Foto Émerson Flores

Las primeras horas de una improvisada cuarentena

La declaratoria de cuarentena nacional ha llevado a que todo salvadoreño que entra al país sea enviado a un albergue. Quejas por las condiciones en los albergues, una admisión de un hábeas corpus por la cuarentena, salvadoreños estancados en otros países, una solicitud del presidente Bukele para que se declare Estado de Excepción y Emergencia Nacional y la vaguedad sobre las medidas a implementarse: así el escenario en tan solo tres primeros días desde que se conoció que el COVID-19 llegó a la región.

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Laura tiene 78 horas de encierro. Cuando bajó del avión procedente de España, a las 7:10 p.m. del martes 10 de marzo, hizo lo habitual de los viajeros: avisar a sus familiares que ya estaba en el aeropuerto internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero y dirigirse a migración para luego buscar su maleta y marcharse a casa. Media hora después de su arribo, Laura y otros 31 salvadoreños que venían en el mismo vuelo y que esperaban ser atendidos en migración, fueron sorprendidos por el anuncio del presidente de la República, Nayib Bukele, a través de su cuenta en Twitter, cuando decretó que todas las personas de su vuelo tenían que pasar por una cuarentena obligatoria. 

El tuit del presidente también confundió a los oficiales de migración. Movieron a Laura y a los otros 31 salvadoreños de un lado a otro. De sala en sala, luego a la pista. A las 10:00 p.m. llegaron a una puerta de embarque y personal médico les tomó la temperatura. Ahí los hicieron firmar una carta de compromiso en donde dejaron escrito su nombre, documento de identidad y dirección para comprometerse a pasar una cuarentena domiciliar.

Mientras la madre de Laura aún la esperaba afuera del aeropuerto, a ella la subieron en uno de los cuatro microbuses enviados por el Gobierno. Todos los que iban en esos vehículos creían que los llevaban a sus casas para iniciar la cuarentena, pero el viaje duró poco, menos de diez minutos: atravesaron la pista de aterrizaje y se detuvieron frente a la entrada de la Segunda Brigada Aérea, una base militar que está a un costado del aeropuerto. Ese fue el primer albergue que Bukele ordenó, el martes 10 de marzo, al ministro de la Defensa, René Merino Monroy, que habilitara para cuarentena.


Este es el documento que las autoridades les hicieron firmar para comprometerse a una cuarentena domiciliar, pero ese acuerdo no fue respetado por la autoridades y los salvadoreños procedentes de España aún siguen en albergues.

Desde Casa Presidencial, al día siguiente, Bukele también decretó cuarentena nacional sin tener ningún caso confirmado de COVID-19. Pese al impacto económico que la medida podía acarrear, sostuvo que no se trataba de una decisión tomada a la ligera, sino una en la que participaron especialistas y miembros del gabinete de Gobierno.

El decreto Ejecutivo, anunciado sin previa aprobación de la Asamblea Legislativa, se sumó a la declaratoria de emergencia que horas antes había emitido. Esa misma noche, Bukele suspendió clases por 21 días y declaró poner en cuarentena a cualquiera que quisiera ingresar a El Salvador. Los extranjeros volvieron a sus países de origen y los salvadoreños que entraron lo hicieron solo si aceptaban el régimen de cuarentena. Algunos prefirieron cancelar sus vuelos y quedarse donde estaban.

A dos días de la declaratoria de cuarentena nacional, Bukele volvió a usar Twitter para dar dos nuevos mensajes: en uno ordenó a Protección Civil subir el tipo de alerta a roja y en otro solicitó a la Asamblea Legislativa decretar Estado de excepción en todo el territorio nacional. El presidente del Legislativo, Mario Ponce, siguió la petición presidencial y convocó a una plenaria para discutir la aprobación de un decreto que fue usado por última vez durante el conflicto armado en la década de 1980. Aunque el Legislativo abrió discusión la tarde del viernes, la sesión plenaria extraordinaria se alargó hasta la madrugada del sábado sin ningún acuerdo para aprobar el decreto de emergencia nacional o el de Estado de Excepción. Fue hasta la tarde del sábado cuando el decreto de emergencia nacional fue aprobado con los votos de los 84 diputados.

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En menos de 72 horas, 475 salvadoreños fueron enviados a cuarentena controlada y trasladados hacia albergues ubicados en Jiquilisco, Usulután; San Luis Talpa, La Paz; Zaragoza, La Libertad; Ilopango, San Salvador; y Chalatenango. En la tarde del sábado, según el viceministro de Salud, Francisco Alaví, la cantidad de personas en cuarentena ya había llegado a 800.

