideran que, a diferencia de las definiciones que tuvo con Ollanta Humala y Pedro Castillo, ese escenario es remoto.

Hay muchas razones para pensar eso. Roberto Sánchez es un actual congresista con poca coherencia política. Fue aliado de la bancada de Fujimori, tiene seis carpetas fiscales abiertas por casos de corrupción y ganó adeptos al asumir la defensa —y hasta la vestimenta— del expresidente Pedro Castillo, hoy preso por intentar dar un autogolpe de estado en diciembre de 2022.

El semanario Hildebrandt en sus trece demostró que la defensa de Sánchez a Castillo es una farsa. Sánchez era ministro de Comercio Exterior y Turismo cuando Castillo dio el intento de autogolpe y durante el juicio, testificó contra él. Sánchez, además, tiene como principal consejero político a Antauro Humala, quien estuvo preso 17 años por dirigir el “Andahuaylazo”, una revuelta en el 2005 de licenciados del Ejército, donde murieron asesinados cuatro policías.

Y si López Aliaga pasa a segunda vuelta, Keiko también podría ganar fácilmente. “Porky”, integrante del Opus Dei, fue alcalde de Lima entre 2022 y 2025 y no dejó buenos recuerdos. Además se caracteriza por sus mensajes extremistas y violentistas.

Rafael López Aliaga, el postulante de derecha ultraconservadora que ha denunciado fraude pese a tener intactas sus opciones de pasar al balotaje. López Aliga se caracteriza por difundir fake news y un discurso violento. (Foto: Miguel Vásquez Vicente)

Por ejemplo, en septiembre pidió “cargarse” —matar en el lenguaje del hampa peruana— al periodista de investigación Gustavo Gorriti. Y, más recientemente, amenazó al jefe del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, con violentarlo sexualmente si él no pasaba a la segunda vuelta.

Además de no medir sus palabras, López Aliaga se caracteriza por soltar fake news y creer en teorías de la conspiración. Le agrada que le digan que es la versión peruana de Donald Trump y se apoya en que posee una gran fortuna debido a sus negocios hoteleros, ferroviarios y de fondos de inversión.

Desde la orilla de Keiko Fujimori, a diferencia de sus postulaciones anteriores, ella ha decidido reivindicar plenamente el legado de su padre, fallecido en septiembre del 2024. El día de la votación, el 12 de abril, lo primero que hizo fue visitar la tumba del expresidente en el Cementerio de Huachipa.

Todo este panorama plantea una disyuntiva compleja para los votantes. El periodista César Hildebrandt, quien tiene más de cinco décadas en el oficio y es uno de los periodistas más influyentes del país, publicó un editorial diciendo que los peruanos ahora “tenemos que elegir entre una señora asociada carnalmente al crimen y unos señores a los que no les compraríamos un carro de segunda mano”.

Hildebrandt dice que el Perú, tan acostumbrado a cambiar presidentes —ha tenido nueve en los últimos diez años—, podrá librarse fácilmente de Sánchez o López Aliaga. Pero afirma que Keiko Fujimori representa el verdadero peligro para la democracia.

Keiko Fujimori, la hija del autócrata que gobernó el Perú entre 1990 y 2000, tiene la primera opción para ganar las elecciones. Sacó 17% de los votos y su pase a la segunda vuelta está asegurado. (Foto: Miguel Vásquez Vicente)

“De la señora, en cambio, no nos espera, si ganara, un episodio quinquenal. Nos espera ‘una era’. La dama de la dictadura está convencida de que un periodo presidencial es un plazo mezquino para traer el orden y el progreso y está dispuesta a cambiar el artículo 112 de la Constitución para permitirse, por lo pronto, la reelección inmediata”, escribió Hildebrandt.

A diferencia de lo que ha ocurrido en el Perú en la última década, si Fujimori gana el balotaje, tendría el control del legislativo. El conteo parlamentario de la ONPE aún no termina, pero las encuestadoras más serias le dan al fujimorismo 24 de los 60 senadores y 43 de los 130 diputados. A Fujimori no le será difícil sumar a otras bancadas o congresistas de derecha a su rebaño. Solo le faltan seis para controlar absolutamente el Legislativo.

