
El Faro denunció un nuevo episodio de hostigamiento por parte del Gobierno de Nayib Bukele en su contra, luego de que socios de la antigua empresa propietaria del periódico descubrieran el bloqueo de una cuenta bancaria y de una propiedad sin notificación judicial previa. Óscar Martínez, jefe de redacción del periódico, apuntó que esta acción podría ser una represalia por sus más recientes investigaciones que exponen los vínculos entre el Gobierno de Bukele y estructuras criminales.
Mayo 7, 2026
El periódico digital El Faro denunció este jueves, a través de una conferencia de prensa virtual, que el régimen de Nayib Bukele, entre febrero y abril de 2026, congeló dinero de una cuenta bancaria e intervino un inmueble de dos socios de Trípode S.A. de C.V., la empresa fundadora y la que fuera propietaria de ese medio de comunicación hasta 2023, año en que trasladaron sus operaciones a Costa Rica.
En la conferencia de prensa participaron el director de El Faro, Carlos Dada; la directora para México y Centroamérica del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), Claudia Paz y Paz; el jefe de redacción de El Faro, Óscar Martínez y Carlos Gaio, representante de Digital Defenders Partnership.
Según explicó Dada, se enteraron de la congelación de estos bienes por un aviso del banco y no por una notificación formal de parte de las autoridades salvadoreñas, hecho que expone el actuar poco transparente con el que opera el aparato estatal bajo la administración de Nayib Bukele.
“Hasta hoy las autoridades salvadoreñas no nos han notificado oficialmente y, por tanto, desconocemos los argumentos del juez en cuestión que ha ordenado este congelamiento de bienes de socios de El Faro”, enfatizó Dada.
Son casi seis años desde que comenzó la persecución fiscal contra El Faro, de acuerdo a los argumentos compartidos por Carlos Dada. En julio de 2020 fueron sometidos a cuatro auditorías fiscales. De hecho, tan solo dos meses después, en septiembre de ese año, Bukele acusó al periódico de lavar dinero en cadena nacional.
Sin embargo, el Ministerio de Hacienda fue incapaz de sostener esa acusación al no encontrar prueba alguna, por lo que decidió cambiar la acusación fiscal a evasión de impuestos en los cuatro ejercicios auditados. Un año después, Hacienda concluyó que El Faro había evadido impuestos, en dos ejercicios de forma intencional y en los otros dos de forma no intencional.
Dada explicó que los impuestos fueron pagados de forma puntual y que han apelado a todas las instancias posibles, además de seguir litigando las conclusiones de Hacienda, por lo que no hay una sentencia definitiva y el proceso continúa abierto. A pesar de ello, este organismo ha procedido con la paralización de bienes personales.
Agregó que el proceso ha estado marcado por varias irregularidades, entre ellas, que el Ministerio de Hacienda violó la ley para fiscalizar los ejercicios 2014 y 2016, porque ya había caducado el periodo permitido para poder hacerlo de acuerdo al artículo 175 del código tributario. Por lo tanto, consideran que se trata de un elemento más que se suma a la larga lista de acoso, ataques y persecución al periodismo independiente que realizan.
Además, dos meses antes de aquel comentario público de Bukele en la cadena nacional de radio y televisión, al menos 22 miembros de El Faro, junto a periodistas de otros medios independientes —como GatoEncerrado— tenían ya más de 2 meses bajo vigilancia con el software espía Pegasus. Eso le permitió al Gobierno de Bukele tener acceso a la planificación de futuras publicaciones del periódico. Esto es un detalle importante según Óscar Martínez, jefe de redacción de El Faro, quien aseguró que las embestidas desde el oficialismo siempre llegan después de publicaciones que revelan el pacto con las pandillas y la corrupción en su gobierno.
“Los ataques de Nayib Bukele y su gobierno a El Faro llegaron desde muy temprano en su presidencia y muestran un patrón. Ocurren ante investigaciones periodísticas sobre su corrupción o sus pactos con organizaciones criminales. Ya sea luego de publicadas o porque su sistema de espionaje le ha permitido conocer las investigaciones en curso”, remarcó Martínez.