La comisionada presidencial, Carolina Recinos, aseguró en conferencia de prensa que el Gobierno está trabajando en habilitar otros espacios “que ya están preparados”. No mencionó cuáles ni dónde están ubicados, tampoco se detuvo a dar detalles de los criterios que toman en cuenta para distribuir a las personas o de las medidas de salud que manejan.

El viceministro de Salud tomó el micrófono, en una conferencia de prensa del viernes 13 de marzo, y trató de reforzar la respuesta a la pregunta hecha por GatoEncerrado en cuanto a la forma de distribución en los albergues. “Cada lugar de cuarentena y cada albergue buscará la vigilancia estrecha. Se está adecuando un perfil específico de cada paciente y vamos a especializar estas áreas para que se cuente con lo necesario y ajustar todos los protocolos que se ha realizado”, fue todo lo que explicó el funcionario y reiteró que la cuarentena domiciliar está descartada.

En Jiquilisco, los adultos mayores, que podrían ser los más afectados, estaban en el mismo lugar con personas que provenían de países considerados como foco infeccioso.

Los albergues, desde adentro

En el albergue de Jiquilisco aguardan un buen número de personas en cuarentena. Ahí, se ubican de uno en uno en camas individuales de dos niveles, con un metro de distancia entre sí. Los que tuvieron menos suerte duermen en el suelo. Niñas, niños, mujeres embarazadas y ancianos se mueven, comen y conviven dentro de un mismo galerón donde también están quienes llegaron de países sin registro alguno de virus y otros de lugares que ahora son considerados un foco infeccioso. No hay un área específica por edad y menos les han dividido por grupos concretos.

Leo* entró a cuarentena la madrugada de este viernes 13 de marzo. Viajó a Panamá solo por un día y volvió a El Salvador el jueves por la noche. Era un viaje exprés, de trabajo, que hizo junto a dos colegas. Al llegar al aeropuerto no tuvo muchas opciones: era eso o regresar a Panamá. “Pueden comprar un vuelo y regresan al destino de procedencia”, recuerda Leo sobre el mensaje con el que los recibieron las autoridades de migración. Leo insiste en que pidió cuarentena domiciliar, pero le fue denegada.

En Jiquilisco, según Leo, el alcohol gel y los tapabocas abundan por montón, pero escasea el personal médico. Le miden la temperatura tres veces al día y eso es todo. Un psicólogo llega a dar terapias, que más parecen una sesión para persuadirles de que no denuncien las condiciones en las que se encuentran, como la comida que les llega tarde o que todavía no saben cómo lavarán su ropa. “Solo el cobertor de cama es nuevo, es lo único que está limpio”, relató a GatoEncerrado, sobre la poca limpieza y comida que les hacen llegar, sumado a las personas que no paran de entrar en cuarentena.

La comida que comenzó a llegar al albergue, según describe Leo, ha sido también gracias a que comunidades organizadas de Jiquilisco han proveído de frijoles y arroz.

El albergue de Jiquilisco fue creado en 2013 para resguardar a damnificados durante emergencia por lluvias. Tiene un par de duchas y sanitarios que usan por turnos. La preocupación de Leo es que el albergue se quede pequeño y haya hacinamiento. “Porque ya no se puede, va a ser una contaminación terrible. Nos vamos a enfermar del estómago, hongos, de rash...”.

El infectólogo Jorge Panameño, en entrevista con GatoEncerrado, se detiene un momento en este punto de las cuarentenas controladas. Aunque reconoce que el gobierno ha respondido de acuerdo a la fase de contención en la que El Salvador se encuentra y ha tomado las medidas necesarias “con la seriedad e intensidad debida”, cuestiona el hecho de que se estén trasladando a salvadoreños a instalaciones “no adaptadas para la situación ni bajo las condiciones apropiadas” en lugar de que hagan una cuarentena domiciliar: “Lo que escuchamos hoy (viernes) es que queda descartada (la cuarentena domiciliar). ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Si hay una limitante, sería bueno conocerla, lo que impide esto”.