Eso significaría, al menos, que de ganar Keiko llegaría a su fin la maldición de tener presidentes sin control del Congreso, lo que el Perú padece desde el 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski ganó, pero tuvo que enfrentarse a la bancada fujimorista con 73 legisladores.

La victoria de Fujimori surgiría, como advierten muchos analistas, la amenaza de tener una nueva dictadura. Sin embargo, otros piensan que el Perú vive ya una dictadura, con la particularidad de que tiene varias cabezas.

En efecto, Fujimori y sus aliados, entre ellos sorprendentemente los propios rivales, es decir López Aliaga y Sánchez, formaron lo que los analistas políticos llaman el “Pacto Mafioso”, una alianza parlamentaria creada para lograr impunidad en sus procesos judiciales y copar instituciones.

Roberto Sánchez, el candidato de izquierda radical que lucha voto a voto su pase a la segunda vuelta. La gran promesa de su campaña es liberar al expresidente Pedro Castillo, preso por intentar dar un autogolpe de estado en el 2022. (Foto: Andina)

De hecho, el “Pacto Mafioso” colocó a los magistrados del Tribunal Constitucional, impuso a un fiscal de la Nación cercano a ellos, controla la Junta Nacional de Justicia —encargada de nombrar y destituir jueces y fiscales— y nombró al defensor del Pueblo.

Es más, el “Pacto Mafioso” sostuvo a la presidenta Dina Boluarte durante sus casi tres años de mandato pese a llegar a tener 2% de aprobación y a ser la responsable política de la muerte de 40 ciudadanos que salieron a protestar contra su régimen. También puso a José Jerí como relevo de Boluarte y, en febrero último, nombró a José María Balcazar como nuevo inquilino de Palacio de Gobierno.

El politólogo Alberto Vergara ha definido al “Pacto Mafioso” como una “alianza para el progreso criminal”. Vergara dice que el fenómeno se debe a que la desconexión de la ciudadanía con la política ha llevado que esta haya quedado en manos de actores acusados de defender las economías ilegales.

Estas son principalmente en el Perú la minería ilegal, el narcotráfico y la extorsión. Según estimados de la Unidad de Inteligencia Financiera, el 14% del PBI peruano es dinero sucio. La cifra equivale a más de 33,000 millones de dólares.

¿Por qué pese a la oposición ciudadana al “Pacto Mafioso”, no surgió una candidatura presidencial contraria? Varios analistas señalan que el fujimorismo y sus aliados armaron un sistema electoral que les permite mantener su cuota de poder.

Uno de sus pilares fue cambiar el requisito para inscribir un partido político, que pasó de obtener 700,000 firmas por el de contar con 25,000 afiliados. Otro fue eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), con lo cual, en medio de la lluvia de partidos políticos, los más conocidos parten con cierta ventaja.

Por eso, hasta una semana antes del día de la elección, el porcentaje de indecisos rondó el 30%, una cifra nunca vista. Y al revisar los números al detalle, los 8 primeros puestos no sumaban en las encuestas ni el 50% de intención de voto.  

A lo largo de la campaña electoral muchos analistas políticos y periodistas anunciaron la aparición de un outsider. Hubo varios intentos, pero el candidato disruptor nunca llegó. Y los que amenazaron con serlo ni siquiera alcanzaron el 10% y la efervescencia de su candidatura no pasó de los 10 días.

Ese fue el caso del periodista Carlos Espá, el general retirado de la Fuerza Aérea Wolfgang Grozo, el cómico Carlos Álvarez, el exrector de la UNI Alfonso López Chau, el exministro de Cultura, Jorge Nieto Montesinos y el empresario televisivo Ricardo Belmont.

Todo ello conduce a una conclusión preocupante. Para Alberto Vergara, estas elecciones están marcadas por la brecha entre los problemas más graves en décadas, con la peor oferta política también en décadas. “No hay candidatos que produzcan entusiasmo, tampoco plataformas programáticamente sólidas. El ánimo oscila entre la apatía y la resignación”, dice. Un terreno perfecto para el avance del autoritarismo, como ya han visto varios países de la región.