En el área natural del oriente del país, una cámara-trampa registró imágenes de un puma. También registró evidencia de tigrillos, cuche de monte, oso hormiguero, entre otras especies en peligro de extinción. Los registros dejaron preocupados a biólogos por la amenaza que representan los cazadores furtivos y la deforestación de bosques en el país.


Por Carolina Amaya

La imagen, en blanco y negro, de un puma deambulando en los bosques del área natural del río Sapo, al norte del departamento de Morazán, fue registrada por una cámara-trampa, la medianoche del 4 de mayo de 2019. La última vez que un puma fue visto en esa zona ocurrió en 2002. Este nuevo registro ha hecho que biólogos continúen denunciando que la zona es vulnerable para la vida de los pumas y otras especies por la amenaza de cazadores furtivos y la deforestación y pérdida de bosques en el país.

La fotografía del puma salió a luz pública en el “I Simposio Nacional de Biodiversidad y Conservación”, realizado los días 4 y 5 de junio. En ese evento, el biólogo Juan Pablo Domínguez, quien lidera la iniciativa ciudadana Salvemos el Río Sapo, presentó una serie de fotografías hechas en el área, entre las que estaba la del puma.

De la selección de fotos resaltan las de cuatro mamíferos que están dentro del último “Listado oficial de especies de vida silvestre amenazadas o en peligro de extinción”, actualizado en 2015. Esas especies son: el oso hormiguero (Tamadua mexicana), el cuche de monte (Tayasu tajacu), el tigrillo (Leopardus wieddi) y el puma (Puma concolor).

En la fotografía del puma se aprecia el tronco y cola de este carnívoro, también conocido como "león de montaña o león americano". Este felino es considerado el segundo más grande de América, después del jaguar; y el quinto más grande del mundo, junto al leopardo.

“Están en El Salvador. Están presentes en el área”, exclamó Domínguez, en el simposio, entusiasmado con el registro de esta especie que en algún momento llegó a considerarse extinta en el país.

Francisco Álvarez, biólogo de la Fundación Naturaleza El Salvador que trabaja en el área, comentó que los pobladores locales con frecuencia reportan avistamientos de animales de gran tamaño, con características parecidas al puma.

“Nuestro hallazgo confirma que aún existen poblaciones de pumas en la zona. Sin embargo, no descartamos que estamos hablando de pocos individuos, incluso de un individuo, dado a su demanda de territorio y ecosistemas saludables”, explicó Álvarez.

Entre las evidencias también hay restos de presas (venados, cuches de monte), huellas, osamentas, excrementos y restos de pumas muertos por cazadores furtivos.

El último registro científico de huellas de puma en el río Sapo fue en 2002. Un guardabosques la encontró y sacó en yeso. Luego, el biólogo Rodrigo Samayoa la validó.

En los últimos 20 años no ha habido hallazgos en el Parque Nacional El Imposible, en donde eran comunes los avistamientos. Tampoco hay evidencias recientes en el Parque Nacional Montecristo, en donde se cree que los pumas usan la cordillera que se forma entre entre Honduras, Guatemala y El Salvador. En algún momento también hubo huellas en el Parque Walter Thilo Deininger y la bahía de Jiquilisco.

Puma Concolor/Cortesía Salvemos Río Sapo

Tigrillo (Leopardus Wieddi)/Cortesía Salvemos Río Sapo

Oso hormiguero (Tamadua Mexicana)/Cortesía Salvemos Río Sapo

Reptiles en Río Sapo/Cortesía Salvemos Río Sapo

El monitoreo de especies que arrojó estos hallazgos inició a finales de 2018 y es un esfuerzo de propietarios de áreas privadas, comunidades locales, organizaciones no gubernamentales como la Fundación Naturaleza de El Salvador y Territorios Vivos. También colaboran la empresa BioSistemas Network y Guanacaste Wildlife Monitoring.

“Gracias a este esfuerzo ahora tenemos ojos en nuestros bosques y nuestros investigadores son los pobladores locales bajo un enfoque de ciencia ciudadana”, relató Álvarez.

La cámara-trampa es un dispositivo que se ubica dentro del bosque, como método de investigación directo que no invade o perturba el ecosistema de las especies. Con estos aparatos, los biólogos tienen más posibilidades de fotografiar o grabar videos de animales difíciles de encontrar, ya que la mayoría huyen al detectar la presencia humana.

Para tristeza de los científicos, las cámaras también registraron el ingreso de cazadores furtivos que se desplazan con machete en mano y perros por toda el área natural del río Sapo.

Cazadores furtivos con perros en el área/Cortesía Salvemos Río Sapo

La Ley de Conservación de Vida Silvestre, en su artículo 27, establece como infracción grave “matar, destruir, dañar o comercializar con especies de la vida silvestre en peligro o amenazadas de extinción”. La sanción para el infractor va desde 10 hasta 100 salarios mínimos.

La biodiversidad en el área natural del río Sapo no se ve afectada solo por la cacería. En los últimos años, el crecimiento desmedido del turismo, la construcción de automoteles y megaproyectos turísticos, incendios forestales y los nuevos asentamientos humanos han fragmentado la zona y han generado la pérdida de más especies animales y vegetales.

Los especialistas han detectado tres lugares de los que se desprenden mayores presiones para la biodiversidad. Estos sitios son conocidos como: Bailadero del Diablo, Llano del Muerto y Rancho Quemado. Éste último se ubica en la cuenca alta del río Sapo.

Ante la incapacidad histórica de los gobiernos local y central de conservar este ecosistema de importancia ecológica para el país, la iniciativa Salvemos el Río Sapo ha empezado una campaña para crear un "Fondo para la Conservación y Restauración de Tierras", también conocido como Land Trust Fund.

Con este proyecto buscan que personas particulares, organismos locales o extranjeros adquieran áreas de terreno para la preservación y restauración. Y con esto, que los nuevos dueños se comprometan a no construir o alterar el ecosistema. Con el fondo, se gestionaría un sistema de pago por servicios ambientales para que los propietarios privados encuentren incentivos para proteger sus terrenos.

Área Natural del río Sapo/Cortesía Salvemos Río Sapo

Actualmente, el precio por manzana de terreno en la zona ronda los dos mil dólares. Para Salvemos Río Sapo es un enorme reto porque significa convencer a cerca de 600 propietarios, en los municipios de Joateca, Arambala y Perquín. La inversión total oscilaría entre 6 y 10 millones de dólares.

El río Sapo, actualmente, no es parte del sistema nacional de áreas protegidas. El Estado tiene dispersas pequeñas áreas protegidas, en la zona, como es el caso de La Ermita, con 169.87 hectáreas.

Para Domínguez los nuevos reportes de especies en peligro de extinción son suficientes para que cualquiera se interese en proteger este ecosistema.

“Con 6 mil hectáreas de terreno se podría convertir en la mayor área natural protegida terrestre de El Salvador”, explicó el biólogo a GatoEncerrado.

“Son áreas de gran interés para la conservación, inclusive bajo escenarios de cambio climático estos fragmentos de bosques se convertirán en una fuente de refugio invaluable para muchas especies y será un aporte crucial para las comunidades locales dentro de sus medios de vida”, agregó Álvarez.

La campaña Salvemos Río Sapo cuenta con una página web (www.salvemosriosapo.org) en la que personas interesadas en apoyar la iniciativa de conservación pueden contactar a los coordinadores.

De consolidarse el fondo, se estaría conservando el área natural río Sapo y su biodiversidad. Estudios e inspecciones anteriores han demostrado que la zona albergan especies importantes como: rey zope (Sarcoramphus papa), nutria de río (Lontra longicaudis), garrobo espinoso (Ctenosaura flavidorsalis), El pino del caribe (Pinus caribea).

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