En una cuarentena controlada se deben garantizar accesos a comida, a servicios básicos mínimos, como agua potable, servicios sanitarios y duchas limpias, una cama apropiada, un lugar higiénico dónde reposar, que esté bien ventilado e iluminado, guardando distancia prudencial con otras personas que estén en la misma situación de cuarentena, de no menos de un metro. Esos son los protocolos establecidos. “No se trata de confinar a nadie, ni se trata de arresto, teniendo en cuenta que es un proceso que puede tener consecuencias en la salud mental de las personas. Si es la única opción que hay, los albergues deben de poseer la condición mínima necesaria para que las personas ahí sufran lo menos posible”, reiteró el especialista en salud.

El infectólogo está de acuerdo en que poner en marcha esta estrategia permitirá comprar tiempo para hacer los arreglos necesarios en cuanto a la preparación del Ministerio de Salud para la siguiente fase: la mitigación, en la que se trata de reducir el impacto que va a causar la llegada de la enfermedad como sus índices de letalidad. No está en contra de la declaratoria de cuarentena, es más, dice apoyar los 30 días declarados, pero insiste en que “hoy por hoy, esas condiciones en las que esas personas han guardado cuarentena han sido paupérrimas y han generado mucho sufrimiento”.

Cuarentena en el Saldaña, el hospital para el aislamiento 

“Ya se han definido las áreas de aislamiento que cuentan con medidas de prevención, una de ellas es el hospital Saldaña dónde ya se manejaban pacientes con enfermedades infectocontagiosas”, reconocieron los funcionarios del gabinete ampliado de Salud en la conferencia de prensa al ser consultados sobre los lugares que han definido para los pacientes que presenten síntomas de COVID-19 y que deban ser aislados. Volvieron a reconfirmar que El Salvador está libre de casos.

Carlos*, otro de los salvadoreños que vino de España, fue enviado al hospital Saldaña. Carlos y Laura llegaron a El Salvador en el mismo vuelo pero a él y a ocho personas más las separaron por padecer enfermedades como diabetes, hipertensión, epilepsia, artritis, entre otras. Desde el miércoles han ingresado 11 personas más. 

El hospital Saldaña, en los Planes de Renderos, es uno de los lugares donde entrarán en aislamiento los posibles casos con sospecha de virus, donde se esperaría que los pacientes no estén en contacto con nadie más. Pero Carlos no es sospechoso y hasta la fecha, tampoco le han hecho pruebas de PCR  para detectar si tiene o no COVID-19. Está en ese lugar porque ahí lo llevaron.

Carlos tiene 38 años, sufre de hipertensión y diabetes. Ambas controladas. Pero estos le parecieron motivos suficientes al director de hospital de Zacatecoluca, William Fernández, para trasladarlo al hospital Saldaña al mediodía del miércoles. GatoEncerrado intentó platicar con Fernández, pero dijo que no podía atender una entrevista, en ese momento, porque estaba abriendo albergues para ancianos en la Costa del Sol, La Paz.

Carlos duerme a la par de una ventana, que lucha por abrir un par de minutos al día. Ya decidió que no usará la mascarilla, sino morirá de calor. Junto a Carlos se encuentra una mujer de 60 años, que tiene artritis y un joven de 27 que tiene epilepsia. 

“El coronavirus afecta más a gente mayor o con enfermedades terminales y con defensas bajas. Yo soy ranger”, dice Carlos. Si pudiera escoger, él estaría en la base área adonde lo llevaron con el primer grupo y no en el hospital indicado para que se lleve a los sospechosos y los futuros casos positivos.

Los rumores circulan. Escuchan que los trasladarán a Jiquilisco para dejar el espacio del hospital a personas que necesiten aislamiento. Pero nadie le dice nada. “Creo que la gente de este país no se ha informado bien acerca de qué es el coronavirus ni cómo afecta ni cómo se transmite”, respondió a GatoEncerrado

Carlos está desesperado y si pudiera se escaparía de solo pensar que su cuarentena la hará junto a un paciente en aislamiento, así como lo intentó ya un anciano con el que comparte el ala. Está cansado de que le pregunten su nombre, sus padecimientos, sobre sus medicamentos y que le tomen la temperatura tres veces al día.

La diferencia entre personas en aislamiento y en cuarentena es clara: nunca mezclados. El infectólogo Panameño explica que si un paciente desarrolla la enfermedad durante la cuarentena, pasa a un tratamiento que debe hacerse en condiciones en las que se trata de evitar que el virus salga a la comunidad y circule. Ahí se da el aislamiento. Solo las formas graves se mandan a un hospital.

La tarde de este sábado, Bukele volvió a tuitear y ordenar: prohibió las aglomeraciones de más de 75 personas, como el cierre de bares y discotecas en los próximos 14 días, además de darle el aval al Ministerio de Salud y Obras Públicas convertir el Centro Nacional de Ferias y Convenciones en un hospital temporal para atender posibles enfermos del COVID-19.

Bukele dijo que el hospital deberá tener 300 Unidades de Cuidados Intensivos y 2,000 camas hospitalarias adicionales, sin embargo, no detalló el personal que posiblemente atenderá en caso de utilizarse.

En el albergue Villa Centroamericana, familiares llevan víveres a las personas en cuarentena. Miembros de la PNC les piden que mantengan una distancia prudencial. Foto/Emerson Flores.

El encierro y sus secuelas

En la base militar, Laura espera por su cuarentena domiciliar, como se comprometió a hacerla en el documento que le hicieron firmar. En sus primeras horas en cuarentena le ganó la ansiedad. “Ahí nos desesperamos. Yo me desesperé y grité que me iba a ir. Para tranquilizarnos nos dijeron que solo iba a ser una noche y ahí acepté. Así, sí. Pero más tarde, el director del hospital de Zacatecoluca nos dijo que nos quedaríamos 30 días”. En ese momento los separaron: los adultos mayores y personas con enfermedades fueron trasladados a otro lado y el grupo de joven y adultos se quedó. 

Laura camina entre los pasillos de la base con una tranquilidad extraña, revisa cada una de las ventanas, intenta buscar una que se pueda abrir para respirar aire más fresco. El encierro es total: no hay aire libre para nadie. 

Parece que se va a adaptando mejor, saluda a sus roommates, mira series e intenta reírse de la situación, pero en el fondo tiene miedo. Hace unas horas sacaron de la habitación que está frente a la suya a una señora de 60 años porque presentó algunos síntomas del COVID- 19: comenzó con tos y terminó con fiebre. Laura se dio cuenta porque la señora hizo un escándalo cuando se la quisieron llevar. “Ella dijo que si no le decían le decían a dónde la llevaban mejor se regresaba a España. Le dijeron que al hospital de Zacatecoluca y ya no volví a saber nada”.

Laura comparte una habitación con otras tres mujeres. Cada una tiene una cama individual, pero hay otros que tiene camarotes, caben apretadas en un pequeño cuarto pero la cuarentena no es tan mala, al menos para los primeros 32: tienen un televisor.

Todos están custodiados por militares y doctores. Pero mira más a los militares que a los doctores, dice. “Acá nos obligan a andar siempre la mascarilla y cada ocho horas nos toman la temperatura, pero no han hecho nada más”.

Esta es la habitación y el pasillo, de la Segunda Brigada ubicada a un costado del aeropuerto, que Laura comparte con otras tres mujeres en la cuarentena.

La tarde del viernes, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia admitió un hábeas corpus a favor de 56 personas en cuarentena en la Segunda Brigada militar. El recurso presentado busca asegurar las condiciones de salud de las personas.

La Sala de lo Constitucional emitió un comunicado en el que notificó que, según el peticionario, no cuentan con acceso al agua, alimentos ni implementos de higiene personal. En el documento, la Sala sostuvo que la cuarentena decretada por el Ejecutivo se mantiene y solo ordenó, como medida cautelar, se den garantías de “trato digno”.

“La Sala de lo Constitucional aclara en su resolución que son las autoridades sanitarias las que deben adoptar las medidas necesarias para evitar la propagación del COVID-19 y decidir en principio la forma en que debe cumplirse la cuarentena, siempre respetando el derecho de integridad personal de los afectados y considerando los lineamientos de los organismos internacionales de salud competentes”, reza el comunicado.

Panameño reconoce que medidas como la cuarentena siempre tendrán un costo emocional, social que no puede evitarse. Sin embargo, tampoco se trata de montar una medida atropellada “porque me la ordenaron”. La medida de cuarentena es importante, sostiene, pero no se debe dar pie a la improvisación más “cuando hay métodos, manuales y está bien descrito que esto debe ser efectuado por personal de salud”.

“Por eso es que es que estas decisiones deben ser tomadas por personas entrenadas en la materia, y efectuadas por personas entrenadas en salud pública y epidemiología”, opinó. Aunque hay temor por parte de las personas en cuarentena por adquirir otras enfermedades, Panameño da el beneficio de la duda al plan ejecutado por el gobierno: “Yo esperaría, creería, que esto va a mejorar”.

Estas son algunas imágenes, capturadas con celular, que personas en cuarentena compartieron con GatoEncerrado (haga clic para verlas en grande).

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