Opinión

Los secretos dañan la democracia en Honduras

Dany G. Díaz Mejía

Dany G. Díaz Mejía

Hondureño, licenciado en ciencias políticas por la universidad de John Carroll, máster en políticas públicas por la universidad de Carnegie Mellon (EE. UU.), y consultor en temas de evidencia en políticas públicas en Honduras, Guatemala y El Salvador. Facilitador de talleres de liderazgo para jóvenes en América Latina. Apasionado de la libertad de expresión en Centroamérica. Autor de La Quebrada. Correo electrónico: ddiazmejia@alumni.cmu.edu

Aquí conviene recordar el consejo de una antigua profesora: nuestros secretos nos matan. Lo mismo le pasará a la democracia hondureña si dejamos que gane la censura.

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Por Dany G. Díaz Mejía*

La censura es que no te dejen decir lo que vos querés. La censura previa es que te lo prohíban incluso antes de decirlo. Si sos hondureña es ilegal, pues Honduras es suscritora de La Convención Americana que prohíbe la censura previa expresamente en su artículo 13. Yo crecí en un hogar alcohólico por lo que no soy ningún extraño a los temas de los que no debés hablar sin importar lo que digan de ellos, como la violencia de mi padre. Como escritor me dedico a transgredir la censura previa en mi familia y en mi aldea. Como ciudadano interesado en la libertad de expresión tengo que hacer lo mismo y denunciar la censura previa que se vive en Honduras. La cual veo como una imposición sistemática por parte del Estado a través de la “Ley de Secretos” del 2014.

En el 2014 el Congreso Nacional de Honduras aprobó la Ley para la Clasificación de Documentos Públicos Relacionados con la Seguridad y Defensa Nacional, mejor conocida como la «Ley de Secretos», la cual le da potestad al Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) de poner en reserva cualquier información relacionada a la seguridad nacional por 25 años prorrogables. El presidente encabeza el CNDS, el cual no está sujeto a ningún tipo de fiscalización ciudadana. La «Ley de Secretos» declara como secreta la información de 18 instituciones civiles del Estado incluyendo el Registro Nacional de las Personas. 

Se podría argumentar que esta ley no cae dentro de la censura previa porque no prohíbe expresarse explícitamente sobre un tema, sin embargo, la libertad de expresión requiere la libertad de buscar información, y si el gobierno te dice de antemano que no podés saber cómo se está gastando el dinero de uno de los rubros más grandes del presupuesto te está censurando pues no podrás opinar de manera informada del tema. 

Uno de los temas que la «Ley de Secretos» permite ocultar es cuántos beneficios reciben los medios tradicionales por proveerle pautas publicitarias al gobierno. La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) no hace pública esta información quizás porque piensa que proveerla pondría en riesgo la seguridad nacional. Si es así, CONATEL no explica cómo es que el pueblo hondureño peligraría al saber cuáles son los beneficios que recibe el sector privado por hacerle publicidad al gobierno, pero le aseguro que está subestimando la capacidad de resiliencia que tenemos. 

En mi familia sería como que me dijeran que no puedo investigar cómo fue la vida de mi papá antes de conocer a mi mamá y qué lo llevó al alcoholismo, que tampoco puedo investigar el accidente en el que perdió un brazo y mucho menos saber la causa exacta de su muerte según su acta de defunción. En teoría podría escribir sobre él, pero estaría censurado porque no podría saber esas piezas fundamentales de su vida. Yo desde luego protestaría, tal como lo ha hecho la sociedad civil hondureña sobre la «Ley de Secretos» interponiendo recursos de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema, la cual después de años solo se ha pronunciado parcialmente sobre el tema. 

Aquí conviene recordar el consejo de una antigua profesora: nuestros secretos nos matan. Lo mismo le pasará a la democracia hondureña si dejamos que gane la censura. Podemos prevenirlo deshaciéndonos de la «Ley de Secretos».

Dany G. Díaz Mejía

Dany G. Díaz Mejía

Hondureño, licenciado en ciencias políticas por la universidad de John Carroll, máster en políticas públicas por la universidad de Carnegie Mellon (EE. UU.), y consultor en temas de evidencia en políticas públicas en Honduras, Guatemala y El Salvador. Facilitador de talleres de liderazgo para jóvenes en América Latina. Apasionado de la libertad de expresión en Centroamérica. Autor de La Quebrada. Correo electrónico: ddiazmejia@alumni.cmu.edu

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