Opinión

La disputa histórica por el Lago
de Coatepeque

Cristina Hernández

Cristina Hernández

Historiadora ambiental

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El agua ha sido fundamental para la preservación de seres vivos a lo largo de la historia. La presencia de grupos humanos alrededor de recursos naturales como ríos y lagos es una constante histórica. De tal modo que el recurso hídrico ha sido una de las principales razones de disputa entre los pueblos.

El Salvador, no ha sido la excepción, en diferentes épocas hubo conflictos por fuentes de agua dulce. Tomando en cuenta la crisis hídrica actual, y los distintos escenarios en la lucha por el agua, es importante mencionar el caso del Lago de Coatepeque. Este no es un escenario entrópico nacido por generación espontánea (es decir, que no surgió de la noche a la mañana), sino que tiene una explicación histórica y desde las ciencias sociales.

Coatepeque empezó a formar parte del departamento de Sonsonate el día 12 de junio de 1824, perteneciendo anteriormente a Santa Ana. En febrero de 1851, el pueblo de Coatepeque fue ocupado militarmente por el General José Trinidad Cabañas, quien se atrincheró allí debido a una derrota sufrida en La Arada (Honduras). Debido a este acontecimiento, es segregado de Sonsonate y vuelto al departamento de Santa Ana.

En cuanto al lago, el decreto legislativo de fecha 31 de mayo de 1926, publicado en el Diario Oficial el día 11 de junio de 1926, dice en su Artículo 1: “Anexase a la jurisdicción de la ciudad de Santa Ana, la de la laguna de Coatepeque, segregándola de la jurisdicción de la ciudad de este último nombre”.

Con este decreto se inicia una cadena de momentos en los que tres localidades (Santa Ana, Coatepeque y El Congo) se disputan la pertenencia del lago. Santa Ana lo reclamaba cuando pretendía ser la capital del país, teniendo al lago como un referente del atractivo y belleza de la ciudad. Coatepeque exigía al manto acuífero bajo el principio de origen que con la llegada de Trinidad Cabañas, los habitantes del municipio se trasladaron de la ribera del lago a las zonas altas donde se encuentran actualmente. El Congo apelaba el lago bajo una lógica habitacional, ya que geográficamente es el municipio que se encuentra a las orillas del lago.

La conformación de pueblos, villas y ciudades de acuerdo a académicos, no estuvo regulada bajo ningún criterio más que el de clientelismo y compadrazgo (López Bernal, Avendaño Rojas). Este fue el caso de Coatepeque, que en 1858 se eleva de pueblo a villa y en 1917 recibe el título de ciudad. Para 1933, El Congo es nombrado como municipio cuando anteriormente era un cantón que formaba parte de Coatepeque.

El nacimiento de los nuevos estados, en un escenario de modernidad hizo que la percepción de lo natural se alejara del hombre moderno. Por lo tanto, cambió el valor de un recurso natural dentro del imaginario colectivo. A la llegada de los gobiernos reformistas durante la segunda mitad del siglo, la modernización e industrialización se volvieron los principales ejes dentro de la agenda de gobierno de esos años. Ríos, lagos y reservas naturales perdieron su valor original (fuentes de vida que hay que proteger) y se convirtieron en un trastocado patrimonio natural- cultural con un fin turístico, explotable y codiciable.

La influencia francesa en territorio centroamericano se hizo ver no solo en la arquitectura y deseos parisinos durante el siglo XIX, sino bajo una necesidad de división territorial, El Salvador adoptó el modelo francés que se divide en: zonas o regiones (occidente, centro y oriente); departamentos (14); una metrópoli o capital (San Salvador); distritos o municipios (262) y los cantones que a diferencia del modelo alemán, son una división territorial más pequeña y práctica para el control del estado.