Por su parte, Claudia Paz y Paz, directora para México y Centroamérica de CEJIL, detalló que han actuado como representantes legales de El Faro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en un proceso de petición de medidas cautelares que se realizó en 2020. La comisión otorgó las medidas cautelares en enero de 2021 a favor de 34 miembros del periódico por considerar que su integridad se encontraba en riesgo por diversos factores, como la estigmatización en redes sociales, criminalización, procesos fiscales y amenazas directas.
Paz y Paz también alertó que el contexto salvadoreño muestra un deterioro acelerado de las garantías democráticas, por lo que presentarán información actualizada ante la CIDH para incluir estos nuevos ataques en contra de El Faro.
“Desde CEJIL estamos plenamente conscientes que el Estado de El Salvador está utilizando estos procesos fiscales como una retaliación frente al periódico El Faro por sus investigaciones, por el ejercicio de la libertad de expresión. Es un intento de disciplinamiento para callar las voces de periodistas que están cumpliendo con su trabajo de informar a la población y también es un intento de controlar las voces que pueden presentar información crítica respecto de las actuaciones del actual ejecutivo de El Salvador”, afirmó Claudia Paz.
Mientras que Carlos Gaio, representante de Digital Defenders Partnership, sostuvo que las acciones contra El Faro no pueden analizarse como un hecho aislado, sino como parte de un patrón mundial de debilitamiento de medios independientes, tal como ha ocurrido en países como Rusia, Turquía, Venezuela y Nicaragua con la dictadura Ortega-Murillo.
Los datos de Reporteros sin Fronteras (RSF), en su más reciente Índice Mundial de Libertad de Prensa, respaldan las declaraciones de Carlos Gaio. La situación de El Salvador refleja un deterioro sostenido y acelerado desde 2019, directamente correlacionado con la llegada al poder de Nayib Bukele. El país ha descendido 74 puestos desde ese año y 105 posiciones desde 2014, situándose hoy en una categoría de “situación muy grave”.
Desde 2019, con el ascenso de Nayib Bukele, el país ha descendido sostenidamente en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
Este nuevo ataque contra El Faro se añade a los múltiples casos reportados por organizaciones nacionales e internacionales y por la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) sobre hostigamiento, criminalización y persecución contra la prensa que no se alinea al discurso oficial. Sin ir tan lejos, en mayo de 2025, el Gobierno de Bukele aumentó la represión, lo que obligó a un éxodo masivo de más de 50 periodistas, de acuerdo con la APES, que tuvieron que resguardarse en el exilio por temor a ser capturados simplemente por cumplir con su trabajo.
Informe de la APES
En un informe más reciente y de seguimiento titulado “Un año de periodismo bajo persecución y exilio”, la APES consideró que el 2025 pudo haber sido el año más difícil para la prensa desde los Acuerdos de Paz de 1992. Los medios independientes, como GatoEncerrado, se redujeron a su mínima expresión debido al exilio forzado de sus periodistas. Fue un año en el que los ataques a la prensa salvadoreña pasaron a ser más directos con un incremento en los casos de acoso, retenciones arbitrarias y agresiones físicas.
Por su lado, Carlos Dada aseguró que pese al contexto actual, el periodismo crítico e independiente es más necesario que nunca en El Salvador y que por eso no van a parar de hacer su labor.
“Nosotros esperamos que a pesar de todo esto, sigamos teniendo la capacidad de trabajar, de hacer las denuncias respectivas, de seguir presentando un El Salvador que no se encuentra en la propaganda oficial. Y yo creo que estamos más llamados que nunca a seguir haciendo este trabajo, particularmente porque los salvadoreños con una autoridad capaz de pasar por encima de la Constitución y las leyes, los salvadoreños tienen cada vez más temor a hablar, a decir las cosas o a producir información, por tanto yo creo que, al contrario, estamos más obligados que nunca a seguir haciendo lo que hacemos”, concluyó.