Foto/Alfonso Armada

“Nos parece penoso que desde el poder se ponga a periodistas contra el pueblo”: Alfonso Armada

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Por Carmen Valeria Escobar

Por Carmen Valeria Escobar

El Salvador ha sufrido la caída más estrepitosa de la región con respecto a la libertad de prensa, según el informe presentado por Reporteros Sin Fronteras este año. El país descendió ocho puntos en comparación a 2020 y ahora ocupa el puesto 82, en un listado de 180 países bajo la clasificación de “problemas significativos”. El primer lugar lo tiene Noruega, por quinto año consecutivo, como el país con menos dificultades para el ejercicio del periodismo.

Para platicar sobre este listado y los criterios bajo los que El Salvador fue analizado, GatoEncerrado buscó a Alfonso Armada, quien es uno de los periodistas más prestigiosos de España y presidente de la sección española de Reporteros Sin Fronteras. En esta entrevista, Armada dice que el país había mejorado gracias a los medios independientes que hacen un periodismo con rigor y valentía, pero que los ataques a la prensa desde el poder Ejecutivo y la falta de transparencia y acceso a fuentes sobre la pandemia lo hicieron retroceder. 

Armada también teme que cuando la pandemia haya sido superada, se queden las restricciones a la prensa en El Salvador y en otros países donde los periodistas enfrentan limitaciones o censura en su labor. Asimismo, asegura que es peligroso para la vida democrática de un país que la población compre el discurso de odio de sus líderes políticos que señalan a los periodistas como enemigos del pueblo, porque eso es una provocación para que los fanáticos tomen la justicia en sus manos.

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En el ranking de Reporteros Sin Fronteras existen países que permanentemente están en una buena posición con respecto a la libertad de prensa, pero también existen países, como los latinoamericanos, que están permanentemente en una mala posición…

Salvo Costa Rica y Uruguay.

¿Qué hace diferente a estos países?

Costa Rica ha mejorado dos puntos, incluso. Esto es porque no han adoptado una ley represiva contra la libertad de prensa y también ha influido que se ha convertido en una especie de refugio para periodistas perseguidos, como por ejemplo periodistas de Nicaragua. En Costa Rica, la Policía tiene un comportamiento bastante más cuidadoso y respetuoso con los ciudadanos, es una excepción sin duda. Los países autoritarios casi siempre tienen una Policía que no ofrece ninguna garantía y se utiliza como un instrumento más del estado y no digamos cuando está corrompida por relaciones con el crimen organizado. 

Noruega lleva cinco años siendo el país donde más se respeta la libertad de prensa. Se valora que haya pluralismo en los medios. Nos interesa que exista diversidad de voces críticas, medios independientes. Ahí los periodistas son valorados y tienen sueldos que le permiten hacer su trabajo sin extorsiones. No hay leyes que limiten el trabajo periodístico y existe una transparencia que obliga al gobierno a dar acceso al periodista a conocer cómo se tramitan las leyes, los intereses detrás de ellas y las empresas que tratan de buscar beneficios. Hay un respeto a la libertad de prensa por parte de la ciudadanía, nadie cuestiona la importancia del periodismo. Esto precede además de la cultura anglosajona en la que los políticos comprenden que hay consecuencias si se descubre que mienten. Esto es una diferencia con la cultura hispana como sucede en España o en El Salvador, en donde existe una tolerancia social a la mentira, porque dicen “todos mienten”. Y esto democráticamente es muy corrosivo y perverso, porque no te fías de nada.

En El Salvador se utiliza mucho la frase: “Este va a robar, pero al menos con que haga algo”. Ya se vota sin expectativas y se les mide desde una barra moral muy baja.

Hay una tolerancia porque no se entiende que un servidor público tiene que dejar de lado sus intereses personales y cuando uno presta juramento a la Constitución y a las leyes tiene que defenderlas por encima de todo. Por eso es tan importante la prensa, porque permite señalar en qué medida se cumplen las leyes. Esto lleva ya muchos años y es una cultura muy perversa, porque contamina todo el espectro político y social. Hace que los demás desconfíen del propio sistema y permite que si se roba arriba se haga abajo. Esto contamina a todos y crea una sociedad muy cínica en la que todos mienten y tienen sus propios intereses, esto corrompe todo el sistema.

Hablemos sobre el rol de la Policía en la democracia. Estos son agentes que se deben a la Constitución y a la ley para garantizar la libertad de prensa, pero en la práctica vemos que responden a políticos y las consecuencias se pueden ver en el ranking que ha publicado Reporteros Sin Fronteras...

En regímenes meramente democráticos, la Policía tiene sistemas de vigilancia de los abusos de las propias policías para que ellos no abusen de su propio poder. Al igual que los periodistas deben de ser impecables en su trabajo para ser implacables con la corrupción, la Policía debe de ser implacable con la misma Policía, porque si ellos son unos ladrones no puedes confiar en nadie. Esto lo notarás en comparación con España, que, aunque existe corrupción, sí es insólito que un policía te pida dinero para no sancionarte. Pero en países como en México, la gente tiene miedo de llamar a la Policía. Esto crea una inseguridad permanente que propicia que las bandas armadas tengan su propia ley; como pasa en El Salvador con las pandillas, en donde la Policía ni se atreve a entrar ahí. En El Salvador, medios como este u otros similares se ven obligados a trabajar en entornos muy difíciles. 

