Opinión

La pinta de espacios como mecanismo de exigencia y transformación social

Sofía Guzmán

Sofía Guzmán

Feminista, escritora egresada de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador y productora/directora audiovisual.

Los objetos inmóviles no tienen más importancia que ninguna vida y reproducir esta visión, nos lleva a un mundo donde deshumanizamos el dolor y legitimamos cualquier forma de violencia patriarcal que atente contra la vida y especialmente la de las mujeres.

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Por Sofía Guzmán*

Italia, 1612, Artemisia Gentileschi da a conocer su pintura en óleo sobre lienzo mejor conocida como “Judith decapitando a Holofernes” en la que aparece una mujer (Judith) decapitando a Holofernes después de una experiencia de violación, en una sociedad donde las mujeres todavía no habían empezado a luchar y no eran aún consideradas como sujetas de derechos, como el acceso a educación, derecho a votar, entre otros logros alcanzados más adelante con las luchas feministas. Para ese entonces, las situaciones de maltrato, violencia y abusos para las mujeres eran más aceptadas, normalizadas y menos catalogadas como tal. 

En ese momento, dicha obra, tuvo un gran impacto social debido al reconocimiento y visibilización de la de violencia contra la mujer en todos los ámbitos y espacios de socialización, esto dio lugar a que muchas se identificarán con la situación de violencia, además de inspirar a tomar acción de justicia/lucha por sus propias manos, gracias a la carga representativa/simbólica de esta.  

A pesar del gran impacto de la obra de Gentileschi en el siglo XVII, no es hasta la década de los 70, del siglo XX, que el arte feminista empezó a tener auge a escala mundial en Estados Unidos y desde ese momento ha obtenido un fuerte papel en la lucha por la transformación de condiciones sociales, políticas y económicas de las mujeres. El arte feminista, entendiendo este desde una pieza gráfica, un grafiti callejero, hasta una pintura, mural u otros, tienen en común la utilización de esta como vehículo de expresión.

Actualmente se ha percibido una fuerte crítica hacia las feministas cuando realizan acciones que involucran la pinta de paredes y/o monumentos, acciones que canalizan sentimientos de impotencia, dolor y rabia de las mujeres debido a los altos índices de violencia contra la mujer en los territorios. 

El poder de transformación del arte, dimensiona el impacto en quien lo ve, pues resulta crucial para presentar cuestionamientos del entorno social, político y económico, así mismo de situaciones específicas que suceden dentro de estas esferas; hablar de la pinta de espacios públicos como un mecanismo de  concientización social, es trascender del concepto a la materialización de este como mecanismo de expresión y lucha.

Este tipo de acciones ha venido a acompañar situaciones de injusticia, provocadas por el nulo accionar de instituciones gubernamentales que deberían velar por una vida libre de violencia para las mujeres. Pero, las situaciones, como desapariciones, violaciones de derechos humanos y feminicidios son casos en los que el cumplimiento de la ley no existe. 

Entonces, desde una perspectiva feminista y bajo las condiciones descritas con antelación, la pinta de espacios públicos y/o monumentos, es una herramienta que se contrapone cuando las denuncias/exigencias no son escuchadas ni atendidas de manera formal. Lo que nos queda son estas medidas de presión para exigirle al gobierno que  actúe en las diferentes problemáticas que nos acontecen por el simple hecho de ser mujer; por ello, resulta crucial que el gobierno ponga al centro de su accionar la protección a la vida de cada niña y mujer. 

¿Son medidas extraordinarias? Sí, pero estamos cansadas que nos maten y nos desaparezcan amigas, violen y embaracen niñas, además de que estos casos queden impunes y no se le brinde ningún tipo de acompañamiento a la víctima y a su familia. Vivir en El Salvador es un riesgo para la vida de cada mujer, por eso necesitamos pronunciarnos, gritar y exigir que se nos respeten derechos humanos que nos corresponden y por los que desde hace años estamos luchando, por construir sociedades libres de violencia. 

Y no, los objetos inmóviles no tienen más importancia que ninguna vida y reproducir esta visión, nos lleva a un mundo donde deshumanizamos el dolor y legitimamos cualquier forma de violencia patriarcal que atente contra la vida y especialmente la de las mujeres.

En el desarrollo histórico de las luchas, la calle siempre ha sido un territorio de combate, por eso, cualquier mecanismo que tiene como objetivo principal la justicia, no debe ser mal visto, sobre todo porque es en la medida en que luchamos que hemos alcanzado derechos humanos; antes de criticar el “accionar de choque” de las feministas, primero hay que poner el ojo en la violencia sistemática del gobierno y la violencia estructural que permea en la sociedad.

Finalmente, me parece importante recalcar que desde la antigüedad y hasta la actualidad, las mujeres hemos y seguiremos accionando para cambiar nuestra condición de vida hacia una vida libre de violencia, por ello, mientras sigamos teniendo compañeras desaparecidas, violadas, asesinadas; la pinta de espacios es y seguirá siendo una medida/acción de defensa válida en contextos altamente violentos.

Sofía Guzmán

Sofía Guzmán

Feminista, escritora egresada de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador y productora/directora audiovisual.

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