Recomendaciones similares se aplican a la generación de imágenes y vídeos, que pueden consumir órdenes de magnitud de energía más grandes que la generación de texto, ya que implican iterar millones de píxeles muchas veces, procesando cada vez la imagen completa de nuevo, explica Drobnjak. Estas herramientas gozan de gran popularidad: casi el 40 % de los adolescentes de entre 13 y 17 años encuestados en un estudio reciente del Pew Research Center utilizan la IA para crear o editar imágenes o vídeos.

Drobnjak recomienda generar imágenes o vídeos solo cuando sea necesario y únicamente con la resolución necesaria. “Una opción es empezar simplemente con una resolución baja”, afirma, “y, si el algoritmo va por buen camino, ir aumentando la resolución”. También señala que editar imágenes ya existentes siempre requiere menos recursos computacionales que generar otras nuevas desde cero.

Además, a la hora de generar varias imágenes, resulta útil hacerlo en una sola sesión o por lotes, lo cual es más eficiente que realizar múltiples solicitudes por separado.

Estas medidas pueden parecer una gota en el océano y, en muchos aspectos, lo son, según los expertos. Pero las pequeñas cosas suman. Mientras esperamos a que las empresas tecnológicas, los científicos y los responsables políticos encuentren formas de reducir el impacto medioambiental global de la IA, “la persona que sabe recurrir a la herramienta adecuada puede marcar una diferencia real”, afirma Drobnjak. “La IA [consume] tanta energía que tenemos que analizarla desde todos los ángulos”.

Artículo traducido por Debbie Ponchner