En estos entornos difíciles, ¿qué se puede hacer? Es decir, ¿qué nos queda cuando quienes atacan a los periodistas son los mismos que tienen el poder en el país? Es difícil pedir ayuda a las instituciones que están controladas por ese poder que nos ataca.

Es sin duda desolador, porque al final la ciudadanía se ve inerme ante los abusos cuando la Policía es un brazo que está al servicio del poder y no hacia la ciudadanía. La prensa tiene que hacer de contrapoder cuando la Policía, en vez de defender la seguridad y proteger a los ciudadanos, lo que hace es responder a todas las órdenes que vienen del poder e incumplen su papel y enturbian la verdadera vida democrática. De hecho, los países en los que no hay una verdadera libertad de prensa o separación de poder, la forma de actuar de la Policía es una de las pruebas. Lo estamos viendo en el golpe de Estado en Birmania, que al final el Ejército y la Policía han sido fundamentales para que el golpe se mantuviera. 

En el caso de los países latinoamericanos, ¿crees que la situación en cuanto a la libertad de prensa es igual entre países? ¿Padecemos de lo mismo o hay algunas diferencias?

Yo creo que hay rasgos diferentes. Por ejemplo, Cuba ya lleva mucho tiempo en los últimos lugares de la tabla, es el 171 y no se ha movido de ahí. En Cuba no hay asesinatos de periodistas como sucede en México o en Colombia. Sin embargo, el control de las autoridades es absoluto y hay un monopolio total de la información. Existe el acoso a la prensa independiente con detenciones arbitrarias, amenazas de cárcel, persecución, registros sin respaldo legal, confiscación y destrucción de material periodístico. Pero que sepamos, no hay grupos de narcotraficantes que imponen su ley y no hay asesinato de periodistas. En el caso de Brasil, que ha bajado cuatro puntos en la clasificación desde la llegada de Bolsonaro al poder, los ataques constantes de su familia y su entorno a la prensa ha sido sistemático.

Entonces una de las claves para entender las limitaciones a la libertad de prensa en Latinoamérica está en lo que hacen los líderes políticos, como en Cuba y Brasil, por ejemplo.

Creo que hay matices. No se pueden comparar las presidencias de Venezuela o Brasil con la de México. En el caso de México, cuando (Manuel) López Obrador llegó a la presidencia, lo hizo con un discurso de respeto a la libertad de prensa y con la promesa de que se iban a investigar los asesinatos a periodistas. Sin embargo, hablando con representantes en México y periodistas han dicho que no ha habido ningún cambio. A parte, desde el gobierno han existido ataques a periodistas que se atreven a criticar el poder. La verdad es que, aunque ha sido menos agresivo y despreciativo que otros presidentes, ejercer el periodismo en México aún es muy difícil. En el último balance que hicimos, México es el país que no está guerra con más periodistas asesinados. Estos son periodistas locales, que viven lejos de la capital, en medios pequeños y son periodistas que sobre todo se dedican a investigar sobre el narcotráfico, sus vínculos con el poder político o judicial.

Además de estos matices, en donde los políticos son de alguna forma parte del problema. ¿Te parece que la pandemia también afectó a la libertad de prensa?

Sin duda. El informe que enviamos tiene como rasgo fundamental que la pandemia ha sido utilizada para restringir parcial o totalmente la libertad de prensa. El 73 % de los países han reducido en parte o de forma absoluta la libertad de prensa y tememos que estas decisiones no vayan a ser retiradas cuando la pandemia pase a otra fase o se acabe venciendo. Incluso en países europeos como en Alemania ha habido ataques a periodistas en manifestaciones negacionistas. Hay un clima que nos preocupa también que va en paralelo a la pandemia y es el desprestigio y el odio a los periodistas. Vinculado al informe, hicimos una encuesta en 28 países de la que resultó que el 59 % de los encuestados consideran que los periodistas tratan de engañar deliberadamente. (El expresidente de Estados Unidos Donald) Trump calificaba a los periodistas como enemigos del pueblo y esto ha sido recogido por muchos presidentes tanto de izquierdas como de derechas. Muchos dirigentes políticos, como en El Salvador, consideran a los periodistas como enemigos, los califican de mentirosos. Hay una parte absolutamente injusta y penosa que desde los gobiernos se insulte y amenace a los periodistas. 

El tema del odio a la prensa es particularmente importante en El Salvador. Tenemos un presidente que señala a los periodistas como un enemigo, con la táctica de “matar al mensajero”. ¿Qué soluciones se ven en esta situación en la que los periodistas nos hacen ver como enemigos en una narrativa falsa de buenos contra malos?

Extendiendo la expresión de ser “mensajeros de malas noticias”. En España pasó con el coronavirus, desde el gobierno se ha impedido el acceso a muchas fuentes informativas, acceso a hospitales, a centros y residencias. A muchos ciudadanos les parecía bien esta censura porque no querían ver imágenes duras. Es un discurso muy peligroso porque viene de una sociedad que no quiere enfrentarse a la verdad y eso lo ocupan políticos a su beneficio.

El caso de El Salvador lo hemos visto antes con Ecuador, Brasil, Estados Unidos, México, Colombia y es el insulto sistemático a los periodistas. Si desde el gobierno se señala a periodistas como los responsables de difundir la mentira o que son enemigos, al final vas a poner una marca para que cualquiera se tome la justicia por su propia mano y es gravísimo, porque atenta contra un derecho fundamental que garantice que un país sea democrático y que permita que la prensa pueda hacer su trabajo. Nos preocupa El Salvador por el señalamiento por parte del gobierno que busca poner a la población en contra de los periodistas y hay gente que compra ese discurso populista. Nos parece penoso que desde el poder se ponga a periodistas contra el pueblo.

Nayib Bukele responde ante esta situación y niega que se esté limitando la libertad de prensa y argumenta que aquí no se nos mata, no se nos golpea, porque podemos entrar a conferencias de prensa, porque preguntamos y dice que se debe de respetar la libertad de expresión que tiene él para responder a la prensa.

En El Salvador no se han respondido preguntas planteadas tanto a las autoridades sanitarias como al presidente  y se han dictado leyes que limitaban el derecho de movilización no solo a la población sino también a periodistas en la calle, que luego se revocó. Pero ha existido una falta de transparencia. En abril de 2020, el procurador para la defensa de Derechos Humanos de El Salvador, José Apolonio Tobar, denunció que la Policía había destruido equipo periodístico, que la Policía se negaba a responder a datos sobre la pandemia y que tampoco se consigue que responsables de sanidad den datos exactos en número de contagios o muertes. Queda claro que desde el gobierno no se está propiciando la transparencia ni dando información fidedigna. Lo triste es que esto lo hemos visto en El Salvador, en Irán, en Guinea Ecuatorial, China. Son rasgos inquietantes de presidentes como Bukele, el menosprecio a la prensa. Es cierto que los periodistas también debemos de ser sometidos a la crítica cuando no hacemos las cosas bien, pero cuando desde la propia presidencia o instancias gubernamentales se insulta a los periodistas, estos dejan de ser fuentes fiables porque se convierten en agentes beligerantes.

Este tipo de cosas explican por qué El Salvador ha caído ocho puntos en el ranking de Reporteros Sin Fronteras...

Sí, es una de las caídas más representativas de este informe y es muy desolador. El Salvador estaba en una mejor posición, porque a pesar de este entorno inseguro no solo en cuestión de violencia, sino de inseguridad jurídica y de abusos policiales, hay medios vibrantes que a pesar de todo informan. Es una paradoja, que El Salvador siendo uno de los países más violentos de América ha visto surgir en los últimos años medios de comunicación que hacen un trabajo admirable en medio de dificultades increíbles. Desde Reporteros Sin Fronteras en Madrid, y yo personalmente, siempre he admirado el valor y el rigor de informaciones periodísticas que se han hecho en El Salvador. Yo creo que medios como El Faro o GatoEncerrado son un ejemplo para varios países, porque han demostrado como medios que con valor hacen investigaciones a largo plazo, tratando de huir de la inmediatez, huyendo del sensacionalismo y del amarillismo han demostrado que hacen una labor social impresionante. Eso hizo que El Salvador mejorara en su posición en esta clasificación. Pero si desde el gobierno y el propio presidente hay acusaciones o amenazas contra periodistas hace que el país pierda esos ocho puntos. 

¿Qué acciones se deben de dar para que El Salvador mejore? ¿Es posible mejorar a un corto plazo?

Solo son 12 países donde la libertad de prensa está más preservada. La mejora solo se consigue haciendo que desde el Ejecutivo se respete el trabajo de la prensa, asegurando que haya transparencia, que se propicie el surgimiento de medios públicos y privados independientes donde se fomente el pluralismo. Que los políticos no se entrometan en el trabajo periodístico y la Policía no se asigne poderes que no tiene. Esto no es de un día para otro, forma parte de cambiar la cultura social y política de un país, son cosas que cuesta mucho conseguirlas y es muy fácil perderlas. Se consigue haciendo buen periodismo a pesar de todo y no dejándose amedrentar. Nosotros por parte de Reporteros Sin Fronteras vigilamos que no haya abusos, que el poder se dé cuenta de que lo que hace está siendo vigilado no sólo por la prensa salvadoreña, sino por la prensa internacional. Muchos gobiernos, aunque sean muy arrogantes se dan cuenta que la imagen internacional influye en la inversión, en el turismo, en la proyección pública.  

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