Opinión

Salvarnos en racimo, como nos dijo Rutilio

Mauricio Maravilla

Mauricio Maravilla

Egresado de Ciencias Jurídicas de la Universidad de El Salvador, ha sido moderador de entrevistas en programas de televisión y actualmente es conductor del programa «San Romero: La Iglesia y el país», en YSUCA.

Quizá el 15 de septiembre haya dispersión en las marchas, pero ya estamos caminando y eso no es cosa menor. Y ya que estamos en marcha, que también estén nuestros brazos dispuestos para abrazar a otros que, con consignas y banderas diferentes, comparten reclamos y esperanzas con nosotros.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Por Mauricio Maravilla*

Los acontecimientos de los últimos días en el país han propiciado una dinámica muy interesante. Por primera vez en más de dos años de gestión del presidente Bukele, las calles han comenzado a ser el punto de encuentro de ciudadanos que reclaman por diferentes razones.

El martes 7 de septiembre, día de la entrada en vigencia de la ley que introduce el criptoactivo Bitcoin como moneda de curso legal y a una semana de las reformas a la Ley de la Carrera Judicial, aprobadas por la Asamblea Legislativa, que obligan al retiro a más de 200 jueces del país, las calles de San Salvador fueron el escenario de dos marchas con puntos de salida diferentes pero coincidentes en su destino: el Centro de Gobierno, lugar de reunión permanente de la Asamblea Legislativa, convertida hoy en pasapapeles de Casa Presidencial.

Los reclamos eran básicamente dos: la inconsulta aprobación e introducción del Bitcoin y el quiebre democrático propiciado por la Asamblea Legislativa que ha seguido las directrices de Casa Presidencial. No era posible imaginar hace unas semanas que los jueces del país salieran a las calles, muchos con su saco y corbata, a protestar. Jueces. Protestas. Pancartas. Consignas... Bueno, todas esas palabras aparecieron en notas de medios nacionales e internacionales. Una cosa difícil de imaginar, repito. Desde la inconstitucional remoción de los magistrados de la Sala de lo Constitucional el 1 de mayo, se cuentan con los dedos de una mano los jueces que han sido valientes en denunciar dicho acto como ilegal y antidemocrático, los demás han callado, por temor o por conveniencia, pero ahora han salido a las calles. Las razones podrán ser diversas, pero eso es material para otra columna.  

Una de las marchas, la que inició su recorrido en la plaza al Divino Salvador del Mundo, en la que participaron los jueces, diferentes colectivos, sindicatos, veteranos de guerra, estudiantes de ciencias jurídicas y otras carreras, abogados en el libre ejercicio de la profesión, feministas, ambientalistas y un largo etcétera, fue la más nutrida y llamativa. Los diputados de la bancada oficialista, que han hecho de la mentira y el cinismo su sello distintivo, dijeron que en las marchas había solo 30 personas y que, de esas 30, 22 eran fotógrafos. Los diputados en su afán por ridiculizar la marcha quedaron en ridículo, como se les está haciendo costumbre, aunque esto es cosa menor comparado con sus productos legislativos.  

Se ha criticado también una serie de incidentes que se registraron en la marcha, pero acá vale recalcar que las marchas son variopintas, en ellas se escucha variedad de mensajes, reclamos, exigencias. La “pureza” en estas cosas no existe. Siempre habrá incidentes no deseados, pero en resumen ahí había gente digna, con expresiones genuinas y con el legítimo derecho a tomarse las calles. 

El entusiasmo despertado por esa marcha ha sido tal que se ha convocado para el día 15 de septiembre, día de un consabido contenido histórico, otra serie de marchas. Y es así: no será solo una, sino al menos tres con puntos de partida diferentes. Esto ha provocado una suerte de debate en torno a la conveniencia de marchar por separado, cuando los reclamos y exigencias parecen estar en sintonía.  

Sobre esto deseo apuntar una serie de cosas que me parece son pertinentes. En primer lugar, es necesario comprender que en la oposición política se encuentra una variedad de pensamientos y posturas que, en muchos casos, parecen irreconciliables. Y que en un momento de reacción primaria como es este, en el que por primera vez se trasciende de las redes sociales a las calles, será difícil encontrar total coincidencia a nivel organizativo y logístico. En segundo lugar, debe apuntarse que cada colectivo, organización, asociación o lo que sea, tiene el legítimo derecho de plantear sus reclamos y exigencias y de cuidar sus banderas, y esto implica también una serie de simbolismos retratados en los puntos de partida y destino de sus marchas. Así se comprende que los jueces decidan salir del Centro Judicial Isidro Menéndez, que otro colectivo decida partir de la Universidad de El Salvador y otros desde el Parque Cuscatlán. En tercer lugar, vale decir que el solo hecho de salir a las calles es un acontecimiento de mucha importancia para un país que se ha acostumbrado a ver cómo se saquea el dinero del pueblo, cómo se manosea la institucionalidad y las leyes y que ha permanecido silencioso, cuando no solo “reclamón” en las redes sociales y que prefiere hacer memes de cada hecho político en lugar de organizarse.  

Viene bien en este punto señalar lo que los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt plantean en su libro “Cómo mueren las democracias”, pensado particularmente para el caso de Donald Trump y sus afrentas a la democracia estadounidense, pero que recoge ejemplos de otros líderes políticos con poca o nula vocación democrática, tips sobre cómo identificar autócratas disfrazados, comparaciones entre el rompimiento del orden y de las reglas democráticas en uno y otro país. Estos autores, ambos distinguidos profesores de Harvard, en el capítulo ocho del libro, titulado “Cómo salvar la democracia”, sostienen que ante los ataques reiterados a la institucionalidad por parte de políticos como Trump, Chávez, Ortega y, en El Salvador aquí y ahora con el presidente Bukele, se vuelve necesaria la unificación de esfuerzos por parte de aquellos colectivos y organizaciones que abrazan y defienden banderas diferentes, para defender los avances, aunque sean pocos, que se han logrado en materia democrática.  

No es necesario renunciar a la identidad y banderas de cada grupo, colectivo u organización, pero sí es necesario darse cuenta de que el quiebre democrático propiciado por Bukele provoca que esas luchas particulares de cada colectivo, y por las que han trabajado tanto, se vean postergadas cuando no anuladas por un ejercicio autoritario del poder, que desconoce los avances en materia de derechos humanos y que hace de la opacidad su principal carta de presentación.  

Quizá el 15 de septiembre haya dispersión en las marchas, pero ya estamos caminando y eso no es cosa menor. Y ya que estamos en marcha, que también estén nuestros brazos dispuestos para abrazar a otros que, con consignas y banderas diferentes, comparten reclamos y esperanzas con nosotros.  Porque en esto, como nos dijo nuestro futuro beato Rutilio Grande, tenemos que “salvarnos en racimo, en mazorca, en matata, o sea, en comunidad”. Y San Romero lo reafirma: “Es necesario un pluralismo sano; no queramos cortarlos a todos con la misma medida. No es uniformidad, que es distinto de unidad. Unidad quiere decir pluralidad, pero respeto de todos al pensamiento de los otros y entre todos crear una unidad que es mucho más rica que mi solo pensamiento”. Homilía del 29 de mayo de 1977. 

Sigamos caminando, ya nos iremos encontrando. 

Mauricio Maravilla

Mauricio Maravilla

Egresado de Ciencias Jurídicas de la Universidad de El Salvador, ha sido moderador de entrevistas en programas de televisión y actualmente es conductor del programa «San Romero: La Iglesia y el país», en YSUCA.

Más de GatoEncerrado