Opinión

Moscas: testigos silenciosos en las escenas de crimen

Daniel Girón

Daniel Girón

Biólogo e Investigador de REDIA. Autor de distintas investigaciones sobre entomología forense, entomología agrícola, entomología de Vectores tropicales y bioindicadores de calidad de agua en el Laboratorio de Entomología de Vectores de CENSALUD-UES.

El conocer el rol ecológico de ciertas moscas particulares y sus ciclos biológicos podemos caracterizar qué especímenes son de importancia forense.

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La historia humana ha convivido con los insectos desde los inicios de nuestra especie, teniendo multitud de interacciones biológicas entre ambos grupos, ya sea como competidores por el mismo recurso alimenticio o habitacional, como fuente alimenticia, como transmisor de enfermedades y actualmente usados como indicadores de salud ambiental y como estimadores post morten de cadáveres que se encuentran al aire libre.

La primera vez que se tiene registro en donde los insectos sirvieron para resolver una escena de crimen se remonta en Asia en el siglo XVIII, en donde luego de un asesinato por arma blanca en un arrozal, el detective a cargo mandó a llamar a todos los sospechosos en conjunto con sus herramientas de trabajo, colocándolas en el suelo hasta que luego de un tiempo diversas moscas de la familia Sarcophagidae, o mejor conocidas como Moscardones, se posaron preferentemente sobre un aza de trabajo, ya que eran atraídas por partículas de sangre en descomposición que se encontraban en la misma, trazas que no eran visibles para el ojo humano, pero sí percibidas por los quimiorreceptores que poseen las moscas. Es bajo esta conclusión que el detective cierra el caso encontrando al culpable del hecho delictivo.

Es así como el conocer el rol ecológico de ciertas moscas particulares y sus ciclos biológicos podemos caracterizar qué especímenes son de importancia forense. Actualmente, la entomología forense (Entomología= Ciencia que estudia a los insectos) se ha desarrollado para incluir a los insectos como evidencia en casos particulares, que permiten conocer y describir sucesos clave en una escena del crimen, y además de estimar el tiempo post morten se puede conocer si el cadáver fue envenenado, si fue trasladado de un sitio a otro y, en algunos casos, conocer si el cadáver sufrió de tortura prolongada.

Los insectos son atraídos por diversas causales, ya sea por desangramiento, sudor o porque localizan un potencial recurso alimenticio o de colonización para colocar sus futuras castas. Es así como conocer sus tiempos de desarrollo y crecimiento larval, capacidad de vuelo, capacidad de rastrear recursos para su desarrollo, es parte fundamental en los estudios de Entomología Forense.

El Salvador, uno de los países más conflictivos y catalogados como de los más peligrosos en Latinoamérica para el año 2015, alcanzó cifras de homicidios anuales de 6,600, cifra que afortunadamente para los salvadoreños ha ido reduciendo año con año considerablemente. 

Según Knut, en su libro “La Muerte violenta como realidad cotidiana. El Salvador, 1912-2016”, cuando se entra en la etapa de Guerra y Post-guerra en el país, la forma en cómo morían los salvadoreños cambió abruptamente de heridas de armas blancas (realizadas muchas veces por el machete que los campesinos acostumbraban a usar y llevar en todo momento), a heridas y muertes causadas por armas de fuego, aumentando en su máximo pico estas cifras en el año 2015.

A pesar de ello, la gran cantidad de crímenes y el reducido equipo científico para el análisis de escenas de crimen en el país hace que nuestro país deba actualizarse constantemente en distintas herramientas para la recolecta de evidencia que pueda esclarecer los abundantes casos que el país enfrenta.

Actualmente, El Salvador posee en su interior un alto dominio y presencia de distintos grupos criminales y delictivos, que ponen aún en zozobra a la población salvadoreña por su alto control en el territorio salvadoreño. Estos grupos criminales poseen modos operandi particulares para inducir a la deshumanización de sus reclutas, en donde los actos de desaparición de personas,  tortura y desmembramiento son de sus actos más comunes, ocurriendo muchas veces en sitios desolados y poca presencia de la población particular.

Estos escenarios de crímenes muchas veces coinciden con poca presencia humana y en sitios con poca o nula seguridad privada, así como una alta abundancia vegetal como cafetales y cañales, sitios en donde estos grupos criminales proceden a torturar, violar o desmembrar a personas particulares o como castigo a miembros rivales o traidores. Estas escenas de crimen muchas veces solo nos dejan como testigos silenciosos de los hechos a los insectos.

Daniel Girón

Daniel Girón

Biólogo e Investigador de REDIA. Autor de distintas investigaciones sobre entomología forense, entomología agrícola, entomología de Vectores tropicales y bioindicadores de calidad de agua en el Laboratorio de Entomología de Vectores de CENSALUD-UES.

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