En el artículo 2 del decreto legislativo del 31 de mayo de 1926, determina: “Los impuestos o arbitrios municipales que pagan los vecinos de dicha laguna, los continuaran pagando a favor del municipio de Coatepeque; debiendo ser cobrados por la Municipalidad de Santa Ana, quien los remitirá a la Municipalidad de la expresada ciudad de Coatepeque”.

El decreto anterior presenta una decisión desatinada y que responde a intereses particulares. No era coherente que la municipalidad de Santa Ana se encargara de la recolección de impuestos y prestación de servicios públicos cuando se encontraba a 50 kms de distancia, y son personas que viven en un territorio fuera de su jurisdicción. Por lo tanto, ¿Qué otra utilidad prestaba la municipalidad de Coatepeque además de recibir de Santa Ana el dinero de sus tributarios?

Cabe aclarar, que Santa Ana solamente recolectaba el dinero; no lo administraba. Esto contradecía a Ley General Tributaria Municipal.

A partir de lo anterior se demuestra que la decisión que tomó el legislativo desde siglo XX sobre la administración y división territorial fue desinformada. No existía ningún interés a priori por ordenar territorialmente y no todas las municipalidades ejercían sus facultades en su territorio.

El siglo XX trajo consigo una serie de conflictos socioambientales muy localizados y principalmente por fuentes naturales de agua. El municipio de Coatepeque a este momento se encontraba a 18.5 kms del lago y no contaba que para 1933 una pequeña población vivía a orillas del lago y que el poder legislativo actuaría a favor de ellos mediante el décreto número 31 publicado en el Diario Oficial de fecha 25 de Marzo de 1933 que en su Art.1 dice: “Erigese en pueblo, con nombre de El Congo, el cantón del mismo nombre, en la jurisdicción de Coatepeque, comprendiendo su jurisdicción los cantones siguientes: El Guineo, San José de las Flores, El Rodeo, El Pezote, La Presa y La Laguna, que se segregan de la de Coatepeque”.

¿Qué tiene que ver este pasado con el presente?

La historia se ha caracterizado como una ciencia social que estudia el pasado para dar una explicación al presente. El retomar la disputa por el Lago de Coatepeque durante el siglo XX, ayuda a explicar lo que sucede actualmente a nivel local y regional.

La oficina de Límites Municipales que pertenece a uno de los cuatro registros más importantes del Instituto Geográfico y del Catastro Nacional del Centro Nacional de Registros, cumple una labor importante en cuanto a ordenación y delimitación territorial. Con la llegada del nuevo siglo, nuevas tecnologías y nuevamente apuestas por la modernización por parte del gobierno, esta institución cuenta con el proyecto de “Ordenación de Límites municipales en El Salvador”; que inició en 2005 y que actualmente cuenta con la Zona Occidental del país “casi” ordenada, excepto unos límites: los que limitan con el Lago de Coatepeque.

Ordenar un territorio no es cosa fácil ni de unos pocos días. Se requieren recursos, personal calificado para hacer mediciones, estudios de campo y propuesta de límite. También se recurre a reuniones con alcaldes y consejos municipales para llegar a un acuerdo, elaborar una propuesta para que Asamblea Legislativa lo apruebe y que finalmente se emita el decreto que autentica la extensión y coordenadas del territorio de un municipio.

La oficina de Límites Municipales ha tenido que avanzar con el trabajo en las demás zonas del territorio salvadoreño y no puede dar por finalizada la Zona Occidental debido al conflicto de intereses por el Lago de Coatepeque.

Los argumentos no son nuevos, y actores los mismos (alcaldes inconformes, privados que se adueñan de ciertas partes y habitantes que sufren de la falta de servicios básicos como agua, luz, tren de aseo, empréstitos etc). A simple vista, estamos en una época diferente; pero visualizando mejor, el panorama no ha cambiado tanto desde la década de 1930. ¿Cómo resolvemos esto?

Cristina Hernández

Cristina Hernández

Historiadora ambiental salvadoreña

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