De hecho, la gente está realizando mucho “delving” últimamente. Si, por ejemplo, la Unión Europea lo pusiera al frente de la regulación de la IA, ¿cuál sería su primera decisión? ¿Qué cree que se puede y se debe hacer ahora?

Si yo estuviera al mando, sería una auténtica tontería por mi parte dar por sentado que conozco todas las respuestas. Pero eso no significa que no hiciera nada. Lo que haría sería cambiar las normas para que las empresas tuvieran la obligación de poner a disposición de los científicos no solo sus datos, sino también el diseño de sus productos. Modificaría la normativa para que los experimentos con productos de IA pudieran ser realizados por científicos independientes, no por la buena voluntad de las empresas, sino por imperativo legal.

Los investigadores deberían poder analizar los algoritmos actuales y tal vez incluso modificarlos para llevar a cabo la mejor investigación posible sobre el impacto de estas tecnologías. De ese modo, podríamos responder a las grandes preguntas que se plantea la gente, como si la IA está aumentando la desinformación y la polarización, cuáles podrían ser los efectos sobre la salud mental de interactuar con la IA, etcétera. Podríamos certificar realmente que lo que, en esencia, son herramientas de uso generalizado no están generando problemas sociales a gran escala. Hay mucho en juego. No queremos frenar la innovación, pero deberíamos permitir que los científicos la estudien.

Artículo traducido por Debbie Ponchner