La Tiendona, el rostro de los vulnerables en la pandemia

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La vida fuera de la cuarentena domiciliar sigue igual para quienes trabajan en el mercado La Tiendona, en San Salvador. Vendedores, carretilleros y bulteros viven casi como si el COVID-19 no existiera. No es que le resten importancia, sino que dejar de trabajar es sinónimo de padecer hambre.

Quienes acarrean bultos de frutas y verduras tratan de cumplir con la indicación de utilizar mascarilla y guantes, aunque sea de tela y sucios. Lo más importante para la mayoría es conseguir el sustento diario para sobrevivir ante la crisis sanitaria.

El mercado La Tiendona, en San Salvador, es uno de los centros de abasto más importantes de la ciudad capital. De aquí salen los alimentos que se venden en los mercados locales. El ingreso está restringido para vehículos particulares, solo entran camiones a descargar y cargar mercadería. Los usuarios deben llevar mascarilla y guantes, de lo contrario no entran.

Los carretilleros están aglutinados en dos asociaciones dentro de La Tiendona. Ellos están carnetizados y no han tenido problema para ingresar al mercado. Sacan grandes cantidades de productos a los alrededores, pues el acceso vehicular está restringido como parte de las medidas para evitar la propagación del COVID-19.

Carlos Flores tiene 20 años de trabajar como bultero en el mercado La Tiendona. No tiene carné de trabajador, por eso se rebusca todos los días por llevar guantes y una mascarilla improvisada, para que los policías lo dejen continuar con su trabajo diario. Los bulteros, a diferencia de los carretilleros, no tienen carné.

Carlos vive solo en una pensión cerca de la terminal de oriente. Se queja de que el dueño le sigue cobrando $2 diarios por dormir en el lugar, cuando el “presidente ya dijo que se suspende el cobro de alquileres”. Carlos es consciente de que si deja de trabajar no tendrá a dónde vivir, ni comer y prefiere arriesgarse. Debido a que alquila una pieza, está seguro de que no lograra acceder a los $300 que el gobierno prometió a familias que guarden cuarentena domiciliar.

Los bulteros son los más vulnerables, entre los que trabajan en La Tiendona, ante el impacto económico del COVID-19. Viven el aquí y ahora. Dependen de las monedas que ofrecen sus clientes. Acá dos bulteros almuerzan con un melón desechado por los comerciantes.

Los carretilleros más jóvenes logran hacer muchos viajes y asegurar su alimento diario, por su resistencia y condición física, que los bulteros mayores. Aquí dos hombres almuerzan sobre su carreta, mientras unos gatos les piden comida.

Ricardo Ardón lleva 30 años trabajando de carretillero en La Tiendona. Este día, una llanta de su carreta se arruinó y ha tenido que acarrear bultos. No tiene casa propia, alquila una pieza en una pensión. Dice que está seguro de no tener cómo demostrar que necesita los $300 que ha prometido el gobierno a las familias que se mantengan en cuarentena domiciliar.

En los alrededores de La Tiendona se mantienen varias personas en situación de calle. La mayoría de personas sin hogar son hombres adultos mayores que sufren de alcoholismo y no tienen familia. Edgar Rodríguez, de 50 años, vive en la acera frente al mercado. Sobrevive de comida y dinero que le dan los transeúntes. No puede movilizar una de sus piernas y no tiene familia.

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