Otro método de prevención de capturas accidentales que ha demostrado cierto éxito son los pingers —dispositivos acoplados al equipo de pesca que emiten sonidos que ahuyentan a las ballenas y los delfines que se orientan por ecolocalización—. Una prueba de campo de estos dispositivos en tres pesquerías noruegas que utilizan redes de enmalle, por ejemplo, demostró que los pingers redujeron la captura accidental de marsopas comunes en un 94 %, según informó un equipo en Fisheries Research en 2023.
Algunas de esas pesquerías artesanales podrían reducir la captura incidental de animales que se orientan por ecolocalización mediante un método sencillo: fijar botellas de plástico a sus redes. A los delfines, marsopas y otros animales que se orientan por ecolocalización les resulta difícil detectar redes finas y transparentes, pero las botellas de plástico son un obstáculo más fácil de detectar que podría ayudarles a evitar la red. Un estudio preliminar realizado en Brasil reveló que el uso de botellas de plástico en las redes era eficaz para reducir la captura incidental de delfines franciscanos, una especie de delfín de río amenazada. Se trata de una opción realista, afirma Dolman, en lugares donde los pescadores no disponen de fondos para comprar y mantener dispositivos acústicos.
Los aspectos prácticos, junto con el costo, suelen impedir la aplicación de medidas de prevención de capturas accidentales, incluso aquellas que funcionan. Muchas soluciones que se desarrollan y prueban nunca llegan a generalizarse.
“Somos muy buenos a la hora de proporcionar financiación a los científicos para que realicen ensayos destinados a reducir las capturas accidentales, pero es muy raro que esos ensayos se extiendan luego a toda la flota”, afirma Dolman.
Para que una solución funcione a gran escala, deben cumplirse una serie de condiciones, afirma la científica especializada en sostenibilidad marina Lekelia Jenkins, de la Universidad Estatal de Arizona. Es necesario que existan políticas y normativas, y que se hagan cumplir. Y quizá igual de importante es que las medidas preventivas sean prácticas para los pescadores y no supongan un gasto adicional de tiempo y dinero en su trabajo. “Cuanto menor sea el cambio y más se parezca a sus prácticas pesqueras tradicionales, más probable será que lo adopten”, afirma Jenkins.
También hay que tener en cuenta el aspecto humano de la cuestión. “Emocionalmente, los pescadores de todo el mundo están agotados y desanimados”, dice Jenkins. “Les decimos: ‘Ustedes son el problema. Están capturando tortugas marinas y ballenas. Son los malos’”. En cambio, se debería empoderar a los pescadores e incluirlos en los debates y en el desarrollo de soluciones. “El peso de salvar los océanos del mundo”, dice Jenkins, “no puede recaer únicamente sobre sus hombros”.
Artículo traducido por Debbie Ponchner