Opinión

Hipersexualización desde la niñez, ¿responsabilidad de quién?

Sofía Guzmán

Sofía Guzmán

Feminista, escritora egresada de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador y productora/directora audiovisual.

Los discursos que más permean en la cultura y la familia ponen en evidencia cómo se utiliza como eje central el cuerpo sexuado, erotizado y adultizado de las niñas, mediante los medios de comunicación, los juguetes, el vestuario, incluyendo la manera en la que nos expresamos.

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Por Sofía Guzmán*

En la sociedad existe diversidad de problemáticas sociales internas de las que aún no reconocemos, hablamos y por lo tanto no somos capaces de dimensionar sus implicaciones en la construcción/formación de cada individux. El pasado 12 de octubre se celebró “El día del niño” en El Salvador y resulta necesario colocar dentro de la palestra pública “la hipersexualización”, como situación a la que muchas veces lxs adultxs sometemos a las niñas.

La hipersexualización consiste en la exaltación de los atributos sexuales de una persona por encima de otras cualidades, para entender a lo que me refiero cuando menciono que esta situación es generalmente impuesta hacia la niñez, necesitamos reconocer que: 

El desarrollo del proceso racional requiere de una gran cantidad de elementos significativos y representaciones simbólicas para poder ser considerado como tal, es decir, durante la infancia no puede concretarse sin la ayuda de un adulto que actúe como decodificador/intérprete de lo que nos rodea, aunque por otra parte no se deja de lado, que lxs niñxs puedan comprender su entorno, pero como corresponde a su edad, “como niñez”.

A partir de lo anterior, tenemos que lxs niñxs durante la infancia no son capaces por sí solos de comprender la realidad, por ello, necesitan la guía de lxs adultxs para entender lo que nos rodea y la forma en la que nos rodea. Por tanto, es importante que analicemos la manera en que enseñamos a lxs niñxs las diversas representaciones narrativas y discursivas que reproducimos para construir el imaginario etario de lo que puede ser aceptable/decidible o no, incluyendo el cómo deben imitar determinadas acciones, prácticas, así como los significantes-significados de la vida. 

En consecuencia, los discursos que más permean en la cultura y la familia ponen en evidencia cómo se utiliza como eje central el cuerpo sexuado, erotizado y adultizado de las niñas, mediante los medios de comunicación, los juguetes, el vestuario, incluyendo la manera en la que nos expresamos.

Algunos ejemplos de la sexualización en la infancia con prácticas sociales comunes: 

-Utilización de vestimenta que deja de lado la comodidad infantil y se acerca a la “moda adulta”.

-Prácticas correspondientes al mundo adulto: cocinar, limpiar, maternar, entre otras. 

-Normalización de bailes no correspondientes a la etapa.

Estos ejemplos, en primer lugar, constituyen esferas que definen constructos sobre la sexualidad infantil impuestos por lxs adultxs, o sea, alteramos la etapa de la infancia, mezclándola con elementos/situaciones de la etapa adulta, un claro ejemplo de esto es el cambio de vestimenta que deja de lado la comodidad infantil y se acerca a la moda adulta. 

En segundo lugar, debemos distinguir que la naturalización del cuerpo como fuente de deseo y placer, es enseñado de forma diferenciada entre niñxs; “Para el capital, las mujeres somos cuerpo – objeto de consumo”, (Noboa; 2019). A las niñas se les impone durante diversas etapas de la crianza estereotipos de belleza y cuerpo, los cuales responden a las necesidades de la aprobación de los hombres. Determinadas prácticas, como la denominación del vestuario como “sexy” o no en las niñas, debe ser considerado como una previa cosificación de los cuerpos convertidos en objetos que posteriormente entran en la mercantilización (ver a las niñas como un producto intercambiable) y consumo de cuerpos, en los que encontramos más adelante la estandarización de la prostitución, pornografía infantil, entre otra serie de problemáticas que desembocan esta arista. 

Así pues, resulta clave dimensionar que somos lxs adultxs quienes mediante nuestra influencia creamos escenarios para que las niñas se desenvuelvan e interpreten conscientemente el entorno, por tanto, nos deberíamos de ver obligados a identificar otras alternativas de enseñanza y aprendizaje.

En pocas palabras, denominar/normalizar prácticas en las niñas en las que reproducimos lógicas impuestas por el sistema, no es más que seguir los círculos violentos del mismo sistema hacia la vida de las mujeres. Por ello es sumamente importante que centremos nuestra atención en la crianza, reconozcamos la importancia del rol adultx y rompamos con estas construcciones sociales machistas.

Para finalizar, las niñas merecen formas de crecer dignas, desarrollarse en espacios libres, seguros y la responsabilidad de que esto sea así, recae especialmente en las formas en la que lxs adultxs enseñamos a las niñas el mundo que nos rodea desde una perspectiva crítica que les permita cuestionar y crear conceptos propios alejados de lo que hasta el momento podemos ver y reproducir, apegándonos a la construcción de una sociedad justa e igualitaria y sobre todo libre de violencia.

 

Sofía Guzmán

Sofía Guzmán

Feminista, escritora egresada de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador y productora/directora audiovisual